JOSÉ DE PALAFOX

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José de Palafox, obra de Francisco de Goya

El 28 de octubre del año 1775 nacía en Zaragoza uno de los personajes más celebres que ha
dado la capital aragonesa, o al menos uno de los más renombrados tanto a nivel local, nacional e incluso internacional –aparece nombrado incluso en la novela “Los Miserables” de Víctor Hugo-. Y ese no es otro que José Rebolledo de Palafox y Melci, o más sencillamente, José de Palafox. Quien más quien menos sabe un poco de sus andanzas durante los Sitios de Zaragoza en la Guerra de la Independencia, así que hoy nos centraremos más en el resto de su vida, la parte menos conocida.

Fue el tercer hijo de los marqueses de Lazán y Cañizar, y como era costumbre entre los hijos de la nobleza que no habían nacido en primer lugar y que por tanto no llevarían el título de su Casa, José fue encaminado hacia la carrera militar –la otra opción era la Iglesia-. Comenzó sus estudios en los Escolapios donde tuvo como profesor al padre Basilio Boggiero, que más tarde, junto al propio José, también acabó siendo otro más de aquellos héroes defensores de la ciudad ante el francés.

A los dieciséis años ingresó en los Reales Guardias de Corps, las tropas de la Casa Real, donde fue ascendiendo con los años hasta alcanzar el cargo de Brigadier. Lo cierto es que José de Palafox casi había sido más hasta entonces un soldado de salón, fajín y fiestas de la alta sociedad madrileña que un militar de acción, pero eso cambió drásticamente en 1808. En el mes de marzo el Príncipe de Asturias, el inefable y por qué no decirlo, felón, Fernando de Borbón, orquestó un levantamiento en Aranjuez, gracias al cual logró la caída de Manuel Godoy, valido de su padre, el rey Carlos IV, y la propia caída del monarca, contra el que llevaba meses confabulando. Palafox fue el encargado de custodiar a Godoy durante las primeras horas de su cautiverio, lo que indica que se encontraba en el círculo del ya autoproclamado Fernando VII. Ya a finales de abril acompañó a Fernando y al resto de su séquito a Bayona –Francia-, donde el emperador francés Napoleón Bonaparte había convocado a este y al depuesto Carlos IV, prometiendo que mediaría en la disputa entre padre e hijo, como buen aliado que era del Reino de España.

Y vaya si lo hizo, pues el corso se las ingenió mediante amenazas para hacer abdicar de la corona española a ambos para luego dársela a su hermano, el efímero José I. Palafox participó en una conjura para conseguir sacar a Fernando VII de Bayona, pero fracasó y acto seguido, logró escabullirse de las tropas imperiales e irse hacia su Aragón natal, donde empezó a tomar contactos con miembros influyentes de la sociedad zaragozana para ver los ánimos sobre una posible sublevación contra el poder francés. Los movimientos que llevó a cabo le llevaron finalmente y tras el levantamiento popular de los zaragozanos a finales de mayo de 1808, a ser nombrado por unas Cortes de Aragón creadas específicamente para ello como gobernador de Zaragoza y Capitán General de Aragón. Desde esa posición, y en los meses siguientes, José de Palafox lideró la defensa de la capital del Ebro durante los dos terribles sitios que entre junio de 1808 y febrero de 1809 asolaron la ciudad. Por su papel como gran adalid de la resistencia a ultranza ha llegado hasta nuestros días como un gran héroe, pero no son pocos los expertos que ponen en duda muchas de sus actuaciones estratégicas durante el asedio de la ciudad.

Casi al final del segundo sitio el general aragonés quedó afectado por la plaga de enfermedades que abatía a los defensores y  cerca estuvo de perder la vida. En ese tiempo, la junta de defensa terminó por pactar la capitulación de la ciudad, pero tras esto Palafox acabó recuperándose y, tiempo más tarde, fue llevado como prisionero a Francia, donde permaneció durante el resto de la Guerra de la Independencia.

Volvió a España en diciembre de 1813, una vez terminado el conflicto gracias a la paz alcanzada entre Napoleón y Fernando VII. A pesar de la fama que alcanzó por su liderazgo durante la guerra en Aragón, tras esta fue alternando diferentes cargos con periodos de inactividad. Entre septiembre de 1814 y octubre del año siguiente volvió a ostentar la capitanía general de Aragón, hasta que fue cesado, aunque poco después se le dio durante un tiempo el mando del ejército del centro hasta la disolución de este, pasando a estar apartado de la vida oficial.

Durante el Trienio Liberal, en julio de 1822 el propio monarca, obligado a cambiar a sus servidores de palacio por otros de un corte un poco más liberal tras un intento de golpe para regresar al absolutismo, le nombró capitán de alabarderos y más tarde  jefe militar de palacio durante los últimos meses de este convulso periodo. Tras esto no volvió a ocupar ningún cargo durante el resto del reinado de Fernando, pasando a la vida privada hasta 1834, cuando ya durante la regencia de María Cristina –madre de Isabel II-, fue nombrado prócer del reino así como duque de Zaragoza. Lo más curioso es que tan solo seis días más tarde de este nombramiento nobiliar, Palafox fue arrestado y acusado de conspiración, aunque finalmente fue absuelto.

La llegada al poder de los liberales y, más concretamente durante la etapa de Mendizábal, Palafox volvió a salir a la palestra y fue nombrado una vez más, en septiembre de 1835 como Capitán General de Aragón –recordemos que se estaba en plena guerra carlista y Aragón era uno de los territorios más afectados-, cargo que acabó cambiando por ostentar la Dirección General de Inválidos así como el liderazgo de la Guardia Real y la inspección general de las milicias provinciales.

Ya en 1838 dimitió de sus cargos a excepción del liderazgo de la Guardia Real que mantuvo hasta 1841 cuando la dejó para encargarse de la dirección del Asilo de Inválidos. Finalmente murió en Madrid un 15 de febrero de 1847, donde fue enterrado. Sin embargo, cuando en 1958 se conmemoró el 150 aniversario de los Sitios de Zaragoza, sus restos fueron trasladados a la cripta de la Basílica-Catedral del Pilar, que solo es abierta al público los días 1 y 2 de noviembre, por lo que si podéis hacerlo os recomendamos que  este año aprovechéis para pasaros por allí.

Sergio Martínez Gil

Lcdo. en Historia por la Univ. de Zaragoza

2 Comments

  1. Para mí un personajillo más de nuestra célebre historia de pandereta de nuestro país. Un pícaro más, una buena cuantía de fallos suyos nos hizo mucho daño en los sitios.

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