LAS ÚLTIMAS CORTES DE ARAGÓN

El 16 de junio de 1702 se clausuraron en Zaragoza las últimas cortes aragonesas presididas por María Luisa de Saboya, esposa de Felipe V de Borbón. Nos referimos a aquellas cortes estamentales del Antiguo Régimen.

Tras la concesión en 1283 del Privilegio General de Pedro III de Aragón, la corte era del rey, pero también del reino, con función eminentemente judicial: resolvía todas las cuestiones judiciales a través de sus correspondientes jueces y de la asistencia al Justicia de Aragón. Era el rey el que las convocaba y los convocados eran representantes de los diferentes estamentos o brazos que fueron cuatro: la alta nobleza, la baja nobleza, el clero y las universidades o concejos que representaban a las ciudades. Cada brazo se reunía a deliberar por separado y se nombraban tratadores para que negociaran los brazos entre sí, ya que ninguna decisión se podía tomar sin el voto a favor de todos los brazos.

Los reyes solían convocar las cortes para pedir dinero y hombres con los que llevar a cabo sus campañas militares. Sin embargo, antes de tratar cualquiera de los asuntos requeridos por el rey, se le presentaban una lista de agravios –greuges– que debía reparar. Estos agravios se producían cuando la actuación del rey o de sus oficiales lesionaba algún derecho reconocido por los fueros o leyes.

Estas cortes eran un freno al poder absoluto del monarca. Durante la Monarquía Hispánica de los Austrias se mantuvieron, aunque se produjo un continuo tira y afloja entre estos soberanos y las cortes de Aragón porque los Austrias querían gobernar Aragón como si fuera Castilla, donde el rey tenía mucho más poder. El mal estar en Aragón era grande, ya que los monarcas cometían todo tipo de irregularidades contra los fueros e instituciones aragonesas y sólo convocaban las cortes para recaudar dinero y apuntalar así la deficiente Hacienda Real.

En el contexto de la Guerra de Sucesión entre los austracistas y los borbones, María Luisa de Saboya, esposa de Felipe V de Borbón –Felipe V de Castilla y IV de Aragón- , en ausencia de su marido, presidió las últimas cortes de Aragón en 1702. Que otra persona que no fuera el rey, ya fuera la reina o un virrey, convocara las cortes, generaba mal estar en los aragoneses. No obstante, gozó del apoyo de estos, ya que durante los años que desempeñó la regencia procuró atraer a la causa borbónica el reino de Aragón, que se mostraba dudoso, a cuyos efectos no tuvo inconveniente en hacerles grandes promesas como la agregación al reino de Aragón de Tortosa y de todas las tierras catalanas situadas al sur del Ebro, así como de la ciudad de Lérida y los lugares y territorios entre el Noguera y el Cinca.

Sin embargo, su marido Felipe V no cumplió nada de lo prometido y en 1707, mediante los Decretos de Nueva Planta, suprimió los fueros y las cortes de Aragón e instauró en toda península las leyes de Castilla.

Apenas un siglo más tarde, el 6 de mayo de 1808, en Bayona, Carlos IV y Fernando VII abdicaban su corona, la del reino español e Indias, en Napoleón, que a su vez la cedía a su hermano José. A pesar de que estas abdicaciones eran un acto legal de unos propietarios que cedían su reino a quien estimaban pertinente, el pueblo no aceptó la renuncia al trono de Fernando VII, a quien recientemente habían aclamado destronando a Carlos IV en el Motín de Aranjuez de marzo de 1808 y se levantó en armas contra el ejército invasor de Napoleón y contra el gobierno de su hermano José a quien no reconocían.

El 24 de mayo las clases populares se rebelaron en Zaragoza destituyendo al Capitán General Guillelmi y nombrando Capitán General a José de Palafox pero José de Palafox carecía de legitimación legal y había que institucionalizar su poder, que no se podía basar en una aclamación de labradores, así que ante el vacío de poder, el 9 de junio se rescató la vieja institución de las cortes de Aragón para reconocer a José de Palafox como Capitán General y a Fernando VII como rey de España. Irónicamente, fueron esas cortes resucitadas las que defendían y sostenían el trono de Fernando VII de Borbón, bisnieto de quien las suprimió en 1707.

 

Santiago Navascués Alcay.

Lcdo. en Historia por la Univ. de Zaragoza.

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