JUAN JOSÉ DE AUSTRIA

El 17 de septiembre de 1679, murió Juan José de Austria, personaje muy vinculado a Aragón. Era hijo bastardo del rey Felipe IV –III de Aragón–, cuya maternidad se atribuía a la actriz de teatro María Calderón, conocida como “la Calderona”, que en la ficción novelesca de Arturo Pérez Reverte es el amor del capitán Alatriste.

En el año 1642 fue reconocido como hijo por Felipe IV. Recibió una educación esmerada y poseía todas las virtudes que un noble de la época debía tener: era hábil tanto en el manejo de las armas, como en el manejo de la pluma, de la diplomacia y el gobierno.

Durante la vida de su padre ejerció grandes cargos políticos y militares. Fue virrey de Nápoles y Sicilia. Puso fin a la insurrección de Cataluña, asediando y conquistando Barcelona. Inmediatamente después se convirtió en virrey de Cataluña. También fue gobernador de Flandes y tuvo un papel destacado en la guerra contra Portugal.

Sus relaciones con Aragón fueron más estrechas con la muerte de su padre en 1665 y la sucesión en el trono de su hermanastro, Carlos II “el Hechizado”, que aunque deforme y con pocas luces, producto de relaciones endogámicas entre la realeza, era el hijo legítimo.

El período que sigue a la muerte de Felipe IV viene marcado por la tremenda antipatía que se produce entre doña Mariana de Austria, madre y regente de Carlos II, y Juan José de Austria. Nuestro hombre va a utilizar el descontento de un amplio sector de los aragoneses, tras siglos de atropellos de los Austrias a sus fueros y libertades, para ganar apoyos contra la regente.

La regente nombró como valido al austriaco Juan Everardo Nithard, tras cometer todo tipo de irregularidades. Al hecho de ser extranjero, se unieron los métodos cuestionables que se siguieron para su nombramiento y que la regente solo confiaba en su persona, desplazando a la alta nobleza castellano-aragonesa, que anteriormente había tenido mucha influencia en la Corte. Todas estas circunstancias convirtieron a Nithard en el hombre más odiado, tanto por la Iglesia como por la alta nobleza.

En ese enrarecido clima, Juan José fue acusado de formar parte de una conspiración para acabar con la vida del valido y huyó a Aragón. Recibió tres compañías de caballos del virrey de Cataluña y llegó a Zaragoza, donde se habían producido motines contra Nithard, haciéndose con 300 hombres más.

Juan José se presentó a cuatro leguas de Madrid, donde se le unieron un gran número de partidarios. Ante esta situación, para calmar los ánimos, la regente prescindió de los servicios del valido austriaco y para deshacerse de nuestro hombre, lo nombró virrey de Aragón, cargo que ostentaría desde 1669-1677.

Su virreinato en Aragón se caracterizó por buscar el afecto de la aristocracia y burguesía local y por la intermediación en un conflicto entra la ciudad de Zaragoza y su villa de vasallos, Longares. Fue el único de los Austrias que respetó escrupulosamente los fueros de Aragón, que demostró especial preocupación por los asuntos de los aragoneses y que aceptó la propia idiosincrasia del reino, diferente a la de Castilla.

En el año 1675, Carlos II cumplió la mayoría de edad –14 años–. Juan recibió una carta de su hermanastro para que acudiera a Madrid a protegerle del nido de víboras que querían aprovecharse de la juventud del monarca. Este entró en Madrid entre vítores y aclamaciones pero nada más entrar, doña Mariana de Austria, convenció al rey para que nombrara a Juan virrey de Nápoles. Así pues, al día siguiente de entrar en Madrid, marchó rumbo a Zaragoza.

Sus años de buen gobierno en Aragón dieron sus frutos y desde allí se hizo con apoyos suficientes para dar un golpe de Estado, el primero de nuestra historia. En el año 1677, tras acudir al templo del Pilar a despedirse de la Virgen, marchó con todos sus partidarios hasta Madrid y a Carlos II no le quedó más remedio que nombrarlo primer ministro. Tras algo más de 31 meses de un mandato no muy destacable, murió, tal vez por envenenamiento.

Su amor por nuestra tierra y sus moradores quedó demostrado al disponer en su testamento que cu corazón fuera llevado a Zaragoza y enterrado el templo del Pilar.

 

Santiago Navascués Alcay.

Lcdo. en Historia por la Univ. de Zaragoza.

Anuncios
A %d blogueros les gusta esto: