ROGER DE LAURIA: ALMIRANTE DE LA CASA DE ARAGÓN

En 1283, Pedro III “el Grande” de la Corona de Aragón nombraba a Roger de Lauria almirante, teniendo desde entonces el mando de las flotas reales. Hasta aquí bien, un alto cargo más, podríamos decir. Pero ¿quién fue realmente este hombre? Roger nació en la localidad italiana de Lauria, situada al sur de Italia, en el año 1245. Por lo tanto, el hombre de aragonés, catalán, valenciano o mallorquín tenía poco. Sin embargo, llegaría a alcanzar el puesto más alto dentro del escalafón militar de la Corona de Aragón en sus fuerzas navales.

Roger nació en el Reino de Nápoles en plena época de dominio de los Hohenstaufen. Esta familia germana era abiertamente enemiga del papado, por lo que en 1266 Roma trabajó junto a Francia para derrocarles del trono de Nápoles e instaurar al francés Carlos de Anjou –para saber un poco más del tema podéis leer el artículo Almogávares: el terror de oriente-.

Una vez que Carlos de Anjou logró el trono napolitano, que incluía la isla de Sicilia, hubo muchos oriundos del reino italiano que no admitieron el dominio francés ni los excesos de estos contra la población. Se fueron creando movimientos de oposición, pero la represión de los franceses acabó con la muerte de muchos de los opositores o, en el mejor de los casos, con su exilio. Eso fue lo que le pasó a un joven Roger de Lauria, que contrario al dominio francés, tuvo que exiliarse, siendo acogido en la corte barcelonesa de Jaime I “el Conquistador”. Allí creció y se siguió formando como marino, terminando por forjar una lealtad inquebrantable hacia la Casa de Aragón.

En 1282, el hijo y sucesor de Jaime I, Pedro III de Aragón, estaba deseoso de expandir territorialmente a la Corona de Aragón por el Mediterráneo, y su gran objetivo era hacerse con la corona napolitana haciendo valer los derechos de su esposa Constanza, la única hija viva del último de los reyes Hohenstaufen de Nápoles. Tras la rebelión de los sicilianos del 30 de marzo de 1282, estos ofrecieron la corona de Sicilia a Pedro III, con lo que comenzaba la Guerra de las Vísperas Sicilianas contra los franceses.

Estos se presentaban con una aparente superioridad militar frente a las tropas de la Corona de Aragón, pero Pedro III supo cómo contrarrestarla. El plan principal consistía en el dominio total del mar Mediterráneo para así romper las líneas de comunicación y abastecimiento del enemigo, y después mover tropas libremente de una zona a otra para llevar a cabo ataques relámpago, que dejaban en nada la supuesta superioridad francesa. Y aquí es donde entra Roger de Lauria. El rey le nombró almirante, poniendo bajo sus manos las flotas de guerra, y el resultado del conflicto cambió totalmente. Roger logró importantísimas victorias navales, como en la misma bahía de Nápoles frente al príncipe de Tarento, heredero del trono napolitano, victoria que permitió una gran campaña por toda la costa de Calabria –sur de Italia- en 1284. Al año siguiente acudió a las costas catalanas, donde derrotó totalmente en la Batalla de Formigues a la flota francesa que apoyaba la invasión de Cataluña por parte de Felipe III de Francia. Gracias a esta victoria, Felipe no tuvo más remedio que retirarse totalmente derrotado, muriendo poco después por un brote de peste en su campamento. Las victorias de Roger fueron imprescindibles para que Sicilia acabara en manos de la Casa de Aragón, y que tiempo más tarde fuera anexionada por la corona.

El cronista catalán Bernat Desclot puso en la boca de Roger de Lauria una famosa frase que probablemente nunca dijo, pero que ha pasado a la posteridad como símbolo del poder de los reyes de Aragón en el Mediterráneo. Cuenta Desclot en su obra que un día Roger fue interpelado por el conde de Foix, emisario del rey de Francia, a lo que este le contestó:

“Señor, no sólo no pienso que galera u otro bajel intente navegar por el mar sin salvoconducto del rey de Aragón, ni tampoco galera o leño, sino que no creo que pez alguno intente alzarse sobre el mar si no lleva un escudo con la enseña del rey de Aragón en la cola para mostrar el salvoconducto del rey aragonés”.

Roger de Lauria fue premiado por sus servicios a la Corona de Aragón con el condado de Cocentaina –Alicante-, a donde se retiró hasta su muerte en el año 1305. Fue enterrado en el monasterio cisterciense de Santes Creus –Tarragona-, al pie del sepulcro de su gran señor, Pedro III “el Grande” de Aragón.

Sergio Martínez Gil

Lcdo. en Historia por la Univ. de Zaragoza

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