INDÍBIL Y MANDONIO. PROTAGONISTAS DE LA RESISTENCIA ÍBERA

Monumento a Indíbil y Mandonio en Lérida
Monumento a Indíbil y Mandonio en Lérida

La conquista romana de Hispania duró  nada más y nada menos que casi dos siglos. Fue una conquista ardua y difícil en la que cobraron relevancia los celtíberos, por la heroica resistencia de Numancia; y los lusitanos, liderados por el famoso Viriato. No obstante, el sometimiento de los pueblos íberos no fue un paseo militar. En la rebeldía de los íberos jugaron un papel destacado Indíbil y Mandonio, que lideraron a los ilergetes, un pueblo íbero que ocupaba gran parte del actual Aragón y de la provincia de Lérida.

Indíbil y Mandonio participaron en la Segunda Guerra Púnica, oscilando su posición entre la alianza con los cartagineses o con los romanos. Según Livio, al inicio de la guerra, en el 217 a.C., ambos iniciaron incursiones desde el valle medio del Ebro a la costa catalana, zona recientemente ocupada por los romanos al mando de Gneo Escipión. Hubo un enfrentamiento entre los ilergetes y las tropas del general romano, en el que venció este último. Según Livio, fue una confrontación carente de importancia, aunque da una cifra nada desdeñable de 1000 muertos.

Los romanos, comandados por Gneo Escipión y su hermano Publio Escipión, afianzaron el dominio de la zona costera situada al norte del río Ebro y envalentonados por sus éxitos, cruzaron el río y avanzaron hacia el sur. Corría el año 211 a.C., cuando salió al encuentro de los romanos un amplio contingente. Este estaba dirigido por Magón y Asdrúbal Giscón, y formado por la suma del ejército cartaginés y de la caballería númida del norte de África. Una vez más según Livio, Indíbil, fiel a su alianza con los cartagineses, pretendía unirse al ejército de Magón y Asdrúbal. En esta ocasión el ilergete estaba al frente, no sabemos si como aliados o mercenarios, de 7500 suessetanos –pueblo que habitaba en la zona de las Cinco Villas-. Cuando Publio se enteró de la noticia, salió rápidamente por la noche de su campamento con la intención de encontrarse con Indíbil, antes de que se uniera con sus suessetanos a los efectivos cartagineses y númidas. El resultado fue que se vio envuelto en una emboscada y acabó muriendo y viendo como su ejército era derrotado.

Apiano situó esta emboscada en Cástulo, que se encontraba en la actual provincia de Jaén. Esta batalla está rodeada por un halo de misterio. Por un lado, sorprende que Indíbil marchara hasta la actual Andalucía, que se encontraba a cientos de kilómetros de su patria. Y por otro lado, es chocante que acudiera al mando de suessetanos, que no se sabe si eran íberos –al igual que él-, o eran indoeuropeos, o vascones. Hay varias teorías al respecto que no voy a tratar en esta entrada.

Al morir los dos hermanos Escipiones, fue enviado a Hispania Publio Cornelio Escipión, más conocido como Escipión el Africano, sobrino de Gneo e hijo de Publio. Este, en el 209 a.C., tomó la ciudad de Cartago Nova –actual Cartagena-, principal bastión del enemigo. Allí, los cartagineses tenían recluidos a rehenes de los pueblos hispanos, por medio de los cuales se aseguraban su lealtad. El general romano los liberó, ganándose la adhesión de todos los indígenas que habitaban al norte del Ebro, incluidos Indíbil y Mandonio. De hecho, la esposa de Mandonio y las hijas de Indíbil figuraban entre los rehenes liberados.

Por las fuentes romanas es difícil saber el tipo de liderazgo que ejercían Indíbil y Mandonio sobre los ilergetes. Supuestamente eran hermanos y puede que se tratara de una monarquía dual con un poder compartido. Lo que está claro es que los romanos los percibían como reyes de los ilergetes y que su autoridad se extendería más allá del territorio ilergete, encabezando una coalición de pueblos indígenas.

Ambos personajes creyeron haber entablado una alianza con Publio el Africano y no con Roma. En el 206 a.C., Publio expulsó definitivamente a los cartagineses de Hispania y la presencia de los romanos en la península, para los pueblos indígenas ya no tenía ninguna razón de ser. Sin embargo, ese mismo año, tras expulsar a los cartagineses, Publio fundó la ciudad de Itálica –cerca de la actual Sevilla-, lo que manifestaba la voluntad de los romanos de quedarse. Además, corrió el rumor de que el general romano estaba gravemente enfermo, incluso que había muerto, e Indíbil y Mandonio consideraron que quedaban liberados de sus acuerdos con Publio.

Los ilergetes se aliaron con celtíberos y lacetanos para saquear el territorio de sus vecinos suessetanos y sedetanos. El problema era que ambos pueblos eran aliados de Publio, quien en realidad no estaba muerto. El ejército romano se enfrentó y derrotó a los ilergetes en algún lugar próximo al Ebro. Indíbil y Mandonio consiguieron huir y pidieron clemencia a el Africano, quien sólo les exigió pagar una indemnización.

Pero la pacificación fue efímera, pues en el año 205 a.C. volvieron a rebelarse con el objetivo de expulsar a los romanos de Hispania y recuperar su independencia. Finalmente, se enfrentaron a los romanos coaligando un gran número de pueblos indígenas, resultando derrotados e Indíbil muerto en combate. Ante la derrota, Mandonio envió legados para concertar la rendición. Pero los romanos exigieron la entrega de Mandonio y de los principales cabecillas de la rebelión si querían evitar que devastaran el territorio de los ilergetes y de todos los pueblos sublevados. Mandonio y los cabecillas fueron entregados y ajusticiados. Después de esto, autorizaron a los rebeldes a seguir habitando sus tierras, aunque les obligaron a entregar las armas, les impusieron una fuerte tributación y les forzaron a entregar rehenes. Fue el último conato de resistencia de los íberos.

 

Santiago Navascués

Lcdo. en Historia por la Univ. de Zaragoza

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