EL CASTILLO DE MONZÓN

El 10 de junio de 1642 cayó el castillo de Monzón en manos de las tropas catalanas y francesas durante la Guerra de Secesión Catalana. Este castillo es famoso por ser el lugar donde se encontraba la encomienda más importante de los templarios de la Corona de Aragón. Aprovechando el filón de los templarios, que es un tema de moda, se ha hablado hasta la saciedad de los templarios de Monzón, de cómo se hicieron cargo de la custodia de Jaime I durante su minoría de edad y de cómo, una vez extinguida la Orden del Temple por el papa Clemente V, la encomienda de Monzón resistió con bravura hasta 1309. Tanto es así, que da la impresión de que Monzón no tenga más historia que los templarios.

Sin embargo, Monzón era un baluarte defensivo querido por todos, situado en un enclave estratégico, entre Lérida y Huesca y que por tanto, siempre se ha llevado la peor parte en las guerras de Aragón. Es por ello, que aprovechando la efeméride de hoy, vamos a hablaros del papel del castillo de Monzón en la Guerra de Secesión Catalana del siglo XVII.

En plena guerra contra Francia, en 1640, se sublevaron Cataluña y Portugal contra Felipe III de Aragón y IV de Castilla –conocido como Felipe IV-. Todo comenzó con el asesinato del virrey de Cataluña Santa Coloma y el apoyo de Francia a la causa catalana.

El reino de Aragón era consciente de que se vería muy afectado por una guerra contra Cataluña, ya que era un Estado tapón entre Cataluña y Castilla y además frontera con Francia, enemiga de la monarquía hispánica que apoyaba la causa catalana. Si los catalanes querían atacar a Castilla pasarían por Aragón y si los castellanos querían castigar a los catalanes por su rebelión o a Francia, también pasarían por Aragón. Así que los aragoneses intentaron mediar entre la Corte de Madrid y Cataluña para evitar el conflicto pero los catalanes, envalentonados por el apoyo francés, pidieron a los aragoneses que se unieran a su causa.

Sin embargo, los aragoneses a su manera, sin la ayuda de Francia, ya habían trazado el camino que estaban siguiendo los catalanes mucho tiempo atrás, resistiendo contra los Austrias que querían gobernar toda península como si fuera Castilla sin respetar los fueros, sistemas de gobierno y costumbres de los demás reinos peninsulares. El resultado fue que el reino de Aragón quedó muy debilitado, completamente anulado a merced de los Austrias, sin capacidad de respuesta. Así que los aragoneses no querían rebelarse una vez más contra la monarquía hispánica.

El precio que pagaron los aragoneses por no sumarse a los catalanes, temiendo el castigo de Felipe IV, fue aportar todo el dinero y todos los hombres que requería Felipe para su ejército, soportar las incursiones franco-catalanas y además mantener a los hombres del ejército castellano que saqueaban, violaban y cometían todo tipo de desmanes.

La peor parte se la llevó el territorio colindante con Cataluña, zona en la que se encuentra Monzón, cuyo castillo era pretendido por ambos bandos. Ya en 1641, el mariscal francés La Mothe se quedó a las puertas de Monzón pero tuvo que retirarse al reclamarle asuntos bélicos en Cataluña. Las tropas franco-catalanas volvieron a intentarlo y lo consiguieron tomar en 1642, aunque poco le duró la alegría a los catalanes, ya que en 1643 los ejércitos de Felipe IV reconquistaron el castillo de Monzón.

Por fortuna para Aragón, en 1644 las tropas de Felipe IV conquistaron Lérida y las acciones bélicas pasaron a desarrollarse en Cataluña en su totalidad, librándose los aragoneses de los saqueos de ambos ejércitos, aunque no de aportar hombres y dinero.

Santiago Navascués Alcay

Lcdo. en Historia por la Univ. de Zaragoza

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