LA VOLADURA DEL MONASTERIO DE SANTA ENGRACIA

El 13 de agosto de 1808 el ejército francés que sitiaba Zaragoza desde hacía casi dos meses  durante la Guerra de la Independencia voló por los aires el monasterio de Santa Engracia de la capital aragonesa. A mediados de julio el ejército español del general Castaños había logrado vencer en la Batalla de Bailén a un ejército napoleónico que trataba de lograr el control de Andalucía. Era la primera derrota en tierra de la Grande Armée en toda Europa, por lo que esto fue un duro e inesperado golpe para unos franceses que estimaban que la ocupación de España iba a ser casi coser y cantar.

Tras esta derrota gala, las fuerzas combinadas de británicos, portugueses y españoles comenzaron a avanzar y los franceses se replegaron hacia el norte, incluyendo el abandono de Madrid por parte de José I, el rey impuesto por Napoléon tras las abdicaciones de Bayona de los inefables Carlos IV y Fernando VII -Fernando IV de Aragón-. A principios de agosto el ejército francés que asediaba Zaragoza intentó un último asalto para lograr tomar la ciudad y conseguir controlar el valle medio del Ebro, pero la resistencia a ultranza de sus habitantes rechazó una vez más los intentos de conquistarla.

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Claustro del monasterio de Santa Engracia de Zaragoza.

Tras recibir órdenes de replegarse hacia el norte para asegurar una línea defensiva ante el avance de los aliados, los franceses se aprestaron a levantar el sitio pero no sin antes preparar el terreno para su vuelta, que sabían que no sería en mucho tiempo. El monasterio de Santa Engracia, situado por entonces en las afueras de la ciudad alrededor de lo que hoy en día es la actual basílica menor de Santa Engracia junto al Paseo de la Independencia, suponía un verdadero bastión defensivo, y los franceses decidieron volarlo por los aires para eliminar este obstáculo de cara a su regreso. Prepararon una mina de unos 300 kilos y el 13 de agosto de 1808 la hicieron estallar. Se hizo de forma tan precipitada que incluso muchos soldados franceses que habían estado instalándola murieron por la enorme explosión. El monasterio quedó en ruinas perdiéndose, además de muchas vidas, un espectacular patrimonio. Con la explosión se vieron destruidos en buena medida el impresionante claustro, las esculturas de Berruguete, las tumbas de grandes cronistas del Reino de Aragón como Zurita y Jerónimo Blancas, etc. No quedó totalmente arruinado, pero las circunstancias de la época poco ayudaron a que se intentara recuperar lo que había quedado por lo que finalmente, y con los años, fue derruido.

Sergio Martínez Gil

Lcdo. en Historia por la Univ. de Zaragoza

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