MARTÍN DE GARAY: PRESIDENTE DE LA JUNTA CONSTITUCIONAL DE ZARAGOZA

Cuando en marzo de 1820 Zaragoza proclamó la Constitución de 1812La Pepa” haciendo que el Pronunciamiento de Riego terminara de triunfar en Aragón, se creó una Junta Constitucional en la ciudad, la cual fue presidida por Martín de Garay. Una vez que Fernando VII juró la Constitución a finales de ese mes, la posición obtenida en Zaragoza permitió a Martín de Garay trasladarse a Madrid y formar parte del Consejo de Estado. Aunque no duró mucho, su estado de salud le impidió continuar y, tras la llegada del grausino Eusebio Bardají al Consejo de Estado, se trasladó a La Almunia de Doña Godina, esperando mejorar allí de su tuberculosis. Murió en esa ciudad en 1822. Su tumba se puede visitar en la colegiata. Pero… ¿Quién era este hombre y por qué se le nombró presidente de la Junta Constitucional de Zaragoza?

Imagen de Martín de Garay

Martín de Garay nació en 1771, y aunque la gran mayoría de historiadores afirman que nació en El Puerto de Santa María, hay historiadores de renombre que especulan con que pudo nacer en La Almunia de Doña Godina, pues su partida bautismal se encontró en dicha localidad aragonesa y su familia era oriunda del lugar. 

Independientemente de dónde naciera, Martín de Garay había obtenido una reputación como gran administrador, tanto gestionando el Canal Imperial de Aragón, como otros puestos de relevancia en el estamento militar. Incluso durante las Cortes de Cádiz, donde participó, sus discursos y sus aportaciones siempre fueron en clave de mejoras en la gestión del tesoro público. 

A pesar de haberse posicionado durante toda la Guerra de Independencia (1808-1814) a favor del bando liberal, y ser amigo cercano de Jovellanos e Isidoro de Antillón y Marzo, no fue perseguido por Fernando VII, sino que lo nombró consejero de estado en 1816. El principal motivo de este ascenso: la bancarrota a la que se avecinaba España. El cometido que tenía Martín de Garay era conseguir revertir la situación de las cuentas españolas. Para ello planteó una reforma fiscal que presentó en 1817, la realizó teniendo en cuenta visiones económicas como la del aragonés José Duaso y Latre. Sin embargo, nunca pudo entrar en vigor, pues tanto la nobleza como el clero se opusieron a ella. Galdós, en su novela “La segunda casaca” (tercera novela de la segunda serie de los “Episodios Nacionales”) nombra tanto a Martín de Garay como a su reforma:

 “y al fin entró el célebre don Martín Garay, que más que hombre era una escuela, pues trajo al ministerio todo un plan e idea completa para reformar la Hacienda Pública, tarea equivalente a beberse el mar o a ponerse por montera el Moncayo. Gozaba aquel señor de mucha fama, que aún conserva su nombre; pero todos los hombres de mi tiempo, desde el Rey y los ministros y el clero hasta el último zascandil, se pusieron en contra suya, y tuvo que salir del ministerio y marcharse con la música a otra parte. Por fortuna no tuvo tiempo de hacer nada de provecho; que si le dejáramos, capaz hubiera sido de volver la Hacienda del revés, elevando los ingresos y mermando los gastos. Su sucesor Imáz era un bendito»

Su intento de reforma hizo que el rey no sólo lo destituyera de su cargo en el Consejo de Estado, sino que lo condenó al destierro de la capital, marchándose a La Almunia de Doña Godina.  Durante su destierro, la Real Sociedad Económica Amigos del País, de la que era socio desde 1796, le nombró su presidente. También colaboró como profesor en la Cátedra de Economía. Su labor en Zaragoza durante esos dos años es muy desconocida, únicamente se sabe que tuvo una vida socialmente activa y consiguió financiación para empezar la construcción de los porches en el paseo de Santa Engracia (actualmente Paseo Independencia). Por último, encargó diversos cuadros a Goya en esta época. Cuando comenzó el Trienio Liberal, Martín de Garay tenía la reputación, los contactos y la posición para presidir la Junta Constitucional de Zaragoza. 

José Torres-Remírez

Doctor en Economía por la Univ. de Zaragoza