LOS ANTECEDENTES INDÍGENAS DE ZARAGOZA: SALDUIE Y SU TALLER MONETAL

LA CIUDAD INDÍGENA

No existe unanimidad entre los arqueólogos e historiadores a la hora de determinar cuál y cuándo fue el origen de la íbera Salduie, actual Zaragoza. Cierto es que las actuaciones arqueológicas practicadas en el solar zaragozano y en el término municipal han sacado a la luz diferentes núcleos de aldeas de cabañas, pero mientras que para algunos autores uno de ellos evolucionó hasta convertirse en este oppidum – poblado fortificado – entre los años 400-250 a.C., teniendo a los restantes como establecimientos satélites, otros argumentan que el hábitat de la Edad del Hierro dio paso sin solución de continuidad al enclave ibérico, hipótesis difícilmente demostrable por el momento dado que la secuencia arqueológica no muestra esa pretendida sucesión. En contraposición a las hipótesis anteriores, una tercera defiende la posibilidad de que, hasta el último tercio del siglo II a.C., existiera un poblamiento disperso con pequeños núcleos, momento en el que uno de ellos generó Salduie, que empezó a acuñar moneda de bronce.

Sedetania
Localización de la Sedetania

De cualquier forma, sobre el nombre prerromano de Zaragoza contamos con testimonios de diversa naturaleza, pues su topónimo se ha conservado tanto en documentos de carácter epigráfico como numismático y literario. Salluitana se denomina la turma del Bronce de Ascoli, fechado en el año 89 a.C. Sus habitantes, los salluienses, son citados en la Tabula Contrebiensis – II Bronce de Botorrita – del 87 a.C., y la propia ciudad –saltuie en los epígrafes de sus monedas- era denominada por los romanos como Saldubia según el testimonio del autor romano Plinio el Viejo.

En la actualidad, la ciudad suele adscribirse dentro de la región de la Sedetania y no a la Edetania referida por el geógrafo griego Claudio Ptolomeo, desde que Guillermo Fatás -siguiendo la línea fijada con anterioridad por Pío Beltrán Villagrasa– propusiera la existencia de un territorio sedetano propio diferente al edetano en el valle medio del Ebro. Las tierras de los suessetanos y sedetanos fueron centro de los enfrentamientos entre la tribu íbera de los ilergetes y los romanos. Posteriormente, Q. Pompeyo llegó a la región a través de Malia, ciudad que ha sido identificada con la lakine indígena. De esta forma, hacia finales del siglo III a.C. y principios de la siguiente centuria, la Sedetania histórica se ubicaba territorialmente entre los ilergetes y suessetanos, teniendo a los lusones, belos y titos, así como a los turboletas, como vecinos en la zona suroccidental y suroriental respectivamente.

Durante largo tiempo, Salduie compartió con buena parte de los talleres monetales uno de los problemas más significativos para la investigación celtibérica: la identificación de las ciudades con las cecas emisoras y su ubicación en un yacimiento arqueológico concreto. Este fue uno de los temas más debatidos por la historiografía, de manera especial durante buena parte del pasado siglo. Mientras que algunos investigadores sostenían su localización bajo el suelo de Zaragoza, en torno a la zona de San Juan de los Panetes, otros, atendiendo a la ausencia casi total de restos ibéricos en las excavaciones arqueológicas, así como por la topografía urbana de la ciudad, argumentaban su ubicación en lugares próximos a la capital aragonesa, como en el yacimiento de Santa Bárbara en Valdespartera y, con mayor éxito, en el Castillo de Miranda de Juslibol – Zaragoza –. Sin embargo, fue la intensificación de los trabajos de índole arqueológica llevados a cabo en el solar zaragozano desde aproximadamente 1975, y muy especialmente la aparición de numerosas cerámicas ibéricas en los mismos, los que obligaron a una profunda reflexión y replanteamiento del problema de la ubicación de Salduie, aunque si bien es cierto no aparecía ninguna estructura arquitectónica de la ciudad ibérica.

En la actualidad, parece fuera de toda duda la superposición de las ciudades del oppidum ibérico y de la colonia romana de Caesar Augusta, fundada por Marco Vipsanio Agripa hacia el 19-18 a.C., a partir de los importantes hallazgos acaecidos en las actuaciones arqueológicas en la calle don Juan de Aragón n.º 9. No menos importantes han resultado las excavaciones en otros puntos de Zaragoza, donde las estructuras domésticas halladas confirman la participación de itálicos en la materialización de los programas decorativos murales de algunas casas pre-coloniales o los trabajos en la catedral metropolitana de la Seo del Salvador, donde también se documentaron algunas estructuras y materiales, como fragmentos cerámicos de importación de barniz negro y otros indígenas, algunos de los cuales presentan decoración pintada a base de semicírculos concéntricos, lo que ha permitido adscribirlos cronológica y culturalmente a la etapa iberorromana de la ciudad, cuya superficie se ha fijado en 10 hectáreas, en la zona noreste del asentamiento romano.

Restos prerromanos en el solar que ocupó Caesar Augusta. (Según Miguel Beltrán 2007, 30, fig. 1).
Restos prerromanos en el solar que ocupó Caesar Augusta. (Según Miguel Beltrán 2007, 30, fig. 1).

TESTIMONIOS EPIGRÁFICOS SOBRE SALDUIE

El Bronce de Ascoli

 El Bronce de Ascoli junto con la Tabula Contrebiensis  – II Bronce de Botorrita- son los dos únicos documentos de carácter epigráfico, en soporte metálico y escritos en latín que, directa o indirectamente, se refieren a Salduie y a su alto grado de romanización cultural y política. El primero de ellos es un decreto de Cneo Pompeyo Estrabón del año 89 a.C. por el que otorga diversas recompensas, así como la concesión colectiva de la ciudadanía romana a los miembros de una unidad de jinetes hispanos reclutada en la ciudad, probablemente por Cayo Valerio Flaco, como premio a su valerosa actuación en el asedio de Asculum durante la guerra de Roma contra sus aliados itálicos .

Reproducción del Bronce de Ascoli
Reproducción del Bronce de Ascoli

Es esta una excepcional fuente epigráfica donde los treinta jinetes son citados genéricamente como turma Salluitana, a pesar de que solo cuatro, llamados Sanibelser, Ilurtibas, Estopeles y Torsino procedían de Salduie. Dejando de lado la tesis de la historiografía tradicional actualmente superada, en el día de hoy existen dos hipótesis contrapuestas al respecto. La primera de ellas está defendida por Guillermo Fatás y Francisco Beltrán, investigadores que opinan que la turma fue reclutada en Salduie porque en esos momentos ejercía como capital política y administrativa del valle medio del Ebro. Por el contrario, Francisco Pina aduce que detrás de esta afirmación se esconde una anticipación histórica del papel que más tarde jugó y ejerció Caesar Augusta. De tal forma, lo que realmente pudo decantar a Cayo Valerio Flaco a reclutarla en la ciudad fueron su inmejorable centralidad geográfica en el valle medio del Ebro con respecto a los restantes núcleos de donde eran oriundos los jinetes, como Ilerda –Lérida-, Sergia o Lidia entre otros; su localización con respecto al río Ebro, dado que ninguna otra de las ciudades se localizaba a las orillas del mismo, excelente vía de comunicación para poder trasladar la unidad a Dertosa –Tortosa-, de ahí a Tarraco -Tarragona- y, finalmente, a Italia.

La Tabula Contrebiensis –II Bronce de Botorrita-

El segundo de los documentos epigráficos concernientes a la ciudad es la llamada Tabula Contrebiensis –II Bronce de Botorrita- del año 87 a.C. Contiene un texto jurídico por el que de nuevo el pretor Cayo Valerio Flaco sancionó la resolución de los magistrados de Contrebia Belaisca -Cabezo de las Minas, Botorrita- en lo concerniente a un pleito entre los salluienses y los allauonenses –actual Alagón– en relación a una canalización de aguas que los primeros realizaron en tierras de la ciudad Sosinestana.

Tabula Contrebiensis
Tabula Contrebiensis

LA CECA DE SALDUIE

 Aproximación historiográfica al taller monetal

No cabe la menor duda que el conocimiento de la moneda ibérica ha ido de la mano del descubrimiento del alfabeto y el estudio de la lengua, constituyendo las diversas obras de eruditos de la Edad Moderna como Antonio Agustín, Fulvio Ursino, Vincencio Juan de Lastanosa o Pablo Albiniano de Rajas los precedentes en el análisis de la problemática de la lectura de los textos ibéricos y la localización de los talleres monetales. De ello se ocuparon a lo largo del siglo XIX autores como Domenico Sestini, Félicien de Saulcy, Joseph Gaillard, Gustave Dan de Lorichs o Antonio Delgado, aunque fue Aloiss Heiss, quien en su Description générale des monnaies anticues de l`Espagne, obra de 1870, realizó una lectura casi correcta del epígrafe del reverso transcribiéndolo como Saluvie. Finalmente, en 1880, Jacobo Zóbel leyó correctamente el rótulo, identificando a Saldubia con la ceca de saltuie.

As de Salduie tipo B referido por Lastanosa
As de Salduie tipo B referido por Lastanosa

Una iconografía compartida

 El programa iconográfico de las acuñaciones ibéricas se caracteriza por su relativa homogeneidad, dado que sigue un modelo de representación con escasas diferencias, donde las variaciones más sustanciales vienen dadas por la tecnología que los grabadores aplicaron en la fabricación de los troqueles -moldes empleados en la acuñación de monedas-. Por lo que respecta a la ceca salluitana solo batió una emisión constituida por ases -unidad monetaria de bronce- y semis -con un valor de medio as- en el tránsito de los siglos II al I a.C., pero de muy poco volumen de acuñación a juzgar por los escasos hallazgos, entre los que destaca el tesoro de Azaila, que arrojó la cantidad de treinta y cuatro ases.

As de saltuie. Tránsito de los siglos II al I a.C.  (Tomado de: https://www.subastashervera.com)
As de saltuie. Tránsito de los siglos II al I a.C.
(Tomado de: https://www.subastashervera.com)

El tipo iconográfico principal del anverso de los ases es una cabeza masculina imberbe, con el cuello desnudo o vestido. En este último caso ostenta fíbula -especie de imperdible con el que se sujeta la túnica- como símbolo de estatus acompañada de tres delfines que la rodean mientras que, en el reverso, figura el jinete con palma, clámide -capa que llevaban los soldados de caballería- y casco de cimera, apareciendo también el topónimo de la ciudad. Los semis participan del mismo tipo iconográfico en el anverso pero con variaciones en el reverso, representando un caballo galopando hacia la derecha con rienda suelta y el topónimo de la ciudad debajo. En unos casos figura el creciente lunar o glóbulo sobre el équido, mientras que en otros aparece el signo epigráfico ś.

Semis de saltuie. Tránsito de los siglos II al I a.C.  (Tomado de: https://www.subastashervera.com)
Semis de saltuie. Tránsito de los siglos II al I a.C.
(Tomado de: https://www.subastashervera.com)

En relación al significado que esconden estas imágenes y símbolos, debemos aludir a las dos posturas que, en la actualidad, imperan en el seno de la comunidad científica. Por un lado, la propuesta por M.ª Paz García-Bellido, quien ve en la uniformidad tipológica, iconográfica e incluso lingüística la imposición de Roma. En segundo lugar la defendida por Martín Almagro-Gorbea, quien tras estudiar pormenorizadamente las diversas interpretaciones que los investigadores han ofrecido al respecto, se inclina por la representación de Melkart/Herakles  – Melkart era un dios fenicio equiparable al griego Heracles –  en su versión indígena que evolucionó a la del héroe fundador o protector de un linaje y/o de la ciudad.

Sobre el delfín, es necesario indicar que resulta ser uno de los elementos más frecuentes asociados al tipo principal del anverso en la amonedación de las cecas ibéricas y celtibéricas, e incluso a otros elementos como a signos epigráficos. De cualquier forma, parece fuera de toda duda su clara filiación con el mundo clásico y, en opinión de Martín Almagro Gorbea, el modelo de la cabeza asociada a delfines proviene de una idea originaria de Grecia, como ocurre con Aretusa en Siracusa, pudiendo responder a una antropomorfización de un río como divinidad masculina terrestre de una población, en todo caso de una deidad vinculada a las aguas primordiales.

Decadracma de Siracusa con la imagen de la ninfa Aretusa rodeada por delfines.
Decadracma de Siracusa con la imagen de la ninfa Aretusa rodeada por delfines.

El jinete, tipo iconográfico constantemente presente en los reversos de casi todo el numerario de las cecas de Hispania Citerior, también ha sido abordado desde las dos posturas anteriormente comentadas. Mientras que para los postulados más autoctonistas de Almagro-Gorbea debe ser interpretado dentro de la mitología hispánica, García-Bellido ve en la imagen, de nuevo, un claro dirigismo romano. La problemática a este respecto, por lo tanto, no se centra en la dificultad para interpretar el significado de los tipos principales, sino en la necesidad de enmarcarlos en su propio contexto socio-cultural y religioso.

Los otros tipos iconográficos, como el caballo con rienda suelta galopando de los semis, animal muy relacionado con la forma de vida aristocrática y una de las más destacadas expresiones de su estatus social, o el creciente que en ocasiones le acompaña, no hicieron más que reforzar esta misma significación.

Así pues, estas imágenes trasladaron a la sociedad una serie de mensajes propagandísticos con los que justificar el poder de las élites de las ciudades en las que estaba organizado el territorio a través de una muy reducida variedad de motivos iconográficos que, aunque algunos copiados del mundo clásico, la temática figurada era esencialmente local, es decir, fueron transformados dotándoles de un nuevo contenido y significado.

Razón de ser de las acuñaciones

 Inagotable resulta el debate historiográfico en torno a las motivaciones que Salduie en particular, y el resto de las ciudades indígenas en general tuvieron para emprender una intensa actividad monetaria, pues de lo que no cabe duda es de la inexistencia de moneda indígena acuñada con anterioridad a la presencia romana en el territorio peninsular así como la concentración de la mayor parte de los talleres monetales en la Hispania Citerior, lejos de los yacimientos de plata, existentes en el tercio sur de la Península Ibérica. En este punto, resulta necesario distinguir entre las emisiones de bronce, que pudieron cubrir unas necesidades ligadas al desarrollo económico y de la vida urbana, o con explotaciones de tipo minero o agrario, y las de plata, con una funcionalidad y finalidad que debe ser entendida dentro de la propia fiscalidad romana.

Salduie emitió únicamente en bronce, metal con una proyección claramente local cuya función, a priori, parece la de alimentar las pequeñas transacciones comerciales diarias desarrolladas en la ciudad. Sin embargo el taller tuvo una importancia menor con respecto a otros cercanos según deducimos de su única emisión conocida, cuyo volumen no pudo abastecer las necesidades básicas de la población. Teniendo en cuenta la necesaria distinción entre la finalidad originaria de la moneda y los posibles usos que se dieron a esta, es factible que los factores propagandísticos y de prestigio se encuentren detrás de aquellas cecas que, como la nuestra, acuñaron cortas emisiones.

 

 

Alberto Aguilera Hernández

Doctor en Historia por la Universidad de Zaragoza

Especialista en Numismática

 

BIBLIOGRAFÍA

 

Aguilera Hernández, Alberto. (2015): Imágenes para una nueva Roma. Iconografía monetal de la Colonia Caesar Augusta en el periodo julio-claudio, Zaragoza, Universidad de Zaragoza.

            https://zaguan.unizar.es/record/46985/files/TESIS-2016-004.pdf

 

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Beltrán Lloris, Miguel y Mostalac Carrillo Antonio. (2008): “La colona Lepida/Celsa y Salduie: sus testimonios arqueológicos durante el segundo triunvirato y comienzos del imperio”, Anejos de AEA 47, 107-127.

 

Fatás Cabeza, Guillermo y Beltrán Lloris, Miguel. (1997): Salduie ciudad ibérica, Historia de Zaragoza 1, Zaragoza.

 

Galve, M.ª Pilar. (1996): Los antecedentes de Caesaraugusta. Estructuras domésticas de Salduie (calle Don Juan de Aragón, 9. Zaragoza), Zaragoza.

 

Pina Polo, Francisco (2003): “¿Por qué fue reclutada la turma Saullitana en Salduie?”, Gerión 21, 197-204.

 

Pina Polo, Francisco (2005): “De Salduie a Caesaraugusta. La creación de una ciudad hispanorromana”, en Domingo, J. J. (coord.), Zaragoza, espacio histórico, Zaragoza, 5-15.

 

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