EL SANTUARIO DE PEÑALBA DE VILLASTAR

Existió un lugar mágico lleno de misterios y significados ocultos en la localidad turolense de Villastar. Lo conocemos como el santuario de Peñalba de Villastar y es un farallón de unos 1500 metros a una altura de unos 1000 metros lleno de grabados, grafitos e inscripciones antiguas, al que Juan Cabré, su descubridor, en 1910 bautizó como la montaña escrita de Peñalba de Villastar.

Desde entonces, este peñón calizo ha sido objeto de un sinfín de estudios y ha generado grandes dolores de cabeza a un buen número de investigadores, que por más que se hayan devanado los sesos todavía no han podido descifrar todos sus secretos.

Su descubridor, Juan Cabré, tan sólo se interesó por los epígrafes del lugar, sin prestar atención al entorno, a las características del terreno o a los grafitos que los acompañaban. Hizo una titánica labor, calcando multitud de estas inscripciones. El propio Cabré extrajo de la roca algunas de estas y las llevó al museo de Barcelona. Otras fueron a parar a la cercana localidad de Villel. Hubo otro grupo que se perdió en los traslados y que lo conocemos gracias a los calcos de Cabré. Por último, hay unas cuantas inscripciones que se perdieron y no tenemos ningún calco de tan ilustre investigador. Desafortunadamente esta es una información irrecuperable.

En los años 40 y 50 los historiadores M. Gómez-Moreno, M. Lejeune, U. Schmoll y A. Tovar trabajaron en el desciframiento de las inscripciones. En los años 70 lo intentó Untermann. Por un tiempo se consideró que ya estaba todo el trabajo hecho hasta que en los años 80 se empezó a prestar atención al entorno y también a los grabados y grafitos. A partir del año 2002, gracias a la utilización de nuevas técnicas arqueológicas, se descubrieron nuevos epígrafes y todavía no está aclarada la interpretación del conjunto.

inscripción en alfabeto latino
Inscripción celtíbera en alfabeto latino.
Signario paleohispánico
Inscripción íbera en signario paleohispánico

La mayoría de los epígrafes están grabados en lengua celtíbera pero con alfabeto latino. También hay inscripciones latinas con alfabeto latino. Algunas están en lengua íbera, escritas con caracteres paleohispánicos. En el centro del farallón se encuentran las inscripciones celtíberas y en las esquinas las latinas. Muchos epígrafes son de otra época y algunos de estos se ubican sobre los antiguos, dificultando su lectura. Por ello ha sido necesario destinar tiempo a un doble esfuerzo, por un lado a determinar de qué época es cada una de las inscripciones y por otro lado a transcribirlas para su estudio, tarea que por culpa de la erosión, del vandalismo y de la costumbre de grabar encima de las viejas escrituras, no siempre ha sido sencilla.

Salvo un par de excepciones, son inscripciones muy cortas y la mayoría de ellas de oscura e interpretable traducción. Felizmente sabemos leer todos estos tipos de escritura, aunque somos incapaces de descifrar su significado. Para que nos entendamos, cualquier español puede leer perfectamente el inglés porque se escribe con nuestros mismos caracteres latinos y no por ello es capaz de comprenderlo. El significado de los epígrafes ibéricos es casi una completa incógnita –afortunadamente son pocos-. El de los celtíberos podemos intuirlo gracias a la supervivencia hasta la actualidad de otras lenguas célticas como el gaélico en Irlanda. Es como si intentáramos descifrar el latín a través del castellano actual. Los únicos que podemos resolver con claridad son los escritos en lengua latina y son muy pocos. A veces hay un texto y el desconcierto es tal que no sabemos si esas líneas pertenecen a una sola inscripción, a dos o hasta a tres, donde empieza y acaba una inscripción y comienza la siguiente.

La inmensa mayoría son pequeñas inscripciones cuyos términos son interpretados como nombres propios de persona, de dioses, de lugares o gentilicios. En la parte superior del farallón se encontró el siguiente grabado: D.M., que sería la abreviatura de la habitual dedicatoria romana a los dioses manes –Diis Manibus-, o al Dios Máximo –Deo Maximo-; lo que aseguraría que se trata de un santuario. Pero se ha descubierto que es una grabación moderna.

Sólo hay dos textos largos: una inscripción latina de versos de la Eneida –obra que relata las peripecias de Eneas, fundador de Roma- y un epígrafe que puede que estuviera dedicado a Lugus, grabado en lengua celtibérica. De su interpretación depende que sea un santuario dedicado a Lugus o no, y los especialistas han dado multitud de traducciones que apenas se parecen.

picoletas y cazoletas
Picoletas y cazoletas

A pesar de que todos los investigadores las consideran inscripciones religiosas, dada su oscura interpretación, se ha intentado buscar elementos que confirmen un uso ritual del yacimiento. Lo único que se encontró fueron seis cazoletas y piletas en la roca superior, orificios que debieron de servir para hacer libaciones –ofrendas a los dioses de bebidas como vino, leche o miel-.

monstruo bicéfalo
Monstruo bicéfalo.

Los dibujos que aparecen no sabemos si guardan relación con el significado de las inscripciones ni si las acompañan. Tampoco si son anteriores a estas, posteriores, o de la misma época. La mayoría de ellos son pequeños dibujos y símbolos geométricos o con forma de animales. Sólo hay dos excepciones: un monstruo bicéfalo y un monstruo con una gran cabeza que puede que representaran al dios Lugus.

La datación del conjunto también está discutida. La aparición de alfabetos latinos inscritos en la roca indica que las inscripciones son de una época en la que la población indígena está aprendiendo la lengua y escritura romana. El uso del alfabeto latino en las inscripciones, aunque su mayoría estén en lengua celtíbera, indica presencia y dominio romano. Así pues, la mayoría de las inscripciones se datarían entre los siglos I a.C. y I d.C. Esto no quiere decir que no fuera un santuario religioso en fechas anteriores porque los celtíberos adoptaron la costumbre de escribir por contacto con los romanos. Creemos que es un santuario muy anterior, sólo que hasta el siglo I a.C. no grabaron epígrafes en él.

Por último, no sabemos si se trataría de un santuario de frontera, un santuario local o un santuario de todos los celtíberos. No se ha encontrado ningún asentamiento íbero o celtíbero cercano, así que debió de ser un santuario de frontera entre íberos y celtíberos o un santuario panceltíbero. No obstante, Cabré encontró materiales en el cercano barranco de la Escodilla. Decía que eran de época ibérica. De existir una población tan cercana, sería un santuario local de ese yacimiento. También hay que tener en cuenta que la zona no se ha prospectado en profundidad. Se ha encontrado un poblado arrasado en el lugar donde informaba Cabré pero es un yacimiento prehistórico, milenios anterior al santuario. Sólo se encontró un fragmento, al parecer de una trompa, que podía ser de época celtibérica. Untermann creía que existiría un yacimiento entre Cañete y Albarracín. Y para finalizar, los sondeos han demostrado que en lugares tan cercanos como Villel, Cascante del Río y Villaspesa hay yacimientos, aunque no se sabe si son celtíberos, íberos ni de qué época son.

Como veis, muchas son las preguntas y pocas las respuestas.

FOTOS TOMADAS DE http://www.historicodigital.com/penalba-de-villastar.html

 

Santiago Navascués Alcay.

Lcdo. en Historia por la Uni. de Zaragoza.