EL MARTIRIO DE SANTO DOMINGUITO DE VAL

Cuenta la tradición que el 31 de agosto del año 1250 Santo Dominguito de Val sufrió martirio en Zaragoza por un grupo de judíos hasta causarle la muerte. Para aquellos que no conozcáis su historia, ¿quién era este Santo Dominguito? Se llamaba Domingo de Val, y era un niño de apenas siete años que pertenecía al coro de la La Seo de la capital aragonesa. Cuenta la historia que un día, cuando iba de camino de la catedral a su casa, fue engañado por un judío llamado Albayuceto quien lo condujo hacia la judería de la ciudad. Una vez llegados a una casa, un grupo de hebreos les estaban esperando y comenzaron a torturar al pobre Domingo, al que clavaron en una cruz y le infringieron heridas hasta causarle la muerte.

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Capilla de Santo Dominguito de Val en la Seo de Zaragoza.

Tras esto, los judíos procuraron hacer desaparecer el cuerpo. Le cortaron la cabeza y los pies, que lanzaron al pozo que tenían en la casa, mientras que el resto del cuerpo lo enterraron en la orilla del Ebro, muy cerca del actual pozo de San Lázaro junto al Puente de Piedra. Mientras, la ciudad se volvía loca buscando al niño desaparecido hasta que un día dos pescadores que estaban en el río vieron cómo un fuerte rayo de sol descendía de los cielos y comenzó a iluminar un punto concreto de la orilla. Los pescadores acudieron allí y empezaron a cavar hasta que encontraron los restos de Domingo. Se revelaba el misterio de qué había sido del niño, siendo una señal divina la que mostró dónde se encontraba su cuerpo. Sin embargo, el milagro no se terminó ahí. De nuevo la intercesión celestial hizo que las aguas del río Ebro crecieran de forma anormal para aquella época del año y los pozos de las casas de la ciudad comenzaron a rezumar agua y a desbordarse, con lo que los pies y cabeza del niño salieron del pozo de la casa judía a la que fueron lanzados. Por fin se esclarecía el misterio y toda la ciudad vio que los responsables habían sido los judíos.

Domingo de Val fue santificado, siendo hoy en día patrón de los infanticos, y sus restos fueron enterrados en la Seo zaragozana donde puede verse una magnífica capilla dedicada a él. También todos los años desfila en Semana Santa durante el Rosario de Cristal una carroza dedicada a él, en la que se muestra la escena de su martirio.

Esta es la historia tradicional pero, ¿existió realmente? Parece que la primera noticia que se recoge del caso fue en 1583, varios siglos más tarde del momento en el que se coloca el supuesto crimen, y tiene muchas similitudes con otras historias que se iban reproduciendo por toda Europa sobre el asesinato de niños a manos de judíos, fruto del creciente antisemitismo que se vino produciendo a lo largo de la Edad Media en todo el continente. Muchas veces, estas historias eran utilizadas para imponer mayores medidas represoras contra los hebreos e incluso un mayor control sobre estas comunidades, llegando incluso a amurallar las juderías, aquellos barrios donde habitaban los miembros de dicha religión, para así controlar sus entradas y salidas. Durante el medievo fue muy frecuente el que ante cualquier desgracia –peste, sequías, etapas de crisis, asesinatos, etc- se culpara de ellos a la comunidad judía en la necesidad de buscar una cabeza de turco, pues al fin y al cabo, la mentalidad humana hace que cuando algo va mal, se necesita buscar a algo o alguien a quien culpar.

Sergio Martínez Gil

Lcdo. en Historia por la Univ. de Zaragoza