LA CONSPIRACIÓN DEL DUQUE DE HÍJAR

El 18 de agosto de 1648 se abortó la conspiración del duque de Híjar, que pretendía coronarse rey de Aragón.

La historia de don Rodrigo de Silva Mendoza y Sarmiento, más conocido como II Conde de Salinas y Duque de Híjar, es la de un ambicioso noble, la de un Grande de España que desafío al mismísimo Rey Planeta –Felipe IV de Castilla y III de Aragón- , pagándolo muy caro.

En palabras de R Ezquerra:

El Duque de Híjar es un perfecto representante de la nobleza española del siglo XVII, aristócrata que aún se revolvía, con escasa fuerza ya, contra el triunfante absolutismo regio. En vida y costumbres no se aparta casi nada de las habituales en sus congéneres, como ellos se divierte, juega en justas, luce su riqueza, intriga, procura obtener cargos elevados, escribe versos…; y a diferencia de muchos no es nombrado virrey o presidente de algún consejo, y a diferencia de casi todos, expió la culpa de no saber acomodarse al régimen imperante.

Su historia, ahora que está tan en boga la novela histórica, podría ser convertida por una buena pluma en un libro apasionante lleno de intrigas palaciegas. Se pasó la vida intentando ocupar posiciones de alto mando sin conseguirlo por su enemistad con los validos el Conde-Duque de Olivares y Luis Méndez de Haro, quienes de verdad gobernaban los vastos territorios del rey Felipe mientras este se dedicaba a disfrutar de la vida en palacio. El resultado ante tantos años de marginación en la vida política, a pesar de ser un Grande de España de innumerable fortuna; fue una conspiración por el trono de Aragón, que con mucho pesar para nuestro protagonista, fracasó.

La idea de encabezar una rebelión aragonesa que lo entronizará no era del todo descabellada, pues los diferentes territorios peninsulares estaban cansados de las pretensiones absolutistas de los Austrias que pretendían gobernar toda península como si fuera Castilla, donde las Cortes simplemente tenían una función casi ceremonial, pudiendo disponer de hombres y dinero para sus conquistas a su antojo. En este contexto no es de extrañar que se produjera el intento secesionista de Cataluña y la independencia de Portugal.

No es que el descontento de los aragoneses fuera menor que el de sus vecinos catalanes, sino que ya se habían rebelado en tiempos de Felipe II –Felipe I de Aragón– y habían sido muy castigados por ello. Además, la expulsión de los moriscos, población muy numerosa en nuestras tierras, afectó en gran medida al reino, dejándolo muy despoblado y débil. Por si fuera poco, nuestro hombre no era aragonés, tenía posesiones en buena parte de la península y se hizo con el Ducado de Híjar por su casamiento con Isabel Margarita Fernández de Híjar. Por ello, muchos veían su participación en la política aragonesa como una intromisión de un extranjero.

En 1640 obtuvo del Conde-Duque de Olivares un cargo eventual militar en la guerra contra Portugal pero por su ambición desmedida perdió el favor del valido y ya no volvió a ocupar ningún cargo. Ese mismo año apadrinó una comisión de diputados del Reino que marcharon hasta Madrid para pedirle al monarca que perdonase a Aragón 150000 ducados atrasados que le debían.

Por último, fue desterrado de la corte después de intentar liderar un complot nobiliario contra su archienemigo Luis de Haro. El maestre de campo de caballería Carlos de Padilla intentó entronar al duque como rey de Aragón después de planear una conjura para deponer al rey Felipe IV. El plan fue descubierto y a Padilla lo encarcelaron y torturaron en las proximidades de Híjar en 1648. Nuestro protagonista sufrió mejor suerte, ya que no confesó al ser torturado y se le perdonó la vida, aunque se le mantuvo preso de por vida en el Castillo de León, a diferencia de Padilla y Domingo Cabral, que fueron ejecutados.

 

Santiago Navascués Alcay.

Lcdo. en Historia por la Univ. de Zaragoza.

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