SANCHO RAMÍREZ Y AL-MUQTÁDIR: DOS COLOSOS ENFRENTADOS (I PARTE)

Aprovechando que el 4 de junio fue la efeméride de la muerte de Sancho Ramírez en el asedio de Huesca -año 1094-, hemos decidido dedicarle un artículo de mayor extensión a la que le dimos en su día en nuestra página de facebook. Esto se debe a la importancia que supone su figura para el Reino de Aragón, pero sin minusvalorar a su máximo rival, Al-Muqtádir, nacido también en tierras que hoy en día son aragonesas y cuya grandeza y dotes de buen gobernante no iban a la zaga de Sancho.

taifas 1037
Los reinos de taifas hacia el año 1037

ANTECEDENTES

Tras la dictadura de Almanzor y de sus hijos, el Califato de Córdoba se descompuso y las ciudades más populosas de Al-Andalus alcanzaron la independencia. Hacia 1013 la situación en Al-Andalus era tremendamente convulsa: varios príncipes se disputaban el trono califal buscando apoyos tanto entre la poderosa aristocracia árabe cordobesa como entre los linajes más influyentes de Al-Andalus.

Aprovechando la confusión, logró hacerse con el poder en Saraqusta -Zaragoza-  un arrojado soldado llamado Mundir, miembro de la rama de los tuyibíes. Hijo de un simple soldado y fiel a Almanzor, en 1006 había ascendido a gobernador de Tudela y supo acoger bajo su protección a influyentes personajes que habían servido a Almanzor y a sus hijos. Logró así algunos apoyos y en 1013 recibió el gobierno de Zaragoza de manos de Sulaymãn al-Musta᾿ ῖn, uno de los efímeros califas que se sucedieron en Córdoba. En su nueva condición de gobernador de Saraqusta supo ganarse la fidelidad de los partidarios de los amiríes -parientes y seguidores de Almanzor-, además de la de los miembros de su propio linaje, y asentó su poder en la ciudad de tal modo y con tal firmeza que en 1018, y ante la descomposición del Califato, se sintió con fuerza suficiente como para proclamar la independencia de Saraqusta y convertirse en rey del primero de los reinos taifas de Al-Andalus.

Al-Andalus quedó dividido en pequeños reinos llamados taifas, muy débiles, enfrentados entre sí, que además eran sometidos a parias por los reinos cristianos del norte. Estas no eran un simple impuesto que las taifas pagaban a los reinos cristianos del norte peninsular, sino que eran acuerdos. La taifa pagaba un impuesto llamado paria al reino cristiano con el que establecía un pacto que consistía en que este no sólo se comprometía a no atacarla, sino que además prometía defenderla y tener los mismos enemigos. La taifa de Saraqusta estaba rodeada de este tipo de reinos cristianos –Castilla, Navarra y Aragón-, como podéis ver en el mapa.

Estando así las cosas, los tuyibíes de Saraqusta tuvieron un final trágico. Durante el verano del año 1038 estalló en la futura capital aragonesa una fuerte oposición a Mundir II. Uno de sus cadíes -especie de juez-, llamado ῾Abd Allãh ibn Hakim, primo del rey, encabezó una revuelta y al frente de algunos partidarios asaltó el alcázar real el 23 de agosto de 1038; allí fueron ejecutados Mundir II y su visir judío Yequtiel ibn Ishaq.

El asesino prometió entregar el poder a Sulaymãn ibn Hῦd, gobernador de Lérida, miembro de una de las más poderosas familias de Saraqusta, hombre de gran prestigio militar y político. Sin embargo no lo hizo y, por el contrario, acuñó moneda con su nombre. Los días que siguieron fueron muy confusos y por toda la ciudad se extendió una gran perturbación. ῾Abd Allãh ibn Hakim usurpó el trono durante un mes.

Pero los ciudadanos no lo apoyaron y pasada la sorpresa de los primeros momentos se amotinaron contra él. La plebe, quizás arengada contra el usurpador por agentes de Sulaymãn ibn Hῦd, asaltó el alcázar real y ῾Abd Allãh ibn Hakim, acosado por la muchedumbre, huyó y se refugió en el castillo de Rueda, en el valle del Jalón.

La plebe zaragozana aprovechó la confusión para saquear el alcázar con tal voracidad que “los mármoles que adornaban suelos y paredes fueron arrancados de cuajo, borrando así sus vestigios”, según nos relata Ibn ῾Idãrῖ

El gobernador de Lérida, Sulaymãn, al enterarse de que el rey de la taifa de Toledo pensaba acudir a Saraqusta para tomarla, se adelantó y con el apoyo de los tuyibíes se convirtió en el cuarto monarca de la taifa saraqustana, el primero de la dinastía hudí, con el título de Al Musta᾿ ῖn Billãh (1038-1047).

Gobernó con acierto hasta que al final de sus días dividió el reino entre sus cinco hijos; el menor Ahmad, sucedió a su padre en Saraqusta y se reveló como el más ambicioso; no tardó en disputar a sus hermanos sus herencias.

genealogía banu Hud
Genealogía de los Banu Hud. Foto tomada de “Historia de Zaragoza. Zaragoza musulmana (714-1118)”

De la dinastía BanῦHῦd que aparece en esta imagen, hemos hablado ya de Sulaymãn que fue rey de la taifa de Saraqusta y dividió su territorio entre sus cinco hijos, siendo el menor Ahmad, que acabó siendo gobernador de Saraqusta y quien disputó a sus hermanos sus territorios. Este Ahmad es el que aparece en esta genealogía como Al-Muqtadir.

En realidad su nombre era Abu Yafar Ahmad ibn Sulaymãn. Ibn Sulaymãn significaba “hijo de Sulaymãn, al igual que Rodríguez significaba hijo de Rodrigo. Lo que ocurre es que con posterioridad, en circunstancias que explicaremos en la segunda parte, adoptó el título de Al–Muqtádir Billah, que significa “el poderoso gracias a Dios”. Por lo tanto, al final de sus días su nombre completo acabó siendo Abu Yafar Ahmad ibnSulaymãn Al–Muqtádir Billah, que por comodidad hemos resumido en Al-Muqtádir.

Santiago Navascués Alcay

Licenciado en Historia por la Univ. de Zaragoza

BIBLIOGRAFÍA

 

  • Cervera Fras, M ª J.; El reino de Saraqusta, Caja de Ahorros de la Inmaculada, Zaragoza, 1999.

 

  • Corral Lafuente, J.L.; Historia de Zaragoza. Zaragoza musulmana (714-1118), Ayuntamiento de Zaragoza, Zaragoza, 1998.

 

  • Lacarra, J.Mª; Historia política del reino de Navarra. Desde sus orígenes hasta su incorporación a Castilla (I), Biblioteca Caja de Ahorros de Navarra, Pamplona, 1972-1973.

 

  • Lacarra, J.Mª; Estudios dedicados a Aragón, Universidad de Zaragoza, Zaragoza, 1987.

 

  • Viguera Molins, Mª J.; Aragón musulmán, Mira editores, Zaragoza, 1988.
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