LA CONQUISTA DE CERDEÑA

Antes de la coronación de Jaime II de Aragón (1291- 1327), su hermano y antecesor en el trono, Alfonso III (1285-1291), hizo un testamento en 1287 en el que determinaba que los territorios peninsulares de la Corona de Aragón pasarían a su hermano Jaime, mientras que Sicilia la recibiría Fadrique, el hermano menor.

A la muerte de Alfonso III en 1291, Jaime II ignoró su testamento e invistió en Mesina -Sicilia- a Fadrique (1295-1337)  como lugarteniente general de Sicilia. De esta forma el rey Jaime II mantenía el poder sobre los territorios peninsulares y sobre Sicilia a través de su hermano. El monarca dejó claro que sus razones atendían al testamento de su padre, Pedro III “el Grande” (1276-1285), considerando que tenía mayor relevancia que el de Alfonso III. De esta forma interrumpía la política de los reyes medievales de repartir los reinos entre sus hijos al morir.

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Árbol genealógico descendientes de Jaime I “el Conquistador”.

Estos acontecimientos provocaron el disgusto de Carlos II de la dinastía francesa de Anjou (1285-1309), rey de Nápoles, que reclamaba Sicilia considerándose legítimo posesor de ese reino. La cercanía diplomática entre los Anjou, el papado y Francia dificultaron la política exterior de Jaime II en cuanto al nombramiento como lugarteniente general de Sicilia a su hermano, por lo que el rey aragonés buscó infructuosamente una segura amistad con Sancho IV de Castilla (1284-1295). Sin embargo, este veía más seguro trabajar una amistad con Francia que con el rey aragonés.

Dada la situación que se le planteaba a Jaime II y sus intereses sicilianos, decidió abrir vías diplomáticas para conseguir a un acuerdo sin llegar a las armas. Así fueron sucediendo una serie de tiras y aflojas entre la Casa de Aragón, el Papado y los Anjou hasta llegar al tratado de Anagni de 1295.

La situación mejoró en diciembre de 1294, cuando se eligió al papa Bonifacio VIII (1294-1303), un pontífice más alejado de los intereses del Reino de Francia, aunque seguía apoyando a sus vecinos Anjou. Basándose en su alianza con los Anjou de Nápoles se dispuso a solucionar el problema. De esta forma, se reunieron en 1295 en Anagni Carlos de Anjou (1285-1309), los embajadores del rey de Aragón y los del rey de Francia, junto con el papa, para legalizar una serie de acuerdos.

Entre lo acordado en el tratado de Anagni destacamos que el rey de Aragón se comprometió a renunciar a sus derechos en Sicilia, dándoselos al Pontífice y éste a su vez se los daría a los Anjou. Además, Jaime II se habría de esforzar en disuadir a su hermano Fadrique, aunque fuera por la fuerza, en el caso de que no quisiera abandonar Sicilia. En contrapartida, se le ofreció a Jaime II el feudo del Reino de Córcega y Cerdeña, que le sería infeudado dentro de unos pocos años más. Este reino, como veremos a continuación, no existía como tal hasta la creación expresa por el papa en el tratado, por lo que Córcega y Cerdeña eran dos islas que estaban repartidas entre distintos señores, pero sin ninguna corona que los uniese.

Cerdeña antes de la invasión

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Cerdeña.

A finales del siglo XIII la isla de Cerdeña se encontraba políticamente dividida, en rasgos generales, en cuatro grandes territorios llamados giudicatos. Esta denominación se traduce como juzgado y es la denominación sarda del nombre de la antigua administración bizantina de la isla que la dividía en departamentos administrativos llamados iudicatus. Por lo general los jueces o giudices  actuaban como soberanos en sus territorios.

Primero tenemos los territorios del giudicato de Cagliari y el giudicato de Gallura, que pertenecían al Común de Pisa, salvo algunas plazas que eran propiedad de Gherardo della Gherardesca, conde de Donoratico y ciudadano pisano.

captura de pantalla 2019-01-11 a las 12.20.33En segundo lugar tenemos las familias sardo-genovesas: la familia Doria era propietaria del giudicato de Torres o Logudor; y la familia de los Malaspina dominaba los lugares de la isla, aunque se trataban de plazas menores. También estaba Sassari y sus territorios circundantes que desde 1236 formaban una autonomía local pactada y dependiente de Génova.

Finalmente tenemos el giudicato de Arborea, gobernado por los descendientes de una familia catalana, los Bas-Cervera, que unos ciento cincuenta años atrás había emparentado con la dinastía gobernante de los Serra.

La expedición a Cerdeña (1323-1324)

Desde el tratado de Anagni (1295) a la expedición aragonesa a Cerdeña (1323), el rey Jaime II (1291-1327) tiene que ocuparse de diversos asuntos tanto exteriores como en sus propios territorios. Entre ellos podemos enumerar una nueva intervención en Sicilia, las campañas en Murcia (1296-1307), los procesos contra los templarios (1307-1312) o la Guerra del Estrecho.

Toda esta amplia política del monarca aragonés retrasó la adquisición de Cerdeña; sin embargo, ha habido un debate historiográfico sobre si esta actitud de retrasar la campaña se debe al empeño para que todo esté bien atado antes de ejecutarla o por lo contrario de la poca importancia que se le daba frente a otros asuntos. Gracias a aportaciones de autores como Salavert (1959: 434) y Tangheroni (1993: 49-54) nos decantamos más por la primera opción. De todas formas, Jaime II en estos años no perdió de vista las coyunturas italianas, vigilando a las ciudades de Pisa y Génova. Recordemos que ambas ciudades tenían de una forma u otra presencia en la isla. Además también desplegó una campaña de simpatía hacia la causa aragonesa por las zonas de Cerdeña más antipisanas.

Con todo, tenemos que esperar al 11 de abril de 1323, cuando Hugo II de Arborea (1321-1336), principal valedor del partido proaragonés, inició una serie de hostilidades frente a los pisanos de Cerdeña que desencadenaron unas revueltas antipisanas en diversas partes de la isla bajo control pisano. Tengamos en cuenta que la familia de los Arborea poseía uno de los cuatro judicatos de Cerdeña, por lo que su apoyo no era cosa menor.

El 5 de julio de 1323 se firmaba el acuerdo de vasallaje entre Hugo II de Arborea y Jaime II de Aragón. En este pacto, Hugo II se reconocía como vasallo de Jaime II de Aragón y el rey le reconocía las posesiones de Hugo II del juzgado de Arborea y aquellas posesiones fuera del juzgado.

De manera inmediata, el rey Jaime II mandó a la isla una flota de 53 galeras con alrededor de 1.000 caballeros, 2.000 ballesteros y 3.000 infantes a la isla, dirigida por el príncipe heredero Alfonso, con 24 años -el futuro Alfonso IV de Aragón-. La flota llegó el 12 de junio de 1323 al puerto de Palmas, poniendo rápido asedio a los dominios pisanos de Cagliari y a Iglesias -centro de extracción de plata en la isla- en una campaña que duraría desde junio de 1323 hasta julio de 1324.

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Principales campañas militares.

Durante esta campaña, Pisa sufrió dos importantes derrotas, la de la Batalla de Lucocisterna y la de la Batalla del golfo de Cagliari; esto, junto con la capitulación de Iglesias -7 de febrero de 1324- y la rendición pactada de Cagliari -12 de Julio de 1324-, provocó que Pisa tuviera que reconocer la soberanía de los Aragón en Cerdeña. Ya el 19 de julio de 1324 la Corona de Aragón controlaba las posesiones pisanas de los judicatos de Cagliari y de la Gallura.

Esto no trajo la paz a la isla, pues enseguida aparecieron revueltas sardo-genovesas en Sassari (1325) y en Cagliari (1326). Parecía ser que de la misma forma que los Arborea no se sentían cómodos con el anterior dominio pisano de la isla, ahora los sardo-genoveses estaban recelosos del dominio aragonés. Además, estas revueltas estaban apoyadas por Génova, quien veía a la Corona de Aragón como su principal competidora en el Mediterráneo occidental. La revuelta de Sassari fue solucionada a instancias del juez de Arborea que actuó como hombre fuerte de la Corona de Aragón en la isla yendo a negociar y resolviéndole el problema al rey. Consiguió que Sassari pasara a control directo de la Corona, mientras que en Cagliari se decidió expulsar a la población y repoblar la ciudad, lo que provocó una nueva revuelta en 1329.

Con esta situación se abrió un nuevo conflicto entre la Corona de Aragón y Génova, donde esta última intentó explotar al máximo la baza de los señores sardos en Cerdeña para minar el poder aragonés en el Mediterráneo occidental. Sin embargo, comenzaba así una estrecha relación entre la corona aragonesa y Cerdeña que duraría hasta comienzos del siglo XVIII.

Iván Zapater Alonso

Lcdo. en Historia por la Univ. de Barcelona

Bibliografía

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Casula, F.C.(1990) La Sardegna aragoneses. Vol. II, Sassari, Chiarella.

Casula, F.C. (1993) <<Il ”Regnum Sardiniae et Coriscae” nell’espansione mediterranea della Corona d’Aragona. Aspetti politici>>. XIV Congresso di Storia della Corona d’Aragona. La Corona d’Aragona in Italia (secc. XIII-XVIII),vol. I, Sassari

Ferrer, M.T.(2000) <<La guerra d’Arborea alla fine del XIV secolo>> Giudicato d’Arborea e Marchesato di Oristano: Proiezioni Mediterranee e aspetti di Storia Localel Iº Convegno Internazionale di Studi.Oristano, pp. 535-620

 Salavert, V. (1959) <<Los motivos económicos en la conquista de Cerdeña>>VI Congreso de Historia de la Corona de Aragón. Madrid, pp. 433-446

Sanna, M.(2014) <<L’infeudazione del “Regnum Sardiniae et Coriscae” un problema storiografico>> Sardegna catalana.Institut d’Estudis Catalans, Publicacions de la Prèsidencia, nº 41, Barcelona, pp. 45-60

Tangheroni, M. (1993) <<Il “Regnum Sardiniae et Coriscae” nell’espansione mediterranea della Corona d’Aragona. Aspetti economici>> XIV Congresso di Storia della Corona d’Aragona. La Corona d’Aragona in Italia (secc.XIII-XVIII),vol. I, Sassari, pp. 49-88.