EL TRATADO DE ZARAGOZA: ESPAÑA Y PORTUGAL SE REPARTEN EL MUNDO

Comencemos este artículo en un lugar lejano y que quizás poco tenga que ver con Aragón o en este caso con la ciudad de Zaragoza. Pero como en muchas de las historias que jalonan el pasado, la que vamos a contar hoy tiene su origen muchos años atrás. El 29 de mayo de 1453 y tras sufrir un duro asedio, la ciudad de Constantinopla, capital del otrora gran Imperio Bizantino, cayó en manos de los otomanos. Dada su posición geográfica, esta ciudad había sido durante siglos la gran puerta del comercio entre Europa y Oriente, pero su caída en manos musulmanas provocó el cierre definitivo de esa importantísima ruta.

De Oriente, entre otras muchas cosas, llegaban a Europa las codiciadas especias –clavo, pimienta, nuez moscada y canela-, provenientes en su mayor parte de las islas Molucas, vitales para la cocina europea y extremadamente caras de conseguir. Eran pues un lucrativo negocio, y el cierre de una de las principales vías de llegada de estos productos fue una de las razones que ayudaron a impulsar los grandes viajes de exploración marítima para buscar una nueva ruta para conseguirlas. Portugal fue el país que más se enfrascó en esa colosal tarea y financió numerosos viajes para mapear la costa de África y buscar si había alguna manera de llegar por mar hasta Asia circunnavegando dicho continente. Pero cuando los lusos estaban a punto de conseguirlo llegó el proyecto de Cristóbal Colón, que financiado por Castilla pretendía buscar esa nueva ruta navegando hacia el oeste en lugar de hacia el este como los portugueses.

El caso es que Colón descubrió por casualidad un nuevo continente, América, y un sinfín de riquezas. Sin embargo, abrió una nueva serie de problemas entre los reyes de Aragón y Castilla -los Reyes Católicos-, y el de Portugal. Esto se debe a que en 1479 ambas partes habían firmado el Tratado de Alcaçobas, que entre otras cosas daba los dominios del Océano Atlántico a Portugal salvo enclaves como las Canarias que permanecían bajo el dominio castellano.

Cuando en 1492 Colón llegó al Caribe los portugueses adujeron que esas nuevas tierras les pertenecían según ese Tratado de Alcaçobas. Legalmente podía ser así, pero lo cierto es que había un vacío legal pues en el momento de la firma se desconocía la existencia de esas tierras, y además se había hecho un reparto del Atlántico orientado hacia el sur, y no de este a oeste. Para evitar una guerra, ambas partes se reunieron y firmaron el Tratado de Tordesillas1494– y acordaron repartirse el mundo estableciendo un paralelo, que es el que hizo que por ejemplo Brasil fuera colonizada por Portugal. Pero esto no se acaba aquí.

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La línea verde corresponde al reparto hecho en Zaragoza.

En 1518 durante la primera estancia de Carlos I en Zaragoza, se le presentó un proyecto de un tal Fernando de Magallanes que proponía buscar por mar una ruta hacia el este que bordeara América y pudiera llegar a Asia. Esto interesó a la Monarquía Hispánica, pues de lograrlo, se podía aducir que las mencionadas islas Molucas, aquél lugar donde se producían las especias, estaban al oeste, y que por tanto le pertenecían a ella y no a Portugal. El viaje, aunque fue durísimo –de hecho Magallanes no lo contó- fue un éxito en lo que pretendía y dio la primera vuelta al mundo de la historia del ser humano.

Desde entonces Carlos I demandó a Portugal la propiedad de las Molucas e incluso envió una expedición para ocuparlas, aunque fracasó. Hubo intentos de negociaciones que fracasaron, pero al final parece que el amor, a veces, todo lo puede. Y es que en 1526 el ya emperador Carlos V se casó con la hija de Juan III de Portugal, Isabel , lo que reforzó la alianza de ambos Estados y facilitó encontrar una solución.

Fue así como de nuevo la capital del Ebro cobró otra vez importancia, pues fue el Tratado de Zaragoza de 1529 por el cual se completó el anterior de Tordesillas y la Monarquía Hispánica y Portugal se volvieron a repartir el mundo de nuevo.  Eso sí, las dichosas Molucas siguieron perteneciendo a Porgual.

Sergio Martínez Gil

Lcdo. en Historia por la Univ. de Zaragoza