LA GUERRA SERTORIANA (II PARTE)

En la primera parte del artículo hablamos de los antecedentes de la Guerra Sertoriana y del desarrollo bélico de la misma, aquella guerra que dejó su impronta en nuestras tierras y después de la cual, nada fue igual.

En esta segunda parte nos centramos en la personalidad de Sertorio, en las consecuencias de la guerra para los habitantes del valle del Ebro y en el tratamiento que la historiografía ha dado a la figura de Sertorio a lo largo del tiempo.

La muerte de Sertorio, grabado de MYRIS Silvestre David, Figures de l ’ histoire de la République romaine, accompagnées d ’ un précis historique, París, 1799, número 141.
La muerte de Sertorio,
grabado de MYRIS Silvestre David, Figures de l ’ histoire de la République romaine, accompagnées d ’ un
précis historique,
París, 1799, número 141.

 

LAS TÁCTICAS DE SERTORIO

Sertorio era un brillante general que conocía el terreno, pues había servido con anterioridad a ser nombrado gobernador de la Hispania Citerior en las guerras celtibéricas. Supo empaparse de las técnicas propias de l

a guerra de guerrillas de los indígenas y enseñar a su ejército – integrado en gran parte por hispanos – las tácticas propias del ejército romano.

Además era un hábil político y diplomático. Durante su anterior estancia en Hispania fue testigo de la desconfianza de los indígenas hacia Roma a causa de los abusos de los anteriores gobernadores. Por eso, para adherirlos a su persona, respetó a sus élites, reformó la administración y rebajó los impuestos.

Usó las armas para someter a aquellas localidades que no le eran leales, pero su gran número de adeptos entre las comunidades hispanas se debía principalmente a su labor diplomática. Organizó asambleas representativas de los diferentes pueblos, hizo partícipe a los indígenas del gobierno y, por último, fundó una “academia” en Osca donde formaba a los hijos de las élites indígenas a la romana, siendo en realidad rehenes que aseguraban la lealtad de sus padres.

CONSECUENCIAS DE LA GUERRA

Esta guerra dejó una fuerte impronta en nuestra tierra. Como ya he señalado en el apartado anterior, una parte considerable del ejército de Sertorio, si no la mayor parte, estaba integrado por la población local. No era algo nuevo que los celtíberos fueran contratados como mercenarios en los ejércitos romanos, pero sí que era una novedad esta participación masiva indígena en los ejércitos de Roma. Esto sin duda jugó un papel muy importante en la aculturación de este colectivo. Nunca antes unos provincianos habían influido con tal magnitud en la política de Roma. Además fundó en Osca una “Academia” donde educó a la romana a los hijos de la aristocracia indígena. Aunque, como se ha citado anteriormente, eran rehenes que utilizaba para mantener la lealtad de sus padres. Este hecho influyó notablemente, sin ninguna duda, en la romanización de la zona.

También cambió completamente la estructura poblacional. Los vascones, que eran los mayores enemigos de los celtíberos, se vieron beneficiados por su lealtad a Pompeyo y su influencia se extendió hasta Alaun – actual Alagón -. Muchas localidades fueron destruidas en el transcurso de la guerra y abandonadas para siempre, como manifiesta el yacimiento de La Cabañeta – Burgo de Ebro –, que algunos investigadores creen que era el campamento militar Castra Aelia que únicamente nos nombra Tito Livio. En cualquier caso, debía de haber un buen número de campamentos militares que no nos citan las fuentes y de los que no tenemos noticia alguna.

Por otra parte, muchos campamentos establecidos durante la guerra dieron lugar a ciudades como es el caso de Pompaelo – actual Pamplona -, fundada por Pompeyo. Una vez terminada la guerra, se concentró a la dispersa población en ciudades, para controlarla más fácilmente. Este hecho fue muy importante, ya que influyó notablemente en la urbanización del valle del Ebro. Y por último, se deportó a la población más rebelde. Con todas estas medidas, la zona se pacificó y se romanizó definitivamente. Así pues, podemos resumir las consecuencias de la guerra en una sola: la romanización del valle del Ebro.

LA HISTORIOGRAFÍA Y SERTORIO

La historia es impredecible, no es como las matemáticas o la química. Un hecho “a” no siempre da lugar a un hecho “b”. Sin embargo, la historia esconde leyes que pueden extrapolarse a todas las épocas. Una de estas leyes universales vino a ser expresada de manera acertada por José Luis Corral en su libro La Corona de Aragón: manipulación, mito e historia, y por eso me limito a reproducir sus palabras: “La Historia (con mayúscula, como disciplina) es un arma ideológica formidable. Pero también una disciplina propicia para la interpretación, la manipulación y la tergiversación. Y el Poder, en todos los tiempos y consciente de ello, la ha utilizado para justificarse. De ahí que quien lo ejerce, en cualquier época, se sirve de la Historia para defender sus posiciones del presente”. A esto podría añadirse una segunda ley: la historia la escriben los vencedores.

Estas leyes son tan arcanas como la historia misma y, por ello, extrapolables a todas las épocas. También a la Antigua Roma. Por consiguiente, cuando leemos las fuentes escritas de la Antigüedad sobre Sertorio debemos tener en cuenta que este perdió la guerra y que quienes escribieron aquello servían a los intereses del Poder, que utilizaba la historia para justificar su presente.

El lector avezado podrá imaginar que la información que tenemos de los historiadores de la época que escribieron sobre Sertorio no es nada benigna con su persona. Nuestra labor es, con la mayor imparcialidad posible, desentrañar qué hay de cierto en esas informaciones y qué hay de propaganda política.

Las principales fuentes que nos hablan de Sertorio son Salustio, Diodoro, Livio y más tardíamente Apiano y Plutarco. La mayor parte de la información nos la proporcionan estos dos últimos, que escriben sobre Sertorio siglos después de que ocurrieran los hechos. Ambos personajes beben de la misma fuente: de Salustio. Sin embargo, su análisis de Sertorio es radicalmente distinto debido a que sus objetivos son totalmente opuestos.

El principal objetivo de Apiano es mostrar las dificultades por las que atraviesa el estado romano cuando se ve inmerso en una guerra civil y, por eso, es hostil a personajes como Sertorio, que provocan guerras civiles. Por el contrario, la obra de Plutarco es un conjunto de biografías de personajes ilustres contrapuestas a otra serie de biografías de figuras notables. Por lo tanto, decide de antemano qué celebridad es buena para contraponer su biografía a la de otra persona malvada, y a Sertorio le tocó en suerte ser el bueno.

Así, Apiano nos presenta a Sertorio como un hombre cruel, hostil a Roma, que abandona las costumbres romanas y presenta su acercamiento con la población indígena como una barbarización del personaje. No le queda más remedio que reconocer su talento militar pero lo hace comparándolo con Aníbal, que fue el mayor enemigo de Roma.

Busto escultórico de Plutarco
Busto escultórico de Plutarco

Plutarco presenta a Sertorio como un hombre tranquilo, sosegado, paciente y bondadoso, con un gran talento militar. Nos habla de un Sertorio completamente romano y presenta su acercamiento a la población indígena como un intento civilizador de la población local. Sertorio es un agente civilizador. Y su apoyo entre la población indígena se debe a su virtud, a su carisma, propio de un romano, que hace que sea seguido por todos.

Es obvio que ninguna de las dos versiones es del todo cierta. La facción silana, que fue la que venció, convirtió a Sertorio en enemigo público de Roma, y a la guerra sertoriana en una guerra contra extranjeros, contra hispanos, contra bárbaros. Para ellos Sertorio es un traidor a la patria, capaz de aliarse con los bárbaros para hacerse con el poder, de ahí su alianza con los hispanos y con los piratas cilicios. Esta visión quedó reforzada por el intento de Mitrídates de aliarse con Sertorio, que Apiano mostró como una iniciativa del propio Sertorio, que a cambio del apoyo de Mitrídates concedía a este la provincia de Asia.

Sin embargo, la propaganda sertoriana encontrada en restos arqueológicos y el hecho de que instituyera un Senado en Osca, nos muestra que la guerra sertoriana fue una guerra entre romanos en la que acabaron involucrándose los indígenas, y que Sertorio no pretendía independizarse en Hispania de Roma, sino acabar atacando Italia desde Hispania para derrocar al régimen silano e instaurar el status quo anterior a la dictadura de Sila.

Santiago Navascués Alcay

Licenciado en Historia por la Univ. de Zaragoza

 

BIBLIOGRAFÍA

  • Manzano Chinchila, G., Simón Castejón, V. y Pina Polo, F.; “La Guerra Sertoriana (83-72 a.C.)” en Sopeña Genzor, G. (ed.); Aragón Antiguo. Fuentes para su estudio, Departamento de Ciencias de la Antigüedad de la Universidad de Zaragoza, 2012,.
  • García Mora, F.; Quinto Sertorio. Roma, Granada, 1991.
  • García Mora, F.; Un episodio de la Hispania republicana: la Guerra de Sertorio. Planteamientos iniciales, Granada, 1991.
  • Pina Polo, F.; “Sertorio, Pompeyo y el supuesto alineamiento de los Vascones con Roma”, en Andreu Pintado, J.; Los Vascones en las fuentes antiguas: en torno a una etnia de la antigüedad peninsular , Barcelona, 2009.
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