GERMANA DE FOIX Y FERNANDO “EL CATÓLICO”

En 1506 Fernando II “el Católico” contrajo segundas nupcias con Germana de Foix, una noble francesa que era nada menos que sobrina del rey de Francia. Este fue sobre todo un matrimonio político, pues las relaciones entre los galos y la Corona de Aragón eran muy difíciles, ya que llevaban varios años de guerras para conquistar el Reino de Nápoles. Fernando, que se supone había prometido a la difunta Isabel “la Católica” que no volvería a casarse, no tardó ni dos años en volver a hacerlo. ¿Hombre de poca palabra? No. Veamos el contexto.

Al morir Isabel, Fernando, que hasta entonces había sido rey castellano como Fernando V con todas las de la ley, dejó de ser el monarca de Castilla pues el trono le pertenecía a su difunta esposa y, por lo tanto, la herencia pasaba a sus hijos, en este caso, a Juana. Esta se convierte en reina de Castilla pero el problema viene al estar casada con Felipe I “el Hermoso”, –a saber de dónde le viene este apelativo, pues viendo los cuadros de la época el mozo muy agraciado no era-. Felipe era duque de Borgoña e hijo de Maximiliano, emperador del Sacro Impero Romano Germánico nada menos.

El matrimonio entre Juana y Felipe había sido urdido por los Reyes Católicos dentro de su política de alianza con otras monarquías europeas e intentar así tratar de aislar a Francia, considerada como la gran amenaza de Aragón y Castilla. Pero el bueno de Felipe les salió rana y resultó ser muy proclive a aliarse con los franceses.

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Germana de Foix

Las muertes de varios de los hijos de los Reyes Católicos hicieron que Juana pasara a ser la heredera de los tronos de Aragón y Castilla, pero el problema viene cuando Juana, profunda y casi enfermizamente enamorada de su marido Felipe, acaba aceptando todo lo que decidía su marido, a pesar de su tormentosa relación personal.

Llegados a este punto, los Reyes Católicos intentarán maniobrar para evitar que todos sus planes estratégicos se venieran abajo cuando Juana, y sobre todo Felipe, acabaran gobernando sus reinos. Sin embargo, muere Isabel, y Juana es proclamada reina de Castilla, por lo que a partir de entonces su padre Fernando “el Católico” ya ni pinchaba ni cortaba en dicho reino, cuyos nobles querían expulsarle por considerarlo autoritario además de extranjero –a fin de cuentas Castilla y Aragón seguían siendo reinos diferentes que hasta entonces simplemente estaban bajo una misma corona-.

En poco tiempo Felipe logra que tanto las cortes de Castilla como Juana le den a él el poder de gobernar. Es por ello por lo que Fernando “el Católico” decide volver a casarse. Quiere lograr más descendencia para que, si era necesario, que Juana no heredera la Corona de Aragón, y que así Felipe, a quien Fernando consideraba un traidor, no gobernara también en sus propios reinos.

Así pues, Fernando acaba casándose con Germana de Foix y se puso con empeño a intentar tener hijos. Del matrimonio nació el príncipe Juan un 3 de mayo de 1509. De haber sobrevivido, Juan habría heredado la Corona de Aragón suplantando a Juana en la línea de sucesión, y ambos reinos habrían vuelto a separarse. Sin embargo, el destino quiso que el príncipe Juan muriera a las pocas horas de nacer. Fernando siguió intentando tener hijos, llegando a tomar pociones para revitalizar su ya mermada por la edad potencia sexual. De hecho, muchos dicen que acabó muriendo envenenado por tanto bebedizo que llegó a ingerir.

Realmente no hizo falta tener más descendencia, pues el problema de Felipe “el Hermoso” se solucionó por sí sólo –algunos opinan que en ello tuvo algo que ver el rey Fernando-. Felipe murió en 1506 de unas fiebres repentinas y con ello se acabó parte del problema. Aún quedaba Juana, pero su padre acabó logrando que la incapacitaran declarándola loca, y hay que decir que, si la pobre Juana no estaba loca antes, entre el maltrato que recibió de su marido, su padre, y su hijo Carlos, finalmente acabó con importantes desequilibrios mentales.

Esta es pues la historia de un matrimonio que pudo llegar a cambiar el devenir de lo que finalmente ha acabado conformando España. Sería el nieto de Fernando, Carlos de Habsburgo, quien heredaría todos los reinos y se convertiría en el único emperador de ambos mundos de la historia, de media Europa, y de América. Lo que pudo haber pasado pero no ocurrió, es ciencia ficción.

Sergio Martínez Gil

Lcdo. en Historia por la Univ. de Zaragoza