LA CONSOLIDACIÓN DEL PACTISMO

Fernando II presidiendo unas cortes de 1495
Fernando II presidiendo unas cortes de 1495

Asistimos a una fecha llena de efemérides, pues tal día como hoy en 1164 se reunieron las primeras cortes aragonesas documentadas, en 1204 Pedro II fue coronado solemnemente en Roma por el papa Inocencio III y por último, en 1285 murió Pedro III en Vilafranca del Penedés. Por consiguiente, asumo la redacción de este artículo como un reto en el que debo encontrar un hilo conductor que pueda relacionar todos estos hechos, que en principio no tienen ninguna ligazón. Y ese aglutinante que he encontrado, para englobar estos tres acontecimientos en un solo artículo, es el tema de la consolidación del pactismo en Aragón.

Tradicionalmente la historiografía ha visto un claro precedente de los sistemas democráticos actuales en el episodio de la historia de Inglaterra en el que se redactó La Carta Magna -1214 y se obligó a firmarla a Juan “sin Tierra”, aquel a quien la literatura y el cine inmortalizó por medio de Robin Hood. A la vez que esto ocurre, hay una tendencia a olvidarse con desenfadado descaro del pactismo aragonés, uno de los sistemas más modernos de la época y que constituye, claramente, un precursor del actual parlamentarismo. No obstante, no voy a tratar en estas líneas sobre qué es el pactismo, pues ese es un tema que pretendemos abordar con mayor detenimiento en otra ocasión. Lo que os ofrezco en este artículo es una explicación de por qué apareció y cómo se fue consolidando este avanzado sistema político.

Según algunas crónicas, como la de Jerónimo Blancas, el origen de los fueros y del pactismo hay que buscarlo en el siglo IX cuando los cristianos de Sobrarbe y Ribagorza decidieron elegir un rey fuerte que les acaudillase contra los musulmanes. Según esta tradición, el rey elegido fue García Jiménez, tras defender con éxito la ciudad de Aínsa. Los nobles de Sobrarbe y Ribagorza, antes de elegir a García Jiménez como rey, le hicieron jurar unos fueros –leyes- y esto es lo que  daría origen al pactismo. No obstante, todo esto es una invención de los siglos XV y XVI que tenía como objetivo remontar en el tiempo los orígenes del pactismo lo más remotamente posible –recomiendo al respecto, escuchar el podcast 5 del mes de septiembre de nuestro blog-.

En realidad los inicios del pactismo no fueron ni tan antiguos ni tan simples, sino que la formación de dicho sistema fue un proceso largo y complejo en el que intervinieron diversas circunstancias. Todo comenzó con la muerte del conde de Barcelona y Príncipe de Aragón Ramón Berenguer IV en el año 1162. Por aquel entonces su hijo Alfonso II, heredero por parte de madre del Reino de Aragón y por parte de padre del condado de Barcelona, apenas tenía más de cinco años. La última voluntad de Berenguer en su testamento fue que Enrique II de Inglaterra fuera tutor de su hijo hasta que tuviera edad de gobernar.

A pesar de que el testamento del conde era claro, hubo disputas entre diferentes monarcas por quién ejercería la tutela del pequeño Alfonso. Al final la situación se resolvió, cediendo su madre Petronila el reino y la potestad regia a su retoño y con la constitución de un consejo de regencia compuesto por nobles, miembros de la Iglesia y representantes de las ciudades. Todo esto quedó perfectamente reglamentado en las cortes de Zaragoza del 11 de noviembre del año 1164, que son las primeras documentadas. Era la primera vez que la burguesía de las ciudades participaba en las cortes.

A Alfonso II le sucedió en el trono su hijo Pedro II. Por aquella época los reyes de Aragón y condes de Barcelona tenían un buen número de posesiones y de relaciones feudo-vasalláticas al otro lado de los Pirineos. Por otro lado, en estos momentos entró en escena la herejía de los cátaros, que se extendió por el sur de la actual Francia.

En 1208 el papa predicó una cruzada contra los cátaros y un gran número de cruzados, liderados por Simón de Montfort, acudieron al sur de Francia para acabar con la herejía. Años atrás, un 11 de noviembre de 1204, Pedro II había sido coronado en Roma por el papa Inocencio III y desde entonces guardaba buenas relaciones con el papado. Sin embargo, poco le importaron esos años de fructíferas relaciones con el Vaticano, ya que aunque fueran herejes, el aragonés cumplió con su deber, que era defender a sus vasallos franceses.

En el año 1211 se intentó apaciguar la situación y nuestro rey aceptó el compromiso matrimonial de su hijo Jaime I con la hija de su archienemigo Simón de Montfort, quedando el príncipe Jaime en manos de Monfort. Pero nada de esto fue suficiente para calmar los ánimos.  En 1213 se reanudaron las hostilidades y Pedro murió en la batalla de Muret luchando contra los cruzados. Esto dejó al reino de Aragón en una lamentable situación, con un rey menor de edad y en poder de Simón.

La dramática muerte de su padre hizo que Jaime I, más conocido como “el Conquistador”, accediera al trono con tan solo seis años. Fue necesario un año de reclamaciones y la intervención del papa Inocencio III para que Simón de Montfort devolviera a Jaime a los aragoneses. Sus quince primeros años de reinado fueron muy caóticos, quedando el reino en manos de los nobles y pasando el rey niño de tutela en tutela. Cuando adquirió edad de gobernar tuvo serias dificultades para imponerse a la nobleza, que incluso llegó a hacerle prisionero en 1224.

Finalmente, logró hacerse con autoridad real y lo hizo por dos caminos. En primer lugar, mediante la conquista de Mallorca y Valencia, que proporcionaba grandes riquezas y tierras a la nobleza levantisca; y en segundo lugar, mediante la concesión de fueros y libertades. En su reinado Vidal de Canellas hizo una recopilación de los fueros de Aragón y se creó la institución del Justicia. Fue durante el reinado del “Conquistador” cuando se sentaron las bases del pactismo, llegándose a una situación de equilibrio entre el poder real y el de la nobleza, ciudades y clero.

Tras el largo reinado de Jaime, heredó el trono su hijo Pedro III. Con anterioridad el francés Carlos de Anjou había sido impuesto por el papa Urbano IV como rey de Sicilia. Este, al mando de un ejército, derrocó y asesinó a la familia Hohenstaufen que había reinado hasta entonces en la isla. Tan sólo sobrevivió a la matanza Constanza, que se casó con Pedro III de Aragón.

En 1282 se produjeron las “Vísperas Sicilianas”, que fue un levantamiento popular contra la ocupación francesa de la isla.  Los sublevados ofrecieron el trono al aragonés por estar casado con Constanza, única superviviente de la familia Hohenstaufen. Pedro, que por aquel entonces estaba en Túnez, acudió rápidamente con su ejército y se apoderó de Sicilia. El papa, que vio como habían derrocado a su favorito Carlos de Anjou, excomulgó al rey de Aragón y le desposeyó de sus reinos, que fueron entregados al príncipe francés Carlos de Valois.

Los aragoneses, que fueron esquilmados para sufragar la flota y el ejército que conquistó Sicilia y que no se vieron beneficiados de la conquista, pues Aragón no tenía salida al mar; ahora además veían como el reino había quedado en entredicho por el papado y tenían que defender su territorio ante una inminente invasión francesa. Era demasiado y los nobles y varias ciudades formaron la Unión, haciendo jurar al rey el Privilegio General, que suponía el afianzamiento del pactismo y concedía una mayor involucración y protagonismo en las cortes a los representantes de los diferentes estamentos, además de otras cesiones y obligaciones por parte de la institución monárquica, como la de jurar el acatamiento de todas estas disposiciones al comienzo de cada reinado, juramento sin el cuál no se podía ejercer la jurisdicción real. Estos privilegios se expandieron por Valencia, y después por Cataluña, evolucionando en un sistema político común para toda la Corona. Finalmente, Pedro III murió el 11 de noviembre de 1285, dejando el pactismo plenamente consolidado y como rasgo específico de la Corona de Aragón, diferente del resto de Estados del momento.

Santiago Navascués Alcay

Lcdo. en Historia por la Unv. de Zaragoza

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