VIKINGOS EN ARAGÓN

Los vikingos y los constantes ataques que realizaron por media Europa durante siglos siempre han sido objeto de temor y de fascinación. Llegaban sin previo aviso en sus famosos barcos, los drakkar, que navegaban tanto por el mar como por los ríos gracias a su escaso calado. Atacaban y desaparecían tan rápido como habían aparecido. A los europeos de la época les parecían espectros de otro tiempo enviados directamente por el diablo, pues era un enorme contraste para aquellas gentes cristianas encontrarse con la brutalidad de los ataques de aquellos paganos del norte que todavía adoraban a los antiguos dioses.

No fueron pocos los ataques que se registraron en la Península Ibérica, tanto en las costas del norte de los reinos cristianos como en las de al-Andalus. Pero mucho menos es conocida la historia de la incursión río Ebro arriba de uno de los vikingos más famosos y legendarios: Björn Ragnarsson.

A mediados del siglo IX los ataques a las costas del Báltico, Normandía y los reinos sajones de lo que acabaría siendo Inglaterra casi se les habían quedado pequeños para la voracidad de estas duras gentes cuya economía dependía en buena medida de los botines de sus incursiones, dada la dureza del medio en el que vivían habitualmente. Así se ideó y comenzó una de las campañas más espectaculares, teniendo en cuenta sobre todo los medios con los que contaban. Björn Ragnarsson, también conocido como “Costado de hierro” e hijo del igualmente legendario rey vikingo Ragnar Lodbrok -ambos son protagonistas de la famosa serie de televisión “Vikingos”-, inició una campaña de ataques muy ambiciosa junto Hastein.

Reuniendo una flota de 62 barcos comenzó a atacar las costas peninsulares llegando a asediar incluso Santiago de Compostela. Desde allí fueron bajando la costa siendo víctimas otras plazas como Algeciras, Nador y ya en el Mediterráneo las Islas Baleares. Llegado el invierno, época poco favorable para la navegación, decidieron pasar la estación en la región francesa de Camarga, situada en el sur, a la vez que fueron siguieron cometiendo ataques contra plazas como Ampurias o por todo el Rosellón y buena parte del valle del Ródano.

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Maqueta de la Zaragoza musulmana. Actualmente se encuentra en el hall del Ayuntamiento.

Llegada la primavera de aquel año 859 la expedición de Björn volvió a ponerse en marcha iniciando una de las campañas más fabulosas que llevaron a cabo los vikingos: la del Mediterráneo. Es aquí cuando llegarán precisamente a las tierras del actual Aragón. La flota comenzó a remontar el río Ebro adentrándose todo lo que pudieron, pasando por Saraqusta -la Zaragoza musulmana-, a la cual decidieron no atacar al ver sus poderosas murallas. ¿Qué pensarían aquellos zaragozanos asomados a la ribera al ver pasar a más de medio centenar de extrañas embarcaciones con gentes todavía más peculiares?

El periplo continuó comenzando a remontar también los ríos Aragón y Arga hasta llegar, por fin, a Pamplona. La ciudad fue atacada y hasta el mismo rey pamplonés, García Íñiguez, fue hecho prisionero y sólo fue liberado tras el pago de más de 70.000 dinares de oro: una enorme fortuna para la época. Contentos del botín logrado los vikingos siguieron su camino regresando de nuevo al mare nostrum y continuando con sus ataques.

Sergio Martínez Gil

Lcdo. en Historia por la Univ. de Zaragoza