JOSÉ DE CALASANZ. EL ARAGONÉS QUE ENSEÑÓ A LOS POBRES.

El 17 de diciembre de 1583 fue ordenado sacerdote José de Calasanz, santo que fue inmortalizado por el pintor, también aragonés, Francisco Goya en su cuadro La última comunión de José de Calasanz. Fue un precursor de la educación pública, tal y como la conocemos hoy en día en todo el mundo.

Nació en 1546 en Peralta de la Sal y su padre era el alcalde del pueblo, quien no veía con buenos ojos la vocación religiosa de Calasanz, ya que al morir su hermano mayor, pretendía que administrara las propiedades de la familia. Para lo que era habitual en la época, su vida estudiantil fue muy itinerante, pues estudió en Estadilla, en la Universidad de Lérida, en la Universidad de Valencia y en la de Alcalá de Henares. Durante todos estos años se formó en humanidades, filosofía, derecho canónico y teología.

En 1585 ya había adquirido el suficiente renombre como para asistir a las Cortes de Monzón y actuar de secretario de la comisión de reforma de los agustinos recoletos de Aragón. Haciendo caso a los consejos de Andrés Capilla, obispo de Urgel; en 1591 marchó a Roma, donde trabajó como preceptor de la familia Colonna, una de las familias nobles más importantes de Roma e incluso de Europa.

A los pocos años de su estancia en Roma, el río Tíber se desbordó matando a unas 2000 personas. Calasanz colaboró en las labores de beneficencia y de ayuda a los afectados, quedando conmovido por el grado de analfabetismo e incultura de las capas más humildes de la sociedad que no podían costear estudios a sus hijos. En estas circunstancias ideó la creación de una escuela gratuita abierta a todos los niños, especialmente a los más necesitados. Para conseguir tales fines, buscó apoyo entre las autoridades de la Iglesia y las familias más ricas de la ciudad, pero todos rechazaron su proyecto.

A pesar de sus problemas de financiación, en 1597 fundó la primera escuela gratuita de Europa, llamada “Escuela Pía”. El éxito de esta fue rotundo y en 1617 el papa Paulo V erigió la “Congregación de las Escuelas Pías”, nombrando como prefecto a José de Calasanz. En 1621 el papa Gregorio XV concedió a la congregación el título de “Orden de los Clérigos Regulares Pobres de la Madre de Dios de las Escuelas Pías”. Nacía así la Orden de los Escolapios, única orden que profesa un voto de dedicación exclusiva a la enseñanza. En menos de 40 años se crearon 40 Escuelas Pías repartidas por diferentes ciudades europeas, dedicándose a educar de manera gratuita a todas aquellas personas sin recursos, competencia que con el tiempo acabaron asumiendo los Estados modernos.

El bueno de Calasanz no sólo tuvo el mérito de ser el primero en educar de manera gratuita a los pobres, sino que además escribió un buen número de tratados destinados a reglamentar cómo debían funcionar estas escuelas y la enseñanza en las mismas, influyendo sus escritos en los sistemas educativos actuales de todo el mundo. Sistematizó la enseñanza por niveles y ciclos. Dividió la enseñanza en educación primaria y formación profesional, aunque a veces había una clase de párvulos. Situó la edad de escolarización de los niños en los seis años, al igual que hoy en día. Dividió la educación primaria en nueve cursos y sólo se pasaba de curso si se aprobaban los exámenes generales, que debían hacerse cada cuatro meses. Además, sin abandonar la enseñanza de latín, decidió que se debía instruir a los niños en la lengua de su país.

Finalmente, fue beatificado en 1748 y canonizado en 1767. Tras ser declarado por el papa Pío XII en 1948 patrono de todas las Escuelas Pías, el santo aragonés cuenta con algún monumento en todas aquellas ciudades donde hay este tipo de escuelas.

 

 

Santiago Navascués Alcay

Lcdo. en Historia por la Univ. de Zaragoza.

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