EL PRIMER CHOCOLATE EUROPEO, MADE IN ARAGÓN

Sabido es que el chocolate, originado del cacao, fue traído a Europa desde América por los conquistadores españoles en el siglo XVI. Pero es menos conocido el hecho de que el primer chocolate que se fabricó en Europa se hizo en tierras aragonesas, y más concretamente en el Monasterio de Piedra,  cerca de Calatayud –Zaragoza-. Pero, ¿cómo llegó a las manos de los monjes de este monasterio?

La primera referencia existente de un occidental hablando del chocolate pertenece al conquistador del Imperio Azteca, Hernán Cortés, en una carta fechada un 30 de octubre de 1520. En ella habla así del cacao:

es una fruta como almendras, que ellos venden molida, y tienen en tanto que se trata por moneda en toda la tierra y  con ella se compran todas las cosas necesarias en los mercados y otras partes”.

Vemos pues que los aztecas usaban el cacao de dos formas; como moneda y también para fabricar chocolate, una bebida que era considerada como propia de los dioses. Común era que el emperador Moctezuma lo bebiera en copas de fino oro.

Pero no será hasta 1534 cuando el chocolate llegue a España. Un monje de la orden del Císter, Fray Jerónimo Aguilar, que había acompañado a Hernán Cortés en su expedición a México, decidió mandar a su amigo, el abad del Monasterio de Piedra  Antonio de Álvaro –perteneciente a la Orden del Císter- una carta con la receta y con una remesa de granos de cacao. Los monjes del monasterio cocinaron esa receta, en la que por primera vez se le añadía al cacao, azúcar, canela y vainilla, para así endulzarlo y evitar el característico sabor amargo del chocolate puro.

Fue así como se comenzó a fabricar el chocolate en España, que por entonces, como buena potencia mundial que era, era imitada en costumbres por el resto de países del continente, siendo así exportada esta nueva bebida a las diferentes cortes europeas. Con el tiempo, el tazón de chocolate caliente adquirió la fama de bebida característica de los españoles, y por ende del mundo católico, mientras que el té y el café, que eran más propios de las colonias anglosajonas, serían las bebidas propias de las naciones protestantes.

Así pues, si alguna vez visitáis el Monasterio de Piedra, no dudéis en dar un paseo por sus estancias, y recordad que en sus cocinas se hizo Historia. Gastronómica, sí, pero Historia al fin y al cabo.

Sergio Martínez Gil

Lcdo. en Historia por la Univ. de Zaragoza

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