MARÍA AGUSTÍN

El 13 de abril de 1784 nació en Zaragoza María Agustín, que no hay que confundir con la famosa Agustina de Aragón. Vivía en el barrio de San Pablo de Zaragoza, ciudad a la que defendió de manera heroica en la Guerra de la Independencia durante los Sitios.

Trabajo como sirvienta desde muy niña en una casa de su barrio natal para paliar de alguna manera las estrecheces económicas que atravesaba su familia. En ese contexto conoció a Pedro Roncal, su futuro marido, con el que se instaló en calle Serón, viéndose el matrimonio  sorprendido por el principio del conflicto bélico.

Cuando estallaron los combates María se dedicó al avituallamiento de los defensores de alimentos, agua y munición en las inmediaciones de la Puerta del Carmen -en el actual Paseo de María Agustín-. Ni siquiera una bala alojada en su cuello pudo frenarla, sino que soportando intensos dolores y sangrando, continuó con su labor, razón por la que se le considera como una de las heroínas de los Sitios.

Ya señalamos hace días con motivo de la muerte de Manuela Sancho, otra de las heroínas de los Sitios de Zaragoza, que es muy significativo que nos haya llegado testimonio acerca de estas mujeres, pues pocas veces -inmerecidamente- se nombraba en las fuentes la acción de las damas, quedándose sólo con las gestas que llevaban a cabo los hombres. Pero en el caso de la defensa de Zaragoza sí que se las nombra, y de manera ferviente incluso, habiendo trascendido, sobre todo en el caso de Agustina, al imaginario colectivo de Aragón y de España. La historiografía posterior llegó a comparar a Zaragoza con Numancia por su resistencia ante el invasor.

Con el tiempo María Agustín quedó inválida, ya que el balazo le inmovilizó el brazo izquierdo, impidiéndole trabajar. Es por eso que no volvemos a tener noticias de ella hasta que de repente aparece en la lista de un sorteo al que ella aspiraba. El premio era una suma de dinero que procedía de Mr. Charles Vaughan, secretario de la embajada británica, que, a su vez, donó el dinero a la condesa de Bureta para que lo repartiera entre los más necesitados de la guerra. Desgraciadamente para nuestra biografiada, su nombre no figuró entre los ganadores del sorteo.

En el año 1815, el general Palafox reconoció sus méritos y le concedió el Escudo de Distinción por el Primer Sitio de Zaragoza y una asignación vitalicia de dos reales diarios, que sustituirían a la suma que no le tocó en el sorteo.

Murió el 22 de noviembre de 1831 y se le dio entierro en el cementerio de su querido barrio. Falleció prácticamente olvidada, como casi toda la constelación de héroes y heroínas que produjeron los Sitios. La celebración del primer centenario de los Sitios junto con la exposición hispano-francesa de 1908 contribuyó a recuperar su memoria. Aprovechando la ocasión, se le dedicó una calle en su ciudad natal, el actual Paseo María Agustín, justo en el lugar donde colaboró de manera heroica en la defensa de la ciudad.

Santiago Navascués Alcay

Lcdo. en Historia por la Univ. de Zaragoza