LA LLEGADA DEL NEOLÍTICO

Haciendo un breve repaso histórico, el Neolítico es el período de la prehistoria en que los seres humanos descubren la domesticación de plantas y animales y dejan de agruparse en tribus de cazadores-recolectores para congregarse en poblados permanentes, viviendo de la agricultura y ganadería. A todo esto se une el gran logro de la aparición de la cerámica.

El Neolítico surgió por primera vez en Oriente, en torno a los grandes cauces fluviales, hacia el 10.000 a.C. Emergió como una necesidad ante la escasez de de plantas y animales, a consecuencia de un cambio climático que desecó el clima. Desde allí fue extendiéndose por Europa. Se calcula que el Neolítico llegó a la Península Ibérica en el séptimo milenio antes de Cristo.

Lo curioso es que, desafiando a la lógica, el Neolítico llegó antes a la zona ocupada por la actual provincia de Huesca y al valle medio del Ebro que a la costa. Esto lo conocemos gracias a las cerámicas. Este invento del Neolítico se compone de arcilla, agua y un desgrasante que tiene como función evitar la excesiva plasticidad de la arcilla. Hay varios tipos de desgrasante y cada uno de ellos nos indica una cronología y un espacio geográfico diferente, como veremos a continuación.

Las primeras cerámicas neolíticas de Aragón tenían calcita como desgrasante, al igual que en la Provenza francesa -situada a orillas del Mediterráneo-, y a diferencia de las cerámicas de la costa catalana que utilizaban otro desgrasante. Con lo cual, se trataba de poblaciones de origen distinto.

Sabemos que el Neolítico llegó por dos vías a la península ibérica. Por un lado tenemos un Neolítico en el que utilizaban hoces curvas, que pasó de Sicilia a Túnez y bordeando la costa norte-africana, llegó a Andalucía y Levante. Por otro lado existe otro Neolítico en el que utilizaban hoces planas, que llegó desde Córcega y Sicilia a la Provenza francesa y desde allí se expandió hacia la península ibérica, pero no por mar, sino por una ruta interior.

Como se puede apreciar en el mapa, el nacimiento del río Aude, que tiene lugar en losSegre Pirineos franceses y desemboca en el Mediterráneo francés, en la Provenza; casi se toca con el nacimiento del río Segre en los Pirineos españoles, río que confluye con el Cinca para desembocar en el Ebro. Curiosamente, el Neolítico no se desplazó de la costa de Provenza o de Córcega a la costa catalana, como podría parecer más lógico, sino que remontó el río Aude y bajó por el río Segre y Cinca hasta el valle medio del Ebro. Es por eso que la arqueología nos dice que los yacimientos neolíticos del valle medio del Ebro y de Huesca son anteriores a los de la costa catalana y que la cerámica de Aragón utilizaba calcita como desgrasante, al igual que en Provenza.

Puede parecer extraño pero, es solo porque hoy en día no somos conscientes del papel que han jugado los ríos en la historia. Hasta la invención del ferrocarril, los ríos han desempeñado la crucial función de autopistas que comunicaban a los pueblos. La navegación fluvial era el medio más rápido para llegar a cualquier lugar, hasta el punto que el Neolítico, por medio de los ríos, llegó antes al interior que a la costa.

Santiago Navascués Alcay

Lcdo. en Historia por la Uni. de Zaragoza