MARÍA MOLINER

El 22 de enero de 1981 murió María Moliner. Su padre era el médico rural de Paniza, siendo ella la mediana de tres hermanos. Disfrutó de una educación sin mayores problemas hasta que su padre se fue a Argentina en 1914, abandonando a la familia, que salió adelante en gran parte gracias a María, que obtenía ingresos dando clases particulares de latín, matemáticas e historia.

Hasta 1917 no fue alumna oficial del Instituto General y Técnico de Zaragoza, donde concluyó el bachillerato en 1918. Con anterioridad tuvo que presentarse a los primeros exámenes de bachiller como alumna libre.

En 1921 se licenció en la especialidad de Historia, la única existente por aquel entonces en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Zaragoza, con las máximas calificaciones y Premio Extraordinario. Desde 1917 a 1921, mientras terminaba bachiller y se licenciaba en la especialidad de Historia, no perdió el tiempo, sino que se formó y trabajó como filóloga y lexicógrafa en el Estudio de Filología de Aragón, dirigido por Juan Moneva, colaborando en la realización del “Diccionario aragonés”.

Al año siguiente de terminar su licenciatura ganó las oposiciones para el Cuerpo Facultativo de Archiveros Bibliotecarios y Arqueólogos, siendo destinada al Archivo General de Simancas, desde el que pasó, en 1924, al Archivo de la Delegación de Hacienda en Murcia, donde conoció a su marido. Fue la primera mujer que impartía clase en la Universidad de Murcia.

Destacó en el decenio 1929-1939, participando muy notablemente en la política bibliotecaria nacional, especialmente durante la Segunda República. El gobierno de la República intentó extender la cultura a la población, escolarizar y alfabetizar al país; y María Moliner se entregó en cuerpo y alma a dicha tarea. Escribió varias obras sobre cómo debían funcionar las bibliotecas públicas y cómo se debería de organizar la red de bibliotecas de la nación. Dirigió la Biblioteca de la Universidad de Valencia. Formó parte en la Junta de la Adquisición de Libros e Intercambio Internacional con el objetivo de dar a conocer al mundo los libros que se editaban en España –cabría recordar que el castellano, todavía hoy en día, a pesar de ser la segunda lengua más extendida del mundo, sigue sin tener, entre la élite cultural internacional, el pedigree del inglés, francés o el italiano-. Además se encargó de la Subsección de Bibliotecas Escolares de la Sección de Bibliotecas del Consejo Central de Archivos, Bibliotecas y Tesoro Artístico, de la cual era vocal.

Con la derrota del bando republicano en la Guerra Civil, tanto ella como su marido fueron castigados por su ideología de izquierdas, perdiendo su marido la cátedra de la universidad y regresando María al Archivo de Hacienda de Valencia, bajando dieciocho niveles en el escalafón del Cuerpo.

Posteriormente se instaló con su marido en Madrid, llegando a ser su marido catedrático de Física de la Universidad de Salamanca y ella directora de la Biblioteca de la Escuela Técnica Superior de Ingenieros Industriales de Madrid.

Entre su obra destaca su “Diccionario de Uso del Español”, publicado en dos grandes volúmenes en 1966 y 1967. Le llevó confeccionar este diccionario, nada más y nada menos que la friolera de quince años. Es uno de los diccionarios más completos que hayan existido jamás. Era un diccionario de definiciones, de sinónimos, de expresiones y frases hechas, y de familias de palabras, al que le agregó una sintaxis y una gramática con numerosos ejemplos.

 

En 1972 se propuso que formara parte de la Real Academia Española. Pero fue elegido para el puesto, Emilio Alarcos Llorach. María dijo al respecto que entendía que finalmente fuera elegido Emilio Alarcos, ya que su obra no era extensa, sino que su único mérito para formar parte de la Real Academia Española era la elaboración de un diccionario; aunque si ese diccionario lo hubiera escrito un hombre, diría: “¡Pero y ese hombre, cómo no está en la Academia!”

 

Sacada de su contexto histórico, no parece una biografía destacable históricamente; sí en el ámbito de la cultura pero no en el de la historia. Sin embargo, ubicándola en el escenario de aquellos años, María Moliner pertenece a un elenco de mujeres que vivieron en un mundo de hombres y que estaban hechas de otra pasta, por así decirlo.

 

María fue contemporánea de Madame Curie, que cuando ingresó en la Sorbona de París, de entre los 776 estudiantes matriculados en la Facultad de Ciencias, sólo 27 eran mujeres y tuvo que subsistir mediante la enseñanza de clases particulares, llegando a sufrir desmayos causados por el hambre. Por si fuera poco, en su Polonia natal se le denegó un puesto académico de su especialidad científica por ser mujer.

 

María Moliner también era contemporánea de María Dominguez, primera alcaldesa elegida democráticamente en 1932 en Gallur –Aragón-. Tuvo que formarse de manera autodidacta. Fue forzada al matrimonio a los 18 años, sufriendo malos tratos. Abandonó a su marido y emigró a Barcelona, donde subsistió cosiendo medias a domicilio, oficio que cuando regresó a Aragón tuvo que compaginar con sus estudios de magisterio y con sus publicaciones en periódicos.

 

Todas estas mujeres vivieron en un mundo en el que las mujeres ni siquiera podían votar. Hasta 1928 no se aprobó el sufragio femenino en Inglaterra. En España la primera vez que las mujeres ejercieron su derecho al voto fue en 1933 y en Francia, 1945.

 

La biografía de María Moliner es la de una de esas pocas mujeres que en aquellos tiempos triunfaron académicamente en un mundo de hombres y que inspiraron a las demás mujeres a luchar por sus derechos. Todo ello a costa de trabajar muchísimo más duro y de ser mucho más brillantes que sus homólogos varones, recibiendo, en la mayoría de los casos, menor reconocimiento del que deberían haber recibido, tan sólo por su condición de mujer.

 

Hoy en día hay bibliotecas dedicadas a María Moliner, no sólo en su Aragón natal, como puedan ser el caso de la Biblioteca Pública María Moliner –localizada en la plaza de San Agustín de Zaragoza– o la Biblioteca María Moliner de la Facultad de Filosofía y Letras –localizada en el campus universitario de Plaza San Francisco en Zaragoza- ; sino también en el resto del país.

 

Santiago Navascués Alcay

Lcdo. en Historia por la Univ. de Zaragoza.

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