LA ZARAGOZA OCUPADA POR NAPOLEÓN

El 9 de julio de 1813 las tropas francesas abandonaban Zaragoza tras cuatro años y cinco meses de ocupación, cruzando el Puente de Piedra y dirigiéndose hacia los Pirineos, no sin antes volar por los aires el último de los arcos del puente, el más cercano al Arrabal, para tratar de frenar el avance de sus perseguidores, las tropas españolas al mando de Espoz y Mina. Aún quedó un grupo de soldados napoleónicos encastillados en la Aljafería, que resistieron hasta el 2 de agosto. Muchas veces, los historiadores hablamos hasta la saciedad de los famosos Sitios de Zaragoza. Pero lo cierto es que la capital del Ebro acabó capitulando, y a ello le siguieron más de cuatro años de dominio francés, del cual se pasa muy de puntillas.

Tras la caída de la ciudad en febrero de 1809, Napoleón nombró a Louis Gabriel Suchet como Gobernador General de Aragón, dándole libertad de acción, de modo que solo rendía cuentas ante el propio emperador francés y no ante el teórico rey de España, José I. En la práctica Aragón casi pasó a ser un territorio más del imperio francés. Zaragoza era una ciudad arrasada, que había perdido a muchísima población durante los Sitios, pero que intentaba recuperarse de algún modo después de su paso por el infierno. Lo cierto es que los ocupantes, dentro de su vanagloria, no pasaron desapercibidos gracias a sus innumerables fiestas y actos sociales que llevaron a cabo en la ciudad durante la ocupación, teniendo como grandes maestros de ceremonias al propio Suchet y a su esposa Honorine Anthoine de Saint-Joseph. La pareja se alojó en el palacio del conde de Fuentes, que estaba en el solar que actualmente ocupa la sede de un famoso banco en el Coso, junto al Palacio de Sástago que sí que se ha conservado. Allí establecieron una especie de corte franco-aragonesa en la que fueron muy frecuentes las grandes fiestas y actos protocolarios.

Suchet centró buena parte de su trabajo en el intento de llevar a cabo una ocupación efectiva tanto de Aragón como de los territorios colindantes, algo que comenzó a ser realmente difícil debido a la acción de la guerrilla. Sin embargo, sí que contó con el apoyo de un buen número de colaboradores españoles a los que se acabó denominando como “afrancesados”, incluidas la mayoría de instituciones del territorio: la Sociedad Económica de Amigos del País, la Casa de Ganaderos, la Academia de San Luis, e incluso la propia Iglesia.

Pero también fue muy activa la actividad antifrancesa, que luchaba entre líneas para debilitar la posición de los ocupantes. Suchet se empleó también en el intento de reactivación de la actividad económica de Zaragoza y la región, sobre todo encaminada a lograr de nuevo el flujo de dinero para así poder generar un mayor cobro de impuestos.

Incluso zonas icónicas que recuerdan en Zaragoza esa lucha contra los franceses, como el céntrico Paseo de la Independencia, fueron curiosamente un proyecto francés. La zona que ocupa hoy dicho paseo estaba ocupada antes de los Sitios por casas, monasterios y conventos, destacando el de Santa Engracia. Tras los combates, toda esa zona quedó arrasada, y las autoridades francesas quisieron aprovecharlo para crear un gran bulevar al más puro estilo parisino.  El arquitecto municipal Joaquín Asensio, inspirándose en la rue de Rivoli de París, diseñó el que iba a denominarse como “Paseo Imperial”. Se llegaron a comenzar las obras, aunque el dinero apenas alcanzó para colocar algunos bancos y árboles, hasta que se paralizaron totalmente en septiembre de 1812. El avance de la guerra y de las tropas aliadas británicas, españolas y portuguesas hizo finalmente que en julio los franceses abandonaran la ciudad, quedando el proyecto enterrado. Pero solo por un tiempo, pues en 1833 se retomó, ahora ya con Martín de Garay primero, y con Tiburcio del Caso. El paseo recibió primero el nombre de “Salón de Santa Engracia”, y fue más adelante cuando finalmente adquirió su denominación actual.

Sergio Martínez Gil

Lcdo. en Historia por la Univ. de Zaragoza

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