EL REINO SIN HEREDERO

En 1410 murió el rey Martín I el Humano, hijo de Pedro IV el Ceremonioso, monarca bastante tratado en nuestro blog en los artículos “La Guerra de los Dos Pedros” y “Los Heredia“. Pedro IV, a su muerte, cedió a su primogénito Juan I la Corona de Aragón y a Martín I Sicilia. Pero en 1396 murió Juan I sin descendencia, así que Martín I se convirtió en rey de la Corona de Aragón y de Sicilia. Nada más ser rey, tuvo que hacer frente a la rebelión del conde de Foix, quien pretendía hacerse con el trono; y también tuvo que poner fin, con grandes dotes de paciencia, a las guerras entre los Luna y los Gurrea, que eran dos de las familias más importantes de Aragón con muchas posesiones, clientelas y recursos, cuyos conflictos entre sí, acababan implicando a gran parte del reino. Mientras ocurría todo esto, dejó el gobierno de Sicilia a su hijo Martín el Joven.

Por desgracia, en este contexto, falleció su único hijo Martín el Joven, en 1409, tan sólo un año antes de su propia muerte, dejando al reino sin heredero y en una situación de enorme conflictividad entre los diferentes nobles.

El hecho de que muriera sin descendencia no quiere decir que hubiera pocos candidatos al trono y todos ellos familiares. Estos eran:

  • Fadrique de Luna, conde de Luna, hijo bastardo de Martín el Joven, que al ser un hijo ilegítimo no tenía derecho al trono pero fue legitimado en parte por Benedicto XIII, el famoso Papa Luna.
  • Jaime II de Urgel, sobrino y yerno de Pedro IV el Ceremonioso.
  • Alfonso I de Gandía, primo hermano de Pedro IV, quien murió poco tiempo después, siendo reemplazado por su hermano pequeño Juan de Prades.
  • Luis de Anjou, nieto de Juan I y bisnieto de Pedro IV
  • Fernando de Trastamara, el de Antequera, infante de Castilla, sobrino de Martín I y nieto de Pedro IV.

Para que no os liéis, os dejamos un árbol genealógico de la familia de Pedro IV.

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A consecuencia de todo esto, en 1411 se celebraron en Calatayud unas Cortes para crear un Parlamento General de la Corona que nombrara monarca, presididas por el arzobispo de Zaragoza, que no era otro que García Fernández de Heredia, el que había coronado en La Seo de Zaragoza a Martín I y sobrino, ni más ni menos, que de don Juan Fernández de Heredia, de cuya importancia ya sabréis si habéis leído el artículo Los Heredia de nuestro blog. En estas Cortes se decidió que se establecería una asamblea en el reino de Aragón, otra en el reino de Valencia y una más en Cataluña, emplazadas todas ellas cerca de la frontera de todos estos territorios.

Los ánimos estaban muy caldeados y el arzobispo García Fernández de Heredia, uno de los principales opositores de Jaime II de Urgel y de Luis de Anjou, fue asesinado. En Valencia cada bando organizó su propia asamblea y hubo conflictos armados hasta que finalmente quedaron dos asambleas, la de Vinaroz y la de Traiguera, una apoyaba a Fernando de Antequera y otra a Jaime II de Urgel. En Aragón, la asamblea se estableció en Alcañiz; y en Cataluña, en Tortosa. Tuvo incluso que intervenir el Papa Luna para mediar en el asunto.

La situación comenzó a enmendarse cuando el 15 de febrero de 1412 se redactó la Concordia de Alcañiz. Esta fue resultado de las decisiones tomadas en la asamblea de Alcañiz, que en principio representaba a la Diputación General del Reino de Aragón, aunque realmente ostentaba la representación de toda la Corona, debido al permanente contacto con los embajadores catalanes de la asamblea de Tortosa. En esta concordia se sentaron las bases del famoso Compromiso de Caspe.

Se acordó que la elección final del rey tendría lugar en Caspe, por ser una localidad aragonesa, situada a poca distancia de Alcañiz y de Tortosa, que era donde se encontraban las asambleas aragonesas y catalanas. Se decidió que serían nueve los compromisarios encargados de escoger al nuevo rey, tres por cada territorio. Serían la asamblea del reino de Aragón, la del reino de Valencia y la de la Generalitat de Cataluña las encargadas de elegir a sus respectivos compromisarios por su experiencia en derecho, en asuntos de Estado y por su recta moral. El rey debería ser elegido por unanimidad de los enviados o con un mínimo de 6 votos a favor, teniendo al menos el voto favorable de un compromisario de cada asamblea. Estos compromisarios tendrían un plazo de dos a tres meses para elegir al monarca.

Todas estas disposiciones fueron el fruto de los contactos entre los embajadores de la asamblea de Tortosa con la asamblea de Alcañiz. Faltaba la aprobación del reino de Valencia, que no pudo formar una asamblea unificada como Aragón y Cataluña, por lo que no pudo estar presente en las negociaciones. En Valencia, como ya he señalado anteriormente, había una asamblea en Vinaroz, cuyos miembros apoyaban a Jaime II de Urgel; y otra en Traiguera, cuyos integrantes apoyaban a Fernando de Antequera. Sin embargo, acudieron representantes de la asamblea de Vinaroz, que el 16 de febrero firmaron la Concordia de Alcañiz en nombre de todo el reino de Valencia, dando el visto bueno a lo acordado por catalanes y aragoneses.

Por último, las dos asambleas valencianas se fusionaron en una sola en Morella para elegir a los compromisarios representantes del reino de Valencia. Una vez quedó todo dispuesto, tuvo lugar el Compromiso de Caspe, que duró desde el 22 de abril de 1412 hasta el 28 de junio de ese mismo año, siendo finalmente elegido Fernando de Antequera, que era infante de Castilla, de la casa Trastámara. Esto implicaba que tanto Aragón como Castilla estaban gobernados por miembros de la misma familia, lo que facilitó el matrimonio de los Reyes Católicos, preludio de lo que posteriormente, siglos más tarde, sería el reino de España.

Santiago Navascués Alcay

Lcdo. en Historia por la Univ.  de Zaragoza

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