EL CONSEJO DE ARAGÓN

El 11 de diciembre de 1936 el Consejo Regional de Defensa de Aragón, más conocido como Consejo de Aragón, fue reconocido como órgano del gobierno republicano en el territorio aragonés no controlado por los sublevados. Durante aproximadamente seis meses constituyó el único gobierno efectivo en la zona. Pero no podemos adentrarnos en los detalles sin situarnos en antecedentes.

Todo comenzó cuando el 18 de julio se produjo el Golpe de Estado que desencadenaría la Guerra Civil. Al sublevarse una gran parte del ejército, el gobierno republicano se vio desprotegido y sin su principal recurso para reprimir insurrecciones. ¿Cómo contener al ejército si no cuentas con él para hacerlo porque se te ha sublevado? Ante esta ausencia de brazo armado para restablecer el orden, las organizaciones de izquierdas pidieron al gobierno que les entregara las armas de las que disponía, con el objetivo de encargarse ellos mismos de combatir a los golpistas. Sin embargo, el gobierno temía tanto o más a las organizaciones de izquierdas, que a los sublevados; pues preveían que en lugar de defender al gobierno republicano, utilizarían las armas para desencadenar la revolución que no pudieron llevar a cabo hasta entonces. Dada esta situación, el gobierno intentó negociar con los golpistas para que desistieran en su pronunciamiento. Pero estos no cejaron en su empeño y todo diálogo fue inútil. En las únicas zonas donde no triunfó el levantamiento, fue en aquellas en las que las fuerzas del orden del lugar –Guardia Civil y algunos mandos del ejército- permanecieron indecisas o fieles a la República; decisión que no era fácil de tomar, ya que los insurrectos ejecutaban como enemigos y traidores a todos aquellos que no se unieran a su causa. Finalmente, al gobierno no le quedó más remedio que entregar armas a las organizaciones de izquierdas para que apoyaran a aquellos que habían permanecido fieles. Paradójicamente, como dijo Julián Casanova: “un golpe de estado contrarrevolucionario, que intentaba frenar la revolución, acabó finalmente desencadenándola”.

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Frente de Aragón

Al entregar las armas a los revolucionarios, principalmente anarquistas de la CNT, estos se hicieron con el control de Cataluña y Valencia y avanzaron en columnas hacia Aragón. El resultado fue que Aragón quedó dividido en dos mitades: una mitad occidental gobernada por los sublevados y una mitad oriental dirigida por los revolucionarios. En la mitad occidental se encontraban las capitales de provincia –Huesca, Zaragoza y Teruel-. La mitad oriental, además de verse privada de las capitales de provincia de la que dependían el resto de localidades más pequeñas, se vio aislada de Madrid y Barcelona. Por ello se hizo necesario un mínimo sistema de organización y de gobierno con el que regularizar la vida económica y social de estas comarcas. Fue en estas circunstancias cuando, en el octubre de 1936, fuerzas políticas y representaciones locales y regionales constituyeron el Consejo Regional de Defensa de Aragón, presidido por el militante cenetista Joaquín Ascaso, con capital primero en Fraga y definitivamente en Caspe.

Al gobierno de la República nunca le gustó la idea de que el territorio quedara en manos de los anarquistas. Pero en diciembre no le quedó más remedio que aceptar la situación y reconocer al Consejo de Aragón como órgano del gobierno republicano en el área. Era eso o instaurar un vacío de poder y un caos que habría sido aprovechado por el ejército franquista. Esto supuso que durante unos seis meses, en la práctica fuera un pequeño Estado independiente y revolucionario, con sus luces y sus sombras, dentro del Estado Republicano.

Las primeras declaraciones del Consejo de Aragón fueron que pretendían “recoger el afán colectivista respetando al pequeño industrial y al pequeño campesino”, así como colaborar con el gobierno nacional en la guerra contra los golpistas. Sin embargo, aunque muchas colectividades fueron un éxito como comunidades sociales, su contribución a la guerra dejaba bastante que desear. Es difícil valorar la gestión económica de las colectivizaciones anarquistas pero el historiador Hugh Thomas señaló que la producción de carbón en las minas de Utrillas, tan sólo alcanzó la décima parte de lo que se producía antes de la guerra. No obstante, hay que atribuirles el mérito de mantener fructíferas relaciones con la Generalitat de Cataluña, que dieron como resultado el intercambio de productos agrícolas y materiales aragoneses por elaboraciones industriales catalanas.

El gobierno republicano hizo esfuerzos titánicos por construir un ejército republicano de verdad que no dependiera de las milicias obreras. Cuando lo consiguió, el presidente de la República, Juan Negrín, decretó el 18 de agosto de 1937 la disolución del Consejo de Aragón, nombrando gobernador general de Aragón a José Ignacio Mantecón. Para su disolución fue necesaria la intervención de la 11ª División del Comandante Líster y el arresto de Joaquín Ascaso y otros miembros del Consejo, acusados entre otras cosas de contrabando de joyas.

Finalmente, muchas colectividades fueron ocupadas y saqueadas por campesinos que se habían mantenido al margen de las mismas. Otras fueron ocupadas por unidades militares de tendencia comunista. Y por último, los dirigentes de la CNT pusieron todo su empeño en evitar ejecuciones de anarquistas a cambio de aceptar la disolución del Consejo de Aragón.

Santiago Navascués Alcay

Lcdo. en Historia por la Univ. de Zaragoza

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