CAZOLA: LA CORONA DE ARAGÓN Y CASTILLA SE REPARTEN LA PENÍNSULA

El 20 de marzo del año 1179 Alfonso II de la Corona de Aragón y Alfonso VIII de Castilla firmaron en Soria el Tratado de Cazola para establecer las regiones islámicas que tocaba a cada reino para expandirse en el futuro. Desde que en el año 1085 Alfonso VI de Castilla conquistara a los musulmanes la mítica capital visigoda de Toledo, y tras superar las invasiones de los almorávides de finales del siglo XI y principios del XII, los reinos cristianos tenían claro que los días del islam en la Península Ibérica estaban contados –aunque al final parece que contaron mal y les costó más de los previsto lograrlo-.

Pero esto suponía un problema, ya que al-Andalus suponía una dulce golosina que todos querían tomar, lo que provocaba disputas entre los mismos cristianos. Evidentemente, ese enfrentamiento entre correligionarios era mal visto, ya que tenían al eterno enemigo islámico delante. Por ello, a lo largo de los siglos XII y XIII, tanto la Corona de Aragón como Castilla establecieron diferentes tratados para poner los límites de su futura expansión, y dejar cerrado la parte del pastel que le tocaba a cada uno. Uno de estos pactos fue el Tratado de Cazola.

Los límites fronterizos que alcanzaron entre sí ambos reinos no fueron fruto del azar, sino de unos pactos muy estudiados. En este tratado –hay que decir que no era el primero de esta índole-, quedaban para la Corona de Aragón todo lo que en el futuro sería el reino de Valencia –provincias de Castellón y Valencia-, hasta la zona de Játiva, Denia y Biar. El resto, casi toda la zona de la actual provincia de Alicante y Murcia, -y por supuesto Andalucía- quedaban para Castilla. En el Tratado de Cazola, Aragón perdió el derecho a la anexión de Murcia, que sí que tenía hasta entonces, fruto del Tratado de Tudilén, firmando casi treinta años antes. Pero ahora la Corona de Aragón sale perjudicada en este reparto. Algunas de las razones de este paso atrás fueron la todavía juventud de un Alfonso II que además tenía que entroncar la difícil unión de intereses entre el Reino de Aragón y el condado de Barcelona. No en vano, Alfonso II fue el primer rey de la Corona de Aragón como tal, un monarca como cabeza de varios Estados diferentes, con sus propias leyes y costumbres y que se tardaría un poco en lograr conjugar en una unión de intereses comunes.

Por otro lado, por entonces la Corona de Aragón, aunque tenía interés en expandirse hacia el sur, se estaba centrando cada vez más en aumentar su presencia e influencia en el sur de Francia, concretamente en la Occitania. Es por eso por lo que quizás no se dio tanta importancia a perder el derecho de conquista sobre Murcia y Alicante. De hecho, sería el hijo y sucesor de Alfonso II, Pedro II “el Católico”, quien soñaría con una gran Corona de Aragón a ambos lados de los Pirineos, dominando todo el valle del Ebro por un lado, y el valle del Ródano por el otro, aunque dicho proyecto se vendría abajo en la Batalla de Muret en 1213.

Como todo buen pacto entre reinos, el Tratado de Cazola no fue respetado por ninguna de las dos partes, aunque sí que acabó marcando buena parte de las fronteras futuras entre Castilla y Aragón. Murcia acabaría formando parte de Castilla, aunque no sin antes ser invadida varias veces por tropas de la corona aragonesa, mientras que Alicante finalmente sí que pasó a formar parte del que sería el Reino de Valencia. Una de las mayores consecuencias de este tratado fue que Murcia, al pasar a la zona de influencia castellana, hizo que la Corona de Aragón perdiera frontera con el Islam para seguir avanzando hacia el sur, lo que sería uno de los factores para su expansión por el Mediterráneo desde finales del siglo XIII al haber perdido la posibilidad de hacerlo por la Península Ibérica.

Sergio Martínez Gil

Lcdo. en Historia por la Univ. de Zaragoza