LA EXPEDICIÓN REAL CARLISTA

A la muerte del inefable Fernando VII en septiembre de 1833, comenzó una guerra civil por el trono de España en la que se enfrentaron por un lado las fuerzas liberales que pretendían derribar de forma definitiva el Antiguo Régimen en el país, apoyando los derechos dinásticos de Isabel II, por entonces una niña de tres años. Por el otro lado estaba Carlos María Isidro de Borbón, hermano del fallecido Fernando VII y proclive al mantenimiento del absolutismo. Hasta el nacimiento de su sobrina Isabel, él había sido el heredero al trono y parece que no le gustó mucho que su hermano la nombrara heredera. De hecho, Fernando VII tuvo que dictar la pragmática sanción, una ley por la cual permitía reinar a su hija en ausencia de hijo varón pues la ley sálica de los Borbones no permitía a una mujer ocupar el trono.

Carlos María no estaba muy de acuerdo con el tema y a la muerte de su hermano proclamó su derecho al trono, comenzando una guerra entre carlistas e isabelinos que hoy en día conocemos como Primera Guerra Carlista (1833-1840). Los carlistas tuvieron un importante apoyo en Euskadi, Navarra, zonas del Maestrazgo turolense y castellonense y en parte de Cataluña. Una de las razones de su fuerza en algunas de estas zonas era que prometía el mantenimiento de los antiguos fueros. Pero el apoyo al movimiento carlista fue rural y nunca arraigó en ninguna gran ciudad. Conseguir una a modo de capital fue la gran obsesión de los carlistas. Estos lanzaron sus fuerzas sobre Bilbao, que asediaron en 1835, pero finalmente fracasaron.

El fracaso del sitio hizo cambiar de estrategia a los carlistas y organizaron unas expediciones por buena parte de España para intentar de lograr apoyos y extender el conflicto a otras regiones. La primera fue la expedición del general Gómez, en 1836, que no tuvo demasiado éxito. Al año siguiente, en 1837, fue ya el propio pretendiente, Carlos María, quien se puso al frente de la llamada Expedición Real. Esta salió desde Navarra en marzo de 1837 con más de 12.000 hombres, adentrándose muy pronto en territorio aragonés. Tras varios enfrentamientos en suelo oscense (Batalla de Huesca, Batalla de Barbastro,…) contra las fuerzas liberales, la expedición llegó finalmente en verano al Maestrazgo, donde tenía mucha fuerza el movimiento carlista gracias al general Cabrera, que tenía uno de los cuarteles más importantes en Cantavieja.

El ejército carlista permaneció todavía un mes en Aragón recabando apoyos. El 24 de agosto de 1837 se produjo una batalla contra los liberales cerca de Villar de los Navarros –Zaragoza-, donde derrotaron a las tropas de Isabel II y lograron tener el camino libre temporalmente hacia Madrid. Carlos María dio orden de avanzar para tomar la capital, pensando que sería un golpe casi definitivo en su favor. Pero durante la marcha, razones poco aclaradas como constantes vacilaciones en la estrategia, negociaciones encubiertas, etc, hicieron que el avance sobre Madrid fuera muy lento, y a lo que los carlistas estaban a punto de llegar, tropas liberales habían llegado en su auxilio, por lo que los carlistas decidieron regresar hacia sus bases en Euskadi, habiendo perdido una gran oportunidad de lograr una victoria decisiva. El fracaso de la Expedición Real supuso el comienzo del fin de la guerra que acabaron ganando los isabelinos.

Sergio Martínez Gil

Lcdo. en Historia por la Univ. de Zaragoza

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