MARÍA DOMÍNGUEZ REMÓN. UNA INTELECTUAL EN TIEMPOS DE HOMBRES

El 29 de julio de 1932 en Gallur salió elegida la socialista María Domínguez Remón como primera alcaldesa española. Realmente no fue la primera de España en ocupar este cargo, sino que fue la primera elegida en la democracia, ya que en 1924 Matilde Pérez Mollá fue nombrada alcaldesa de Alcoy por el general Cristino Bermúdez de Castro en la dictadura de Miguel Primo de Rivera.

Su vida no fue nada fácil. Era la segunda hija de una familia de campesinos y apenas pudo ir unos pocos años a la escuela, así que su formación tuvo que ser autodidacta. A los 18 años la obligaron a casarse, soportando siete años de vejaciones, humillaciones y malos tratos de su marido, al que abandonó, yéndose a vivir a Barcelona, donde trabajó como sirvienta.

Regresó a su natal Pozuelo de Aragón y con sus ahorros se compró una máquina de hacer medias que le proporcionó un medio para ganarse la vida. Su primer paso en su carrera fue publicar un artículo en El País. Estudió magisterio y en 1914 suspendió el examen. En Zaragoza se matriculó en el turno nocturno de la Escuela de Artes y Oficios, mientras por el día se ganaba la vida cosiendo medias a domicilio.

Se convirtió en asidua columnista del periódico republicano Ideal de Aragón. Trabajó en Navarra durante unos meses como profesora no titulada y en 1917 se presentó a los exámenes de la Escuela de Magisterio de Pamplona que esta vez, sí que aprobó.

A pesar de tener una titulación y de escribir en un periódico de cierto prestigio, tuvo que trabajar de sirvienta. Felizmente para nuestra protagonista, en 1922 se quedó viuda, hecho que aprovechó para casarse con su segundo marido, Arturo Segundo Romanos. La pareja se trasladó a Gallur, donde participaron en la constitución de la UGT a finales de la dictadura de Primo de Rivera.

Fue entonces cuando desempeñó la mayor parte de su actividad política e intelectual, aprovechando la libertad de expresión que brindaba la caída de la dictadura y los recursos económicos de su nuevo marido, que le permitían no tener que compaginar su actividad intelectual cosiendo medias o trabajando de sirvienta.

En esta época destacó por su frecuente participación en el semanario socialista Vida Nueva de Zaragoza, donde se mostró firme defensora de la República, de la democracia frente a la antigua política, de las mujeres y de la educación y la cultura, a la que veía como el principal motor del desarrollo de un país. Sus ácidos, mordaces y reivindicativos artículos no dejaban indiferente a nadie.

En julio de 1932 el ayuntamiento de Gallur elegido en las elecciones de abril de 1931 dimitió en pleno ante la presión popular y los conflictos políticos que enfrentaban al país. El Gobernador civil de la provincia la designó a ella como presidenta de una Comisión Gestora, convirtiéndose así en la primera mujer en estar al frente de una alcaldía. Ocupó el cargo de alcaldesa de Gallur desde el 29 de julio de 1932 al 6 de febrero de 1933, cuando tuvo que dimitir del cargo por una ley aprobada en el Congreso que sustituía las comisiones gestoras creadas con carácter transitorio.

En su corto mandato, fiel a sus ideas, intentó mejorar las condiciones de los trabajadores y de la escuela. Creó bolsas de trabajo rurales para frenar el desempleo, blanqueó las escuelas y contrató limpiadoras para que los niños no tuvieran que limpiar el colegio y para que fuera un lugar digno para el estudio. Además creó una escuela mixta de niños y niñas. Cuando dejó la alcaldía se dedicó a la docencia y a las publicaciones periodísticas, convirtiéndose en una intelectual de prestigio nacional. Finalmente, fue fusilada en Fuendejalón, en septiembre de 1936, por el bando franquista al inicio de la Guerra Civil.

Sacada de su contexto histórico, no parece una biografía destacable históricamente; sí en el ámbito de la cultura pero no en el de la historia. Sin embargo, si la situamos en su espacio temporal, María Dominguez pertenece a un elenco de mujeres que vivieron en un mundo de hombres y que estaban hechas de otra pasta, por así decirlo.

María fue contemporánea de Madame Curie, que cuando ingresó en la Sorbona de París, de entre los 776 estudiantes matriculados en la Facultad de Ciencias, sólo 27 eran mujeres y tuvo que subsistir mediante la enseñanza de clases particulares, llegando a sufrir desmayos causados por el hambre. Por si fuera poco, en su Polonia natal se le denegó un puesto académico de su especialidad científica por ser mujer.

María Domínguez también era contemporánea de la aragonesa María Moliner, quien durante la República trabajó porque la cultura llegara a todas partes, dirigiendo la creación de una amplia red de bibliotecas públicas por el país y que escribió uno de los mejores diccionarios de castellano que se hayan hecho nunca, lo cual no se consideró mérito suficiente como para que formara parte de la RAE. Su formación tampoco fue nada fácil, pues tuvo que compaginar sus estudios filológicos y de historia con la impartición de clases particulares de latín, matemáticas e historia, convirtiéndose a la edad de 14 años en el sostén de una familia de tres hermanos, tras ser abandonada la familia por su padre en 1914.

Todas estas mujeres vivieron en un mundo en el que las mujeres ni siquiera podían votar. Hasta 1928 no se aprobó el sufragio femenino en Inglaterra. En España la primera vez que las mujeres ejercieron su derecho al voto fue en 1933 y en Francia, 1945.

La biografía de María Domínguez es la de una de esas pocas mujeres que triunfaron académicamente en un mundo de hombres, a costa de trabajar muchísimo más duro y de ser mucho más brillantes que sus homólogos varones, recibiendo, en la mayoría de los casos, menor reconocimiento del que deberían haber recibido, tan sólo por su condición de mujer y que inspiraron a las mujeres a luchar por sus derechos. Murió por sus ideales, siendo un auténtico ejemplo de coherencia.

Hoy en día, Gallur y la provincia de Zaragoza le rinde no pocos honores, como la concesión de la medalla de Santa Isabel a título póstumo, la dedicación de una calle en Zaragoza y en Gallur, el nombre de la escuela de Gallur, la creación de la fundación María Domínguez de Zaragoza; y en Gallur también, la Asociación de mujeres María Domínguez.

Santiago Navascués Alcay

Lcdo. en Historia por la Univ. de Zaragoza.

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