MARTÍN I “EL HUMANO”

Martín I, conocido como “el Humano” o “el Viejo”, es quizás uno de los monarcas de la Corona de Aragón más desconocidos y que normalmente apenas es nombrado por su muerte sin descendencia, que llevó al famoso Compromiso de Caspe de 1412 y a la llegada de los Trastámara al trono. Fue rey de Aragón, Valencia, Mallorca, Cerdeña, Córcega, conde de Barcelona, del Rosellón y de la Cerdaña, pero en un principio su destino estaba más allá de la corona aragonesa.

Fue el segundo hijo varón de Pedro IV “el Ceremonioso”, fruto de su matrimonio con Leonor de Sicilia. Por lo tanto, su destino no era llegar al trono, o al menos al aragonés. En 1380 murió Federico III de Sicilia, por lo que este reino y según la línea de sucesión tenía que regresar a manos de la Corona de Aragón. Pedro IV decidió que la isla siciliana, que realmente le había traído numerosos quebraderos de cabeza al reino durante el último siglo, se quedara de forma definitiva en manos de la Casa de Aragón, pero no de forma directa, por lo que le dio la corona a su hijo Martín.

No lo tuvo fácil, pues parte de la nobleza siciliana tuvo el apoyo de los Anjou franceses, que un siglo después seguían ambicionando el dominio de la isla. Martín organizó una expedición militar con la que tomó la ciudad de Palermo y otras ciudades. Sin embargo, todavía estaba enfrascado en intentar dominar la isla completamente cuando recibió la noticia de la muerte de su hermano mayor, Juan I, quien dejaba este mundo sin herederos varones (1396). De la noche a la mañana Martín se convirtió en rey de la Corona de Aragón y viajó para la península tras dejar el trono de Sicilia a su hijo Martín “el Joven”.

Martín tardó en llegar debido a la situación de continua insurrección en Sicilia, por lo que en un primer momento fue su esposa, María de Luna, quien tuvo que hacer frente a los primeros problemas del reinado de su marido. En primer lugar, la esposa del difunto Juan I, Violante de Bar, no cejaba en su gusto por el poder, continuando con diversas intrigas incluyendo el anuncio de que su esposo la había dejado embarazada antes de morir, con el problema que ello podía conllevar a los derechos al trono de Martín. Por otro lado, el conde de Foix, Mateo I, estaba casado con Juana de Aragón y Armagnac, hija de Juan I, por lo que el conde francés decía tener más derechos al trono que Martín gracias a los supuestos derechos sucesorios de su esposa. Todo un culebrón medieval.

Mateo de Foix armó entonces un ejército que cruzó los Pirineos y arrasó la cuenca del Segre hasta llegar a Barbastro, a la cual sitió. El conde de Urgell levantó sus propias mesnadas y en nombre de Martín I derrotó a las tropas de Mateo, quien tuvo que regresar de nuevo a Francia y poner fin a sus aventuras en Aragón, eliminando así el gran obstáculo que representaba para el nuevo monarca.

La situación en la Corona de Aragón no se presentaba muy halagüeña en los albores del siglo XV. Europa entera se encontraba en crisis. La llegada de la Peste Negra en 1348 estaba azotando el continente de forma intermitente, lo que provocó una importante crisis demográfica que afectó a los diferentes Estados a todos los niveles. La falta de población, crisis económicas, años de malas cosechas, guerras,…; todo ello minó la pujanza de Europa en aquellos años, y los diferentes Estados de la corona no fueron un caso diferente. Ya en los últimos años del reinado de Pedro IV la corona vio perder algunos territorios en el Mediterráneo como los ducados de Atenas y Neopatria, mientras que la crisis económica –hay que ver lo que se repite la historia-, provocó la quiebra  de numerosas compañías comerciales catalanas, que se habían convertido en una de las piedras angulares de la economía de la Corona de Aragón en tiempos de “el Ceremonioso”. La crisis llegó hasta tal punto que la propia monarquía tuvo que empeñar su preciada corona de oro y piedras preciosas que nunca pudo recuperar. Además, Juan I no destacó por ser un monarca que cuidara la situación de las arcas, sino que más bien fue famoso por su gusto por la caza y por lo refinado de su corte, lo cual conllevó importantes gastos.

Martín I llegó por fin a Zaragoza donde juró los fueros en la Seo ante las cortes del reino el 13 de octubre de 1397, aunque no fue coronado hasta abril de 1399. Una de las políticas que trató de llevar fue desmarcarse de la política pronobiliar que había llevado hasta entonces su hermano, e intentó atraerse a las oligarquías de las ciudades. Sin embargo, estas estaban divididas entre sí en diferentes bandos según los intereses de unos y otros, y Martín I, siempre indeciso, nunca supo encontrar la forma de solucionar el problema. Además, la propia nobleza disputaba sus propios conflictos. Por ejemplo, en el Reino de Aragón, las disputas entre los Luna y los Urrea llevaron a provocar luchas armadas y una gran conflictividad en el reino, al igual que en Valencia, donde llegó a ser asesinado hasta el propio gobernador de la ciudad.

Para tratar de solucionar esta situación de inestabilidad convocó cortes generales en Maella en 1404, en las que dio mayores atribuciones al Justicia de Aragón para juzgar casos de trifulcas particulares, prohibió el uso de ciertas armas como ballestas a no ser que fuera para defender el hogar en caso de ataque, así como otras disposiciones para evitar los continuos enfrentamientos internos.

Pero el acontecimiento que sin duda marcó su reinado fue el llamado Cisma de Occidente. Francia mantuvo durante buena parte de la edad media el empeño de controlar los designios del papado como un arma política de gran poder, lo que le sirvió por ejemplo para poder excomulgar a Pedro III “el Grande” de Aragón para tratar de hacerse con Sicilia, aunque al final les salió el tipo por la culata. Tal fue el dominio de la curia romana por parte de los franceses que entre 1309 y 1377 la sede pontificia no estuvo en Roma, sino en Aviñón, que aunque por entonces era parte de los Estados Pontificios estaba muy cerca de Francia, por lo que estaba totalmente a su merced.

Pero en 1378 la situación cambió cuando el papa Gregorio XI decidió volver a colocar su sede en Roma. Una multitud de luchas entre diversas facciones, unas profrancesas, otras que buscaban un papa italiano más independiente, llevaron a producir el mencionado cisma, que entre 1378 y 1417 provocó que la Iglesia Católica se dividiera en dos. Durante esta etapa existió una parte de la Iglesia que obedecía a Roma y otra que mantenía su fidelidad a Aviñón. Imaginad muchas de las diócesis de toda Europa con dos obispos a la vez, monasterios con dos abades, etc. Fueron años de auténtico caos.

Es en este contexto en el que en el año 1394 el aragonés Pedro de Luna, perteneciente a una de las familias más importantes del reino y pariente además de la esposa de Martín I, fue elegido papa en Aviñón por el colegio cardenalicio, eligiendo el nombre de Benedicto XIII. Sin embargo, los franceses le retiraron muy pronto su apoyo por su origen aragonés, pues la Corona de Aragón y Francia eran enemigas casi irreconciliables por sus intereses comunes en los Pirineos, el Mediterráneo y sobre todo en Italia; además de por ser un pontífice muy poco dócil. Esto provocó una fuerte división, con numerosos cardenales que dejaron de apoyar a Pedro de Luna, e incluso apenas quedaron los reinos de Castilla, Aragón, Escocia y Sicilia manteniendo fidelidad a su pontificado. Fue en esta etapa en la que llegó a haber tres papas a la vez, aunque Pedro de Luna mantuvo siempre que él era el papa legítimo, pues era el único que había sido nombrado cardenal antes de que se produjera el cisma en la Iglesia.

Este episodio afectó mucho al reinado de Martín I, quien apoyó a Benedicto XIII por los beneficios que podía reportarle que hubiera un aragonés en el solio papal. Parece que el monarca llegó a entablar una verdadera relación de amistad con el papa, e incluso en 1403, cuando este se encontraba asediado por fuerzas francesas en Aviñón, Martín intervino con sus tropas para rescatarlo, dándole refugio desde entonces en Peñíscola.

En política exterior, los esfuerzos de Martín I se consumieron en algunas expediciones militares en el norte de África y en mandar ayuda militar para controlar Sicilia y sofocar las continuas rebeliones en Cerdeña que, apoyadas por Génova , hacía más de medio siglo que estaban agotando las arcas reales. Finalmente el rey logró mandar una gran flota de 150 naves que derrotó a la armada genovesa, poniendo por fin punto final a la rebelión sarda. Pero cuando parecía que el futuro comenzaba despejarse un poco, en 1409 murió en aquella isla su hijo y heredero Martín “el Joven”, quien cedió a su padre la corona de Sicilia.

Se abrió entonces un enorme problema sucesorio pues el rey no tenía más hijos a los que legar sus Estados. Trató de solucionarlo volviendo a casarse con la joven Margarita de Prades, pero no logró fruto alguno, por lo que trató de nombrar heredero a su nieto Fadrique de Luna, vástago ilegítimo de su hijo Martín “el Joven”. Llegó incluso a llevarlo a la Corona de Aragón para educarle en las tareas de gobierno, pero nunca logró el apoyo de las cortes para legitimarlo. Finalmente, el 31 de mayo de 1410 murió Martín I a los 54 años sin haber podido nombrar a un heredero, poniendo fin a la Casa de Aragón, y abriéndose un interregno de dos años en los que hasta seis pretendientes se disputaron el trono de la corona.

Sergio Martínez Gil

Lcdo. en Historia por la Universidad de Zaragoza

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