LA REVOLUCIÓN DE 1854

El 20 de julio de 1854 Espartero presidió la Junta Revolucionaria de Zaragoza. La de Zaragoza no fue la única junta del país, sino que se crearon juntas en muchas otras ciudades de España, como las de Alcira, Cuenca, Logroño y Valencia. El objetivo era derrocar al gobierno.

Hasta el sistema de la Restauración en 1875 no había otra manera de acceder al gobierno que no fuera un golpe de Estado, ya que el gobierno que convocaba elecciones siempre las ganaba. Esto es así porque el gobierno que las convocaba se servía de múltiples formas y mecanismos para cometer fraude electoral y ganarlas. Además, el caciquismo, que tenía un gran peso en el resultado final de las estas, estaba a la orden del día.

Durante el reinado de Isabel II se alternaban en el poder dos partidos: el moderado y el progresita. La alternancia, como ya he señalado, no se producía democráticamente, sino por golpes de Estado.

Así pues, los moderados llevaban en el gobierno desde 1843, más de 10 años, y tras la dimisión de Juan Bravo Murillo en 1852, los tres gobiernos que le sucedieron gobernaron por decreto, lo que vulneraba la Constitución de 1845. Además, la madre de la reina, María Cristina de Borbón estaba salpicada por casos de corrupción y controlaba al partido moderado a su antojo, al cual tenía completamente domesticado, expulsando de sus filas a importantes políticos moderados como Francisco Martínez de la Rosa y Leopoldo O’Donell, que veían con preocupación como la madre de la reina cada vez tenía más poder y se acercaron a los progresistas. A todo este cóctel se le unió que en Cataluña, en torno a Barcelona, empezaba a emerger el movimiento obrero, enemigo de este sistema, en el que sólo podía votar la gente adinerada, y de ese partido moderado que era un partido de nobles y altos burgueses.

Todo este caldo de cultivo no podía conllevar a otra cosa que no fuera una revolución y Aragón tuvo un papel decisivo en la misma. De hecho, todo comenzó en Zaragoza.

El 20 de febrero en Zaragoza hubo un primer intento de rebelión protagonizado por militares y miembros del Partido Demócrata. La rebelión fracasó pero esto ocasionó una fuerte represión del gobierno en todo el Estado. Las protestas contra el gobierno se sucedieron en toda España hasta julio, lo que aprovechó el general O’Donell para protagonizar un pronunciamiento militar.

El resultado del pronunciamiento fue incierto, así que el 7 de julio, junto con el general Serrano, con el fin de movilizar a la población civil, escribió el Manifiesto de Manzanares.

Fue entonces cuando empezó la fase de la Revolución de 1854. Las dos principales ciudades del país, Barcelona y Madrid, iniciaron una insurrección que fueron secundadas por la creación de Juntas Revolucionarias como la de Zaragoza en las principales ciudades del país.

Espartero, quien presidió la Junta de Zaragoza, no era un cualquiera, sino que era el general Baldomero Espartero, que participó en la Guerra de la Independencia y en la guerra contra las colonias americanas. Fue el general que derrotó a los carlistas, regente de la reina en sus primeros años de reinado y quien afianzó el Estado Liberal. Era un auténtico héroe nacional.

Llamado por la reina Isabel II para solucionar la situación, llegó a Madrid el 29 para presidir el nuevo gobierno que duró hasta 1856, lo que se conoce como Bienio Progresista.

El nuevo gobierno fue desilusionante para muchos grupos que participaron en la Revolución. La primera medida, que se tomó el 1 de agosto, fue la de determinar que las juntas tuvieran carácter consultivo, despojando a estas de la soberanía que ejercían. La de Zaragoza fue la que protestó más enérgicamente exigiendo una descentralización que acercara los poderes públicos a los ciudadanos. Los demócratas, que tuvieron mucha importancia en Aragón, de hecho fueron los que iniciaron todo el proceso, tampoco quedaron satisfechos con el nuevo gobierno; y los obreros de Barcelona tan sólo pudieron ser calmados por el carisma que un hombre del pueblo que había ascendido a lo más alto, como era Espartero, tenía entre los obreros, no porque estuvieran contentos con la situación.

 

Santiago Navascués Alcay

Lcdo. en Historia por la Univ. de Zaragoza

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