SANCHO RAMÍREZ Y AL-MUQTÁDIR: DOS COLOSOS ENFRENTADOS (III PARTE)

Máxima extensión territorial del reino de Aragón durante el reinado de Sancho Ramírez.
Máxima extensión territorial del reino de Aragón durante el reinado de Sancho Ramírez.

Si recordáis, el miércoles publicábamos la tercera parte del artículo en la que hablábamos de las peripecias y aventuras de Al-Muqtádir desde que ascendió al trono de la taifa de Saraqusta hasta que se convirtió en uno de los reyes más poderosos de Al-Andalus.

Hoy, en la tercera parte, el protagonista de nuestro artículo es Sancho Ramírez, uno de los reyes más importantes de Aragón. En esta parte vamos a ver como Sancho Ramírez fue poco a poco solventando los problemas con los que se fue encontrando hasta transformar el condado de Aragón en un poderoso reino capaz de salir de las montañas y aventurarse en los llanos de la riquísima taifa de Zaragoza.

SANCHO RAMÍREZ

A principios del siglo XI, Aragón era un condado perteneciente al rey navarro Sancho Garcés III el Mayor. A su muerte, Sancho III repartió todos sus territorios entre sus hijos, por lo que Ramiro I heredó el condado de Aragón. Ramiro era el primogénito, así que en teoría debería haber heredado el reino de Pamplona y no el condado de Aragón, pero parece ser que era un hijo nacido fuera del matrimonio, así que el que heredó el reino de Pamplona fue su hermanastro García Sánchez III, el primogénito del matrimonio de Sancho III el Mayor. Por lo tanto, todos sus hermanos, incluido Ramiro I, eran sus vasallos. De esta forma, Fernando heredó el condado de Castilla, Gonzalo los condados de Sobrarbe y Ribagorza, y Ramiro el condado de Aragón, siendo todos ellos vasallos de su hermano García, rey de Pamplona. Se ha considerado a este Ramiro I, el primer rey de Aragón. Sin embargo, él nunca se nombró a sí mismo como rey, sino que fue reconocido como régulo por los demás, nombrándose en los documentos como “Ramiro, hijo del rey Sancho”.

Aunque su hermanastro Gonzalo era conde de Sobrarbe y Ribagorza, probablemente nunca ejerció su dominio, sino que lo hizo Ramiro. Tras morir Gonzalo sin descendencia, en el año 1045, puesto que era vasallo de García de Pamplona le correspondía a García hacerse con los condados de Sobrarbe y Ribagorza, pero tal vez por la presión de los barones, por la de Ramiro o por la de ambos, Ramiro I incorporó estos territorios a su condado de Aragón. Al anexionarse ambos condados, tuvo que entrar en pugna por los ricos territorios musulmanes a los que se accedía a través la vía natural de la cuenca del Cinca.

Ramiro consiguió hacer tímidos avances y ocupar los castillos de Laguarres, Lascuarre, Capella, Caserras, Falces, Luzás, Viacamp y Benabarre, con lo que impedía al conde Ramón Berenguer I de Barcelona, que había comprado castillos en la zona, el acceso al Cinca. Sin embargo, las tropas del condado de Aragón eran muy débiles y escasas en número. Tan solo podían atacar en terreno montañoso y hacer incursiones, pero para atacar en llano y sitiar ciudades necesitaban un gran ejército, como demostraría la derrota en el sitio de Graus, que le costó la vida en el año 1063, tal y como he indicado anteriormente.

En esas circunstancias nada halagüeñas, Sancho Ramírez heredó el condado de Aragón. Por un lado, por mucho que fuera reconocido como rey por sus súbditos, no era rey porque Aragón no era un reino. El condado carecía de una capital clara, de una ciudad importante, era un condado de montañeses. Además tenía que parar los pies al conde de Barcelona, que si se apoderaba de plazas en el Cinca, frenaría el avance al sur de Aragón y necesitaba con urgencia apoderarse de la taifa de Zaragoza, ya que, si no lo hacía Aragón, lo haría Castilla, frenando la expansión del condado y arrinconándole, con el agravante de que no disponía de un gran ejército para tales empresas y tenía en frente al gran Al-Muqtádir.

Sancho Ramírez, por medio del papa Alejandro II, que hizo una llamada a la cruzada contra los infieles, consiguió tropas de los condados francos y, en 1064, tan sólo un año después de acceder al trono, tomó Barbastro. Era la primera gran victoria para Aragón. Pero poco duró la alegría, pues Al-Muqtádir hizo un llamamiento en todo Al-Andalus a la yihad contra los cristianos y en 1065, recuperó la plaza. Entonces al año siguiente, Sancho Ramírez que gracias al llamamiento a la cruzada del papa Alejandro II ya contaba con un poderos ejército, tomó el castillo de Alquezar.

Para contrarrestarle, Al-Muqtádir consiguió enemistar a Sancho el de Peñalén de Pamplona con el rey de Aragón, que hasta entonces mantenían buenas relaciones. Esto debió suponer un duro golpe para el monarca aragonés, ya que Sancho el de Peñalén era su primo hermano, que a consecuencia de la temprana muerte de su padre García de Pamplona, había accedido al trono en minoría de edad, siendo objeto de una conspiración de nobles que no reconocían su autoridad regia, y fue su propio padre Ramiro I de Aragón quien lo ayudó a asentarse en el trono. Finalmente, los reinos de Pamplona y Aragón acabaron entrando en guerra y el rey aragonés ocupó algunas plazas navarras. Envalentonado por sus éxitos, amenazó Huesca e hizo incursiones que llegaban hasta Zaragoza. A esto se le sumaba el riesgo de que llevara a tierras de Al-Muqtádir de nuevo la cruzada contra el infiel predicada por el papa. Todo esto llevó al rey de la taifa a firmar tratados de parias en el 1069 y en el 1073 con el rey de Pamplona, por los que Aragón tuvo que devolver algunos de los emplazamientos que había arrebatado a Al-Muqtádir y las plazas navarras ocupadas a Sancho el de Peñalén. Esto frenó por un tiempo las ambiciones del rey de Aragón, pero en el año 1076, Sancho el de Peñalén murió asesinado por una conjura de sus hermanos Ramón y Ermesinda, puede que orquestada por el mismo rey de Aragón. A partir de aquí, la situación de Navarra va a ser penosa, siendo disputada por Sancho Ramírez de Aragón y Alfonso VI de Castilla.

Así es como acabó el duelo entre Al-Muqtádir y Sancho Ramírez, en tablas, en un empate, como no podía ser de otra manera, tratándose de tan brillantes gobernantes. Pero en 1082 murió Al-Muqtádir y por aquel entonces, por medio de una serie de aventuras que explicaremos en la cuarta parte del artículo, Sancho Ramírez ya ostentaba el título de rey, poseía un gran ejército, la taifa de Saraqusta quedó dividida entre los hijos de Al-Muqtádir y, por si fuera poco, había muerto el rey de Pamplona, que era el principal defensor de Zaragoza y freno ante las aspiraciones de nuestro hombre. La ocasión era perfecta para el rey aragonés.

Acaecido todo esto, Yusuf Al-Mutamín heredó la zona occidental de la taifa, que comprendía Zaragoza, Huesca, Tudela y Calatayud, quedando Al-Mundir con la zona costera del reino: Lérida, Tortosa y Denia.

Al-Mutamín tuvo un reinado corto aunque brillante, entre 1081/1082 y 1085. Lo primero que hizo fue escribir una carta a su hermano Al-Mundir pidiéndole que le reconociera como rey único, a fin de lograr que la dinastía de los Banῦ Hῦd se estableciera como el principal baluarte del islam ante el avance cristiano, pero Al-Mundir se mantuvo firme en sus posesiones. No obstante, consiguió que las relaciones entre Zaragoza y su protectorado de Valencia se estrecharan mediante alianzas matrimoniales.

Es entonces cuando entra en acción Rodrigo Díaz de Vivar, más conocido como el Cid, que era un simple mercenario que trabajaba al servicio del mejor postor. Fue el más firme aliado del rey de Saraqusta, a cuyo servicio guerreó contra el rey de Aragón, el conde de Barcelona y el reyezuelo de Lérida, convirtiéndose en el héroe de los musulmanes zaragozanos, que lo recibieron en la ciudad tras sus triunfos militares.

Al-Mutamín no pudo culminar su obra, pues murió muy pronto, en el año 1085. Además, a pesar de contar con la ayuda del Cid, solo pudo contener a los aragoneses hasta el año 1083, en que Sancho Ramírez tomó la línea de fortificaciones que protegían a las ciudades de la taifa de Saraqusta, como la de Graus -que amenazaba Barbastro– en la zona oriental, Ayerbe, Bolea y Arascués -que ponían en peligro a Huesca– y Arguedas, que apuntaba a la conquista de Tudela.

En el año 1085, el mismo año de la muerte de Al-Mutamín, Alfonso VI de Castilla ocupó Toledo. Esto aisló completamente a la taifa de Zaragoza del resto de Al-Andalus, estando totalmente rodeada de reinos cristianos. La comunicación con el resto de Al-Andalus únicamente podía hacerse bordeándose la costa por Valencia. Zaragoza estaba sola ante los cristianos.

Esto tampoco era nada bueno para Sancho Ramírez, ya que fortalecía a Alfonso VI, que pretendía apoderarse de toda Navarra, donde el rey de Aragón tenía intereses y situaba a Castilla y León como reino fronterizo con la taifa de Saraqusta, lo que suponía que si Alfonso VI se hacía con la taifa de Zaragoza, sería el fin de la expansión del reino de Aragón, pues quedaría acorralado por el reino de Castilla y León, como casi aconteció, ya que en el año 1086 Alfonso VI sitió la ciudad de Zaragoza.

La situación era terrible para la ciudad, pues en esta ocasión, el Cid, su máximo defensor, no iba a acudir en su ayuda, ya que ello implicaba luchar contra su señor Alfonso VI. Según nos relata Ibn Abí Zar en el siglo XIV, “Alfonso VI de Castilla volvió a la ciudad de Zaragoza, la sitió y juró no levantar su cerco hasta que la tomase, o que la muerte se interpusiese entre él y su propósito: era la ciudad que más quería ganar de todo Al-Andalus. Su emir, Al-Munta᾿in Ibn Hud -sucesor de Al-Mutamín- , le envió todo el dinero que pudo, pero no se lo recibió y dijo: La ciudad y el dinero son míos“.

Mapa del Imperio Almorávide
Mapa del Imperio Almorávide

Mientras ocurrían estas cosas, Al-Mu’tamid de Sevilla pidió a los reyes de Badajoz y Granada que se unieran a él para solicitar la intervención de Yusuf ibn Tasufin, emir de los almorávides. Estos eran monjes-soldados musulmanes que abrazaron una interpretación rigorista del islam y que, como podéis apreciar en el mapa, formaron un gran imperio en el occidente del mundo musulmán. Acudieron en ayuda de las taifas hispanas y consiguieron vencer a la coalición de reinos cristianos, encabezados por Alfonso VI de León y Castilla en 1086 en la batalla de Sagrajas,  también conocida como batalla de Zallaqa. Esta derrota libró a Zaragoza de la presión de los cristianos por un tiempo: Alfonso VI tuvo que levantar el cerco para enfrentarse a los almorávides.

La derrota de Alfonso VI fue un jarro de agua fría para las pretensiones del rey castellano. Era la oportunidad del rey de Aragón. Alfonso VI tuvo que pedir ayuda internacional para frenar el avance de los almorávides, refrenar sus pretensiones sobre el reino de Pamplona y renunciar definitivamente a la conquista de la taifa de Saraqusta. El sur del reino de Pamplona quedó incorporado a Castilla y el norte a Aragón, creándose el condado de Navarra, vasallo del rey de Aragón.

Toda Al-Andalus quedó en manos del gigantesco imperio almorávide, lo que paró los pies al rey castellano, excepto la taifa de Zaragoza que permanecía independiente de los fanáticos almorávides, ocasión que Sancho Ramírez aprovechó para ocupar Monzón en el año 1089 y Balaguer en el 1091. Murió en el año 1094 en el asedio de Huesca pero había conseguido expandir su reino hasta el fin de los pre-Pirineos y hacerse con todos los enclaves estratégicos, desde los cuales se podían controlar los llanos, y sus sucesores Pedro I y Alfonso I el Batallador lanzarían sus campañas contra Huesca, Barbastro y Zaragoza.

Santiago Navascués Alcay

Licenciado en Historia por la Univ. de Zaragoza

BIBLIOGRAFÍA

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  • Lacarra, J.Mª; Historia política del reino de Navarra. Desde sus orígenes hasta su incorporación a Castilla (I), Biblioteca Caja de Ahorros de Navarra, Pamplona, 1972-1973.
  • Lacarra, J.Mª; Estudios dedicados a Aragón, Universidad de Zaragoza, Zaragoza, 1987.
  • Viguera Molins, Mª J.; Aragón musulmán, Mira editores, Zaragoza, 1988.

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