PEDRO ARBUÉS Y LA INQUISICIÓN EN ARAGÓN

El 17 de septiembre de 1485 Pedro Arbués, inquisidor del Reino de Aragón, fue asesinado en la Seo de Zaragoza. Su magnicidio, supuestamente perpetrado por judeo-conversos, fue utilizado como propaganda política que justificaba la existencia de la inquisición y la persecución de los falsos cristianos.

MITOS Y REALIDADES DE LA INQUISICIÓN

El tema del Tribunal de la Santa Inquisición es muy controvertido (puedes descubrir más en nuestro podcast). Fue la única institución, junto a la propia monarquía y la Iglesia, que tuvieron en común las coronas de Aragón y de Castilla desde el siglo XV hasta inicios del XVIII. A sus espaldas carga con una leyenda negra y con otra rosa. Ambas son falsas.

En comparación con todas las personas que fueron procesadas por la inquisición, fueron “pocas” las sentenciadas a morir en la hoguera, al contrario de lo que se suele pensar. Muchas menos fueron quemadas vivas: sólo si no se arrepentían de su herejía. Los protestantes, que hicieron tanto por crear la leyenda negra, ejecutaron a mucha más gente, sobre todo en el caso de las brujas. Pero tampoco esto sirve para crear una leyenda rosa, ya que la inquisición española fue terrible. La gravedad de la inquisición no fue la gente que mató, que fue poca si hacemos balance con todos a los que procesó, sino el control social, de las ideas y de la mentalidad.

LA INQUISICIÓN EN EL REINO DE ARAGÓN

El Tribunal del Santo Oficio surgió para perseguir la herejía de los cátaros en el siglo XIII y llevaba desde entonces en Aragón. Pero en el territorio aragonés era una inquisición muy light. Todos sus miembros eran oriundos del reino. Además existía la presunción de inocencia y la prohibición de la tortura. Aquí, hasta el reinado de los Reyes Católicos la inquisición prácticamente no había sido usada.

Sin embargo, todo esto estaba a punto de cambiar. En el año 1478 se creó la inquisición en los reinos gobernados por los Reyes Católicos, que era muy distinta y que estaba controlada directamente por los monarcas, quienes elegían a los inquisidores. Se puso en funcionamiento en 1482 y se extendió a Aragón en 1483 perdurando durante 352 años. En todo ese lapso ninguna de las tres familias reales que gobernaron hizo algo por suprimirla, ya que era una especie de “policía” al servicio del Estado, un instrumento excelente para conservar el orden establecido. Sólo al principio tuvo una motivación religiosa.

En Aragón hubo oposición hasta el punto que en la ciudad de Teruel no dejaron entrar al Santo Oficio. Entonces Fernando el Católico presionó con sus ejércitos castellanos las fronteras del reino y, al final, a los turolenses no les quedó más remedio que acceder. La Diputación General también se opuso a la implantación de esta inquisición, alegando que en Aragón no había herejes, que era un reino cristianísimo.

Es en este contexto en el que hay que entender el asesinato del inquisidor Pedro Arbués en la Seo de Zaragoza, presuntamente por judíos conversos. Este aragonés fue beatificado en 1662 por el papa Alejandro VII, santificado en 1867 por Pío IX e incluso se le dedicó una capilla en la catedral. Es por esta época también cuando se pone por escrito la historia de Santo Dominguito de Val, que es la de un niño cristiano asesinado por unos judíos que imitan en sus carnes el martirio de Jesús. El objetivo es señalar lo peligrosos que son los falsos conversos y legitimar el papel de la inquisición.

El pactismo aragonés, aparte de tener cláusulas como la prohibición de la tortura y la presunción de inocencia, tenía instituciones como el Justicia (una especie de Tribunal Supremo), que impedían a los monarcas gobernar de manera absoluta y deshacerse de quien no le gustara. Este tipo de inquisición permitía saltarse todo esto a la torera. Bastaba con que el rey pidiera al Santo Oficio que acusara de hereje a aquella persona de la que quería librarse, así que se usó como arma política por Fernando el Católico y por todos los monarcas de la dinastía de los Austrias.

Luego estaba el tema de los “familiares” de la inquisición, que en Aragón eran muchos (bastantes más que en Castilla). Éstos eran informantes de la inquisición. No cobraban pero estaban exentos del alojamiento de soldados, estaban por encima de las leyes del territorio, de las autoridades civiles y no estaban sometidos a la jurisdicción de ningún señor. Sólo podían ser juzgados por la inquisición. Tenían mucho poder, podían acusar a quien quisieran y nadie osaba actuar contra ellos. El enfrentamiento aragonés con la inquisición se produce fundamentalmente porque demandan que los familiares sean civiles.

Por último, en Aragón la monarquía uso la inquisición para solucionar sus problemas políticos, especialmente contra los foralistas, defensores del tradicional pactismo aragonés que dificultaba el gobierno absoluto de los reyes. Esto y otros asuntos generaron constantes tensiones con los aragoneses, que desembocaron en la rebelión de 1591 que acabó con la ejecución del Justicia Juan de Lanuza. La llamada inquisición española fue, por lo tanto, una institución eclesiástica controlada por la realeza y al servicio de ésta, utilizada como una máquina represora bien engrasada.

Santiago Navascués Alcay

Doctor en Historia por la Univ. de Zaragoza