CURIOSIDADES ACERCA DE LA VIRGEN DEL PILAR

Cuenta la tradición, leyenda o mito –como lo quiera llamar cada cual según sus creencias-, que el 2 de enero del año 40 d.C. la Virgen María se apareció a Santiago el Mayor en Caesaraugusta. María llegó a Zaragoza «en carne mortal» –antes de su asunción– y como testimonio de su visita habría dejado una columna de jaspe conocida popularmente como “el Pilar”. Se cuenta que Santiago y los siete primeros convertidos de la ciudad edificaron una primitiva capilla de adobe a orillas del Ebro. Por consiguiente, os estaréis preguntando: ¿por qué se celebran las fiestas del Pilar el 12 de octubre y no el 2 de enero, que es cuando supuestamente tuvo lugar la venida de la Virgen? Os lo contamos  más adelante.

En época tardo-romana se construyó una capilla a la Virgen a orillas del Ebro que sobrevivió a la dominación musulmana. Cuando Alfonso el Batallador conquistó Zaragoza en 1118 a los musulmanes, se construyó un templo románico en el lugar donde estaba aquella capilla que, al parecer, se encontraba en un estado lamentable. No es casualidad que en esta época se decidiera construir a Santa María la Mayor  –como se llamaba por aquel entonces a la Virgen del Pilar un templo de mayores dimensiones, para lo que fue necesaria financiación internacional, puesto que en aquel lugar la Virgen se le había aparecido al apóstol Santiago, el apóstol de la “reconquista” que se apareció en la batalla de Clavijo contra los musulmanes, pasando desde entonces a ser denominado Santiago Matamoros. Dicho de otro modo, la Virgen del Pilar se asociaba al apóstol Santiago, patrón de la “reconquista” junto con San Jorge que se apareció en la batalla de Alcoraz, así que no es de extrañar que el momento en el que se le construyera un templo románico, fuera recién conquistada la ciudad.

Su estructura fue dañada por una fuerte riada y a finales del siglo XIII se inició su restauración en estilo gótico-mudéjar. De acuerdo con fuentes de la época, la reina Blanca de Navarra, esposa de Juan II el Grande de Aragón, experimentó una curación milagrosa atribuida a la Virgen del Pilar y en agradecimiento marchó al santuario en julio de 1434. Entonces se impulsó su culto, algo normal, si recordamos que en la Baja Edad Media, se potencia en toda Europa el culto a las Vírgenes, siendo la Virgen María el santo más poderoso por ser la madre de Dios.

No obstante, durante toda la Edad Media Santa Engracia gozó de mucha más devoción entre los zaragozanos que la Virgen del Pilar, y no fue hasta el siglo XVII cuando se la declaró patrona de Zaragoza, a pesar de la popularidad de Santa Engracia. ¿Qué cambió en el siglo XVII?

En el siglo XVII ocurrió un increíble suceso en Calanda. Nos referimos al milagro del que fue protagonista Miguel Pellicer. A esta persona se le atribuye el hecho de que le fuera restituida la pierna, que le fue amputada en octubre de 1637. Supuestamente fue la Virgen del Pilar la que obró el milagro. Esto ocurrió el 29 de marzo de 1640 y fue proclamado como milagro el 27 de abril de 1641 por el arzobispo Pedro Apaolaza Ramírez, tras un proceso en el que intervinieron tres jueces civiles y fueron interrogados veinticinco testigos. Ese mismo año, el rey Felipe IVFelipe III de Aragón– mandó traer a palacio a Miguel Pellicer y, arrodillándose ante él, le besó la pierna. Este hecho prodigioso determinó que en 1642 la Virgen del Pilar se convirtiera en copatrona de Zaragoza, junto a San Valero. La devoción a la Virgen del Pilar se había extendido por toda la península. En 1678, el virrey Pedro Antonio de Aragón llamó a Cortes en nombre del rey Carlos II, a fin de declarar a la Virgen como patrona de Aragón. Es también en este siglo, sobre el templo gótico, cuando se inicia la construcción de la basílica barroca del Pilar que conocemos hoy en día.

El 10 de octubre de 1613, el Concejo –ayuntamiento–  de Zaragoza acordó guardar anualmente el día 12 de aquel mes, con lo que la fiesta religiosa del 12 de octubre pasó a ser también festividad civil. Finalmente, el papa Clemente XII aceptó en el siglo XVIII el 12 de octubre como fecha para la celebración de la «festividad de la Virgen María aparecida en carne mortal», a pesar de que la Virgen se apareciera el 2 de enero y no el 12 de octubre.

Pero ¿todo esto era simplemente la oficialización de la religiosidad popular que desde finales de la Edad Media en toda Europa se decantaba más por el culto a las Vírgenes que por el de otras santidades –y Zaragoza no sería una excepción-, o más bien era algo orquestado desde arriba? Claramente fue el Concejo de Zaragoza el que declaró a la Virgen del Pilar patrona de la ciudad, tras el milagro de Calanda y el que daba fiesta el día 12 de octubre, originando así las fiestas del Pilar; y fue el virrey de Aragón el que propuso en las Cortes declararla patrona de Aragón. El siglo XVII fue el gran momento de la Contrarreforma, que surgió como reacción a la Reforma protestante en la centuria anterior. Es uno de los siglos de mayor beligerancia en la Iglesia y uno en los que más milagros se produjeron, sobre todo de la Virgen María, continuándose con la potenciación del culto a la Virgen, algo que se venía haciendo desde la Baja Edad Media. Es posible, por tanto, que en el siglo XVII aumentara el culto a la Virgen del Pilar, dado el contexto histórico, social y religioso en el que nos encontramos, pero que los zaragozanos olvidaran a Santa Engracia y decidieran que la Virgen del Pilar fuera su patrona parece algo un poquito artificial. ¿Cómo llegó entonces a olvidarse a Santa Engracia y a convertirse la Virgen del Pilar en lo que es hoy en día?

Situémonos ahora en los años de la Guerra de la Independencia contra el dominio francés. Fue en 1808, en los Sitios de Zaragoza, aquellos sitios protagonizados por las tropas de Napoleón, donde destacó la heroína Agustina de Aragón, cuando la Virgen del Pilar se convirtió realmente en patrona de los zaragozanos. La iglesia de Santa Engracia, tan singular y bella obra arquitectónica, había de venirse casi totalmente al suelo en la noche del 13 al 14 de agosto de 1808, por la explosión de una mina con la que quiso dejar tras su retirada el general francés Lefebvre, un panorama de ruinas. Fue un acto de odio, una venganza por la enconada resistencia de los zaragozanos, puesto que el francés sabía de la especial devoción que sentían los ciudadanos por Santa Engracia. De la iglesia y el monasterio, tan sólo se conservó la portada y la cripta. Todo lo demás –lo que podemos ver hoy en día– es una reconstrucción que tuvo lugar a partir de 1882. La ciudad de Zaragoza era una ciudad bella, llena de palacios, que incluso era considerada la Florencia de España, pero que arrasaron totalmente durante los sitios de las tropas napoleónicas. Uno de las pocas construcciones que sobrevivieron, a pesar de los intentos de los franceses por destruirla, fue la Basílica del Pilar, donde se refugiaba la población. Es ahí cuando los zaragozanos hicieron suya a la Virgen del Pilar y olvidaron a Santa Engracia, cuya iglesia había sido destruida.

Demos otro salto en el tiempo. La madrugada del 3 de agosto de 1936, durante la Guerra Civil Española, un trimotor republicano Fokker lanzó cuatro bombas, de 50 kilogramos cada una, sobre la Basílica del Pilar. Una cayó al Ebro, otra en la plaza del Pilar, la tercera atravesó el techo de la basílica y la última llegó a penetrar la bóveda del coreto de la Virgen y a causar serios daños en el marco dorado de La adoración del nombre de Dios, obra de Francisco de Goya. Ninguna de ellas llegó a estallar ni a causar daños de consideración, hecho que fue atribuido a un milagro de la Virgen. Algunas versiones hablan de que en realidad las bombas manipuladas las lanzó la aviación franquista para lograr propaganda contra la República, diciendo que era capaz de bombardear un santo lugar como el Pilar. Sea como fuere, las lanzase quien las lanzase, la realidad es que nunca habrían explotado, pues todas carecían de espoleta. Dos de las bombas se exhiben hoy en día en pilastras cercanas a la Santa Capilla, aunque hay quienes dudan de su autenticidad por carecer de abolladuras o rasguños. Aún con todo, este episodio se entendió como un milagro y ayudó a dar la magnitud que tiene hoy en día la Virgen del Pilar y sus mismas fiestas.

Durante el período franquista, el concejal Rodeles y el alcalde Gómez Laguna decidieron impulsar las fiestas del Pilar mediante una ofrenda de flores, tradición que no es anterior a estas dos personalidades. Por otro lado, se prohibieron otras festividades de tipo laico como la Cincomarzada. El impulso de las fiestas del Pilar era el fortalecimiento de una festividad católica y era también la celebración del triunfo sobre los republicanos “rojos y ateos” – por utilizar la terminología franquista de la época – que intentaron destruir el Pilar. El propio Franco era muy devoto de la Virgen, ayudando a profundizar la consideración de ésta como gran patrona.

El hecho de que la Virgen del Pilar sea patrona de la Hispanidad también tiene su intríngulis. El 12 de octubre, fecha en la que se celebran la festividad del Pilar, coincide con el día en que Cristóbal Colón llegó al continente americano. Ya a finales del siglo XIX se empezaba a mencionar el 12 de octubre como el “Día de la Hispanidad”, también llamado a veces “Día de la Raza”, conmemorando la llegada de Colón a América. La festividad se consolidó cuando se celebró por primera vez en 1935 en Madrid, durante la Segunda República. Sin embargo, el título de “Reina de la Hispanidad” siempre lo había ostentado la Virgen de Guadalupe de México. Fue el papa Pio XII el primero en llamar a la Virgen del Pilar como “Madre” o “Reina de la Hispanidad” y conviene tener en mente el contexto en el que el papa concedió tal distinción: por aquella época, la Iglesia firmaba concordatos con dictadores como Franco. Durante el franquismo, la Guerra Civil se presentó como una cruzada contra los “rojos ateos que asesinaban curas” –según los apelativos de la época-. De este modo, personalmente me pregunto: ¿La concesión de semejante reconocimiento a la Virgen del Pilar por parte del papa en los primeros años del franquismo fue casualidad o fue más bien la concesión de un capricho a Rodeles y Gómez Laguna, amigos que querían magnificar las fiestas del Pilar? Al fin y al cabo, favor con favor se paga. Ante tal pregunta que hago pública, cada cual puede sacar sus propias conclusiones.

Por último, es preciso que este artículo se entienda no como una crítica o un ataque a la Virgen del Pilar o a las fiestas del Pilar, sino como una explicación de un proceso histórico, de por qué y cómo la Virgen del Pilar y sus fiestas son hoy en día lo que son.

Santiago Navascués Alcay

Ldo. en Historia por la Univ. de Zaragoza

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