EL PRIMER SITIO DE ZARAGOZA

El 15 de junio de 1808 las tropas de Napoléon Bonaparte iniciaron el Primer Sitio de Zaragoza durante la Guerra de la Independencia Española. Tras las derrotas en los días previos en Tudela, Mallén y Figueruelas, el ejército francés del general Lefebvre llegó ante los muros –más bien tapias- de Zaragoza. La ciudad estaba apenas guarnecida con poco más de 1.400 hombres del ejército regular, y sus defensas apenas constaban de unas tapias maltrechas, del castillo de la Aljafería, y los ríos Ebro y Huerva. Lefebvre vio fácil la victoria, pensando que en ese mismo día podría  tomar la ciudad con un asalto general. Pero lo que no contaba era con el pueblo, que se había levantado en armas en defensa de “la religión, la patria y del rey legítimo, don Fernando VII”. Todo el mundo, clero, labriegos, burgueses, tenderos, hombres de armas, estaba dispuesto a participar en la defensa de la ciudad y, al fin y al cabo, lo que con más fiereza se defiende; sus familias y sus casas.

La noticia en la mañana del 15 de junio alarmó a todo el vecindario y se hicieron llamamientos para que de la forma que se pudiera todo el mundo participara para incomodar lo máximo posible el avance enemigo. Ya de mañana, las tropas napoleónicas asomaron desde los montes de Torrero y avanzaron hacia las puertas de Zaragoza en formación de batalla. Mientras bajaban por las lomas, los defensores comenzaron a recibirles con fuego de artillería desde las Puertas del Portillo, el Carmen y Santa Engracia, hacia donde se dirigía el asalto. Pero en una decisión muy controvertida, el general Palafox y su plana mayor abandonan la ciudad en el peor momento posible, defendiendo su marcha a Belchite para establecer allí el cuartel general y reclutar tropas para defender la ciudad. Como líder de la defensa quedó Vicente Bustamante, en su calidad de teniente del rey.

Poco antes de la una de la tarde, las tropas francesas estaban ya junto a las puertas de la zona sur, prestas a comenzar el asalto. Se produce entonces la llamada Batalla de las Eras en toda la zona entre las puertas del Carmen y el Portillo. Los franceses consiguen superar a los defensores e incluso entran en la ciudad a través de ambas puertas. A punto de hacer irreversible la brecha en las defensas y tomar la ciudad, los zaragozanos respondieron con furia y valentía, y con el poco armamento del que disponían lograron rechazar la ofensiva. De destacar es que, al contrario de lo que se venía haciendo de forma tradicional, en los Sitios el papel de la mujer logra una posición de enorme importancia, en la que se destaca a las defensoras como heroínas, y no como un mero protagonista secundario e incluso irrelevante, como venía siendo habitual. Las fuentes, como la del famoso “Diario de los Sitios de Zaragoza” de Faustino Casamayor, nos hablan de que ese día los franceses perdieron más de 700 hombres, por lo que Lefebvre ordenó la retirada mientras empezaba a digerir que la toma de Zaragoza quizás no iba a ser tan sencilla. Comenzaba así el primer sitio, que duró dos meses y costó a los franceses entre 3.000 y 4.000 hombres, por unos 2.000 de la parte defensora.

Zaragoza, que por entonces era conocida como la “Florencia de España” por su inmenso patrimonio –palacios, monumentos, etc-, sería devastada, su población diezmada y tardaría décadas en recuperarse de lo que Goya llamó “los desastres de la guerra”. Pero también hizo mundialmente famosa a la capital del Ebro, mostrada como ejemplo de la resistencia frente al invasor. Quizás los franceses trajeran valores de libertad, igualdad y fraternidad, y desde luego no es que nos fuera mucho mejor con el felón Fernando VII, pero como ya había dicho Roberspierre, “nadie quiere a los misioneros armados”. Los Sitios de Zaragoza han aparecido mencionadas en multitud de obras, incluso algunas tan inmortales como en “Los Miserables” de Víctor Hugo o “Guerra y paz”, de Tolstói.

Sergio Martínez Gil

Lcdo. en Historia por la Univ. de Zaragoza